Chris Wood lidera a Nueva Zelanda en su regreso al Mundial
La selección de Nueva Zelanda llega al Mundial como la cenicienta del torneo, la peor situada en el ranking FIFA —puesto 85— y con un pasado modesto en la competición. Pero al frente está Chris Wood, goleador prolífico del Nottingham Forest y rostro de una generación que se niega a viajar a Norteamérica solo para hacer turismo futbolístico.
El torneo arranca el mes que viene en Estados Unidos, Canadá y México. Para los All Whites, significa romper un silencio mundialista que se alarga desde Sudáfrica 2010. Dieciséis años. Una eternidad en fútbol.
Wood, del banquillo en 2010 al brazalete en 2026
En 2010, Wood era un joven delantero que entraba desde el banquillo. Jugó tres partidos como suplente en aquel Mundial en el que Nueva Zelanda, contra todo pronóstico, se marchó invicta tras empatar con Italia, Eslovaquia y Paraguay. No le alcanzó para pasar de fase, pero dejó una huella de resistencia.
Ahora la historia es distinta. Con 45 goles en 88 partidos internacionales, Wood es la referencia absoluta. El líder. El capitán de una selección que, pese a su ranking, no viaja resignada.
«Ha pasado mucho tiempo, 16 años, desde que estuvimos en un Mundial», dijo el delantero por videollamada durante el anuncio de la lista en Auckland. «No puedo esperar para compartir este momento con este equipo y ojalá crear algo de historia. Espero que podamos hacer sentir orgullosa a toda la gente y mostrar al mundo de lo que somos capaces».
Su presencia no estaba garantizada. Una lesión de rodilla lo dejó fuera de buena parte de la campaña del Nottingham Forest en la Premier League y puso en duda su participación. Volvió a los terrenos de juego hace apenas un mes. Suficiente para que el seleccionador Darren Bazeley le diera las llaves del ataque.
El grupo de hierro: Irán, Egipto y Bélgica
El sorteo no fue amable. Nueva Zelanda quedó encuadrada en el Grupo G, junto a Irán, Egipto y Bélgica. Tres selecciones con más historia, más cartel, más presión. Precisamente el tipo de escenario en el que un equipo sin nada que perder suele crecer.
El debut será el 15 de junio en Los Ángeles ante Irán. Después, dos citas en Vancouver: el 22 de junio frente a Egipto y el 27 contra Bélgica, la gran favorita del grupo. Tres partidos para comprobar si el discurso de Wood sobre la “profundidad y calidad” del equipo se sostiene sobre el césped.
Nueva Zelanda llega tras conquistar el cupo de Oceanía en marzo, un trámite obligado pero no siempre sencillo, que esta vez superó con autoridad.
Bazeley tira de jerarquía: el regreso de Tommy Smith
En una lista de 26, Bazeley dejó un guiño claro al pasado: la convocatoria del veterano central Tommy Smith, uno de los titulares en los tres partidos de Sudáfrica 2010. Hoy, con 36 años, milita en la quinta categoría del fútbol inglés con Braintree Town. Su elección sorprendió, pero el seleccionador la justificó desde el vestuario, no desde la estadística.
«Con una plantilla de 26, no todos van a jugar», explicó Bazeley. «Añadimos a Tommy porque su liderazgo es enorme. Va a ser muy importante para mantener a todos en el camino correcto. Nos apoyaremos mucho en él».
Smith, ex internacional juvenil con Inglaterra, llega como voz de experiencia en un grupo en el que muchos afrontan su primer gran torneo.
El núcleo europeo y la base de casa
Bazeley señaló a Wood y a un bloque de centrocampistas asentados en Europa como el corazón competitivo del equipo: Joe Bell (Viking FK), Marko Stamenic (Swansea City), Matt Garbett (Peterborough United) y Ryan Thomas (PEC Zwolle). De ellos dependerá que Nueva Zelanda no se limite a correr detrás del balón.
Alrededor, una estructura con fuerte acento oceánico. Diez jugadores militan en la A-League australiana, ocho de ellos repartidos entre los dos clubes neozelandeses del campeonato, Auckland FC y Wellington Phoenix. Una mezcla de exportación europea y músculo doméstico que define bien el momento del fútbol neozelandés: aún emergente, pero menos dependiente de improvisaciones que en otras épocas.
En defensa, nombres como Tyler Bindon (Nottingham Forest), Michael Boxall (Minnesota United), Liberato Cacace (Wrexham), Nando Pijnaker (Auckland FC) o el propio Smith deberán sostener a un equipo que, históricamente, ha vivido más cómodo en el sacrificio que en el dominio.
En ataque, junto a Wood, aparecen Kosta Barbarouses (Western Sydney Wanderers), Ben Waine (Port Vale FC), Elijah Just (Motherwell) y varios hombres de Auckland FC, como Jesse Randall y Callum McCowatt. No es una delantera plagada de estrellas, pero sí de jugadores acostumbrados a competir lejos de casa.
De España 82 a Norteamérica 2026: una historia inacabada
Nueva Zelanda se asomó por primera vez a un Mundial en España 1982. Tres partidos, tres derrotas. Un aprendizaje duro. En 2010, el guion cambió: tres empates, invicta, pero igualmente eliminada en la fase de grupos. Dejó una sensación extraña: orgullo por la resistencia, frustración por no haber dado el salto.
La generación de Wood carga con ese legado. Sabe que el país no se conformará solo con competir. Quiere ver algo más. Un triunfo. Un pase histórico a octavos. Un partido grande en el que los All Whites no sean solo un invitado simpático.
La lista para el Mundial lo dice todo: mezcla de veteranos que ya vivieron Sudáfrica, jóvenes que se han curtido en Europa y una base sólida en la A-League. No hay estrellas globales, sí un bloque que se conoce y un capitán que ha aprendido a base de golpes en la élite inglesa.
El 15 de junio, en Los Ángeles, cuando Wood escuche el himno y recuerde al suplente que fue en 2010, la pregunta será inevitable: ¿es este, por fin, el Mundial en el que Nueva Zelanda deja de ser solo una buena historia y se convierte en un verdadero problema para las potencias?






