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Kelechi Iheanacho desata el caos: penalti decisivo en el título

El rugido llegó con el último toque de la noche. Kelechi Iheanacho, solo frente al punto de penalti, con todo un título colgando de su bota derecha y un estadio conteniendo la respiración, mandó el balón a la red y desató la locura. Celtic ganó 3-2 en el campo de Motherwell con la última acción del partido y obligó a que la Scottish Premiership se decida en la última jornada, cara a cara contra el líder Heart of Midlothian.

No fue un penalti cualquiera. Fue un penalti discutido, protestado, señalado tras una larga revisión de VAR y que ha incendiado el tramo final de la temporada escocesa.

Un título que parecía ya en manos de Hearts

La noche pintaba perfecta para Hearts. En Tynecastle, el equipo de Derek McInnes cumplía con lo suyo con una solvencia casi cruel: 3-0 ante Falkirk, con goles de Frankie Kent, Cammy Devlin y Blair Spittal. Las gradas vivían pegadas al móvil, más pendientes de lo que pasaba a más de 60 kilómetros, en Fir Park, que de la cómoda superioridad de los suyos.

Cuando llegó la noticia del gol inicial de Elliot Watt para Motherwell, el estadio estalló. No era solo un tanto en otro campo: era la puerta entreabierta a un primer título de liga en 66 años. Kent, con un cabezazo poderoso al minuto 29, amplió la fiesta. Devlin, con un disparo desviado que se convirtió en el 2-0, terminó de soltar las lágrimas de muchos aficionados. El sueño ya no era una quimera; estaba, por fin, al alcance de la mano.

Pero el fútbol, y menos en Escocia, nunca se pliega tan fácil.

Celtic reaccionó en Motherwell. Daizen Maeda firmó el empate y, cuando Benjamin Nygren anotó un segundo gol espectacular para los visitantes, el ambiente en Tynecastle cambió de golpe. De la euforia al silencio. De la celebración a la angustia. Ya no importaba el dominio ante Falkirk: todo se reducía a lo que sucedía en Fir Park.

Motherwell aprieta, Celtic tiembla

Con el 2-1 para Celtic, el guion dio otro giro. Motherwell se volcó sin complejos sobre la portería de Viljami Sinisalo. La sensación era de asedio. Un disparo desviado de Watt se estrelló en el larguero, el rebote de Tawanda Maswanhise lo sacó el guardameta. Cada llegada local hacía temblar no solo a los defensas de Celtic, también a los aficionados de Hearts, que vivían cada jugada como propia.

La presión terminó por romper la resistencia. A cinco minutos del final, Liam Gordon encontró el gol del empate para Motherwell. Gol y terremoto. Fir Park explotó. Tynecastle también. Hearts volvía a verse campeón en todo menos en el papel. Con ese resultado, Celtic llegaba al sábado obligado a ganar por tres goles de diferencia a Hearts en Glasgow. El título, prácticamente, se teñía de granate.

Hasta que llegó la jugada que lo cambió todo.

El penalti que lo incendia todo

En el descuento, un balón colgado al área de Motherwell parecía inofensivo. Sam Nicholson se elevó y despejó de cabeza. El juego siguió. Ningún jugador de Celtic reclamó nada. Pero el VAR llamó al árbitro John Beaton. Revisión. Carrera hacia la pantalla a pie de campo. Repeticiones, ángulos, cámara lenta.

Beaton decidió que el balón había rozado la mano levantada de Nicholson. Penalti.

La incredulidad en el estadio fue inmediata. En el banquillo local, la indignación. En Tynecastle, la noticia cayó como un jarro de agua helada. Mientras tanto, en el punto de penalti, Iheanacho se aisló del ruido. Bajo una presión enorme, ejecutó con frialdad. Disparo seco, Calum Ward batido, 3-2 para Celtic. La grada visitante invadió el césped entre gritos, abrazos y bengalas. La carrera por el título, que Hearts casi podía tocar, se iba a decidir en un duelo directo el sábado.

La reacción fuera del césped no tardó. Martin O'Neill, técnico de Celtic, se aferró al carácter inquebrantable de su equipo, a esa insistencia que les ha llevado a encadenar seis victorias consecutivas en liga y a colocarse a solo un punto del liderato: 79 por los 80 de Hearts.

Derek McInnes, en cambio, ardía por dentro. Tras ver las imágenes del penalti, el entrenador de Hearts no se contuvo. Lo calificó de “asqueroso”, denunció que estaban “contra todos” y dejó claro que, para él, “no es penalti”. Aun así, entre la rabia y la incredulidad, lanzó un mensaje desafiante: el título se jugará en la última jornada y Hearts irá a por un resultado positivo. No tienen otra.

En Motherwell, Jens Berthel Askou fue igual de contundente. Para el técnico local, la decisión fue “escandalosa” y aseguró que no veía “ningún párrafo en el reglamento” que justificara esa pena máxima.

Fantasmas de 1986

Lo que ocurrió en Fir Park reabrió viejas heridas en Edimburgo. Hace cuarenta años, Hearts llegó a la última jornada de la temporada 1985-86 invicto en 27 partidos de liga, con dos puntos de ventaja sobre Celtic y necesitando solo un empate en Dundee para alzar el trofeo.

Aquella tarde terminó convertida en pesadilla. Albert Kidd, delantero de Dundee y declarado aficionado de Celtic, marcó dos goles en los minutos finales para el 2-0 en Dens Park. Al mismo tiempo, Celtic arrasó 5-0 a St Mirren y se llevó el título por diferencia de goles. Hearts quedó destrozado, marcado por una de las tardes más crueles de su historia.

La sombra de aquel desenlace sobrevuela ahora de nuevo la ciudad. Hearts vuelve a llegar líder a la última fecha, otra vez con Celtic como perseguidor implacable, otra vez con la sensación de que cualquier detalle, cualquier decisión, puede cambiar el destino de una temporada.

El sábado, en Glasgow, no habrá margen para lamentos ni teorías arbitrales. Hearts solo necesita un empate para romper el duopolio de Celtic y Rangers y convertirse en el primer campeón distinto desde 1985. Celtic, espoleado por un penalti que ya forma parte de la polémica del curso, sabe que una victoria lo cambia todo.

Noventa minutos, dos escudos históricos, un país en vilo. El título de Escocia se decidirá en un cara a cara que huele a clásico y a ajuste de cuentas con la historia.