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Cristiano Ronaldo y el gol en propia puerta que cambia el destino de Al-Nassr

Cristiano Ronaldo, roto en el banquillo tras un gol en propia puerta en el 98’ que congela el sueño liguero de Al-Nassr

La noche estaba preparada para una fiesta en el Al-Awwal Park. Himno, bufandas al aire, un estadio convencido de que el título de la Saudi Pro League quedaría prácticamente sentenciado. Cristiano Ronaldo caminaba por el césped con ese gesto reconocible de quien huele una gran noche. Y durante 97 minutos, todo apuntó a que así sería.

Entonces llegó el minuto 98. Y el silencio.

De la euforia al golpe

Al-Nassr salió mandando desde el inicio. Intensidad alta, balón rápido, Al-Hilal replegado y el público empujando cada recuperación como si fuera un gol. El plan funcionaba. El equipo de casa controlaba el ritmo, apretaba arriba y no permitía respiro.

El premio llegó en la primera parte. Mohamed Simakan apareció para firmar el 1-0 y desatar el rugido del estadio. Era el gol que acercaba a Al-Nassr a su primer título liguero desde 2019. Cada ataque se celebraba como un paso más hacia el trofeo. Cada despeje, como un pequeño alivio.

Cristiano participó con la energía de siempre: movimientos constantes, arrastres de marca, duelos con los centrales. No marcó, pero se hizo notar hasta el último tramo del encuentro, cuando fue sustituido entre una ovación atronadora. De pie, todo el Al-Awwal Park. Aplausos largos, teléfonos grabando, sensación de noche histórica.

En ese momento, la afición ya vivía en clave de celebración. Cinco puntos de ventaja en la cima, el reloj consumiendo minutos, el rival sin ideas claras. Parecía cuestión de aguantar.

El fútbol no firma guiones por adelantado.

El instante que lo cambia todo

Al-Hilal, herido pero no rendido, se lanzó al ataque en el tiempo añadido. Balones frontales, centros laterales, cualquier recurso valía para fabricar una última ocasión. Al-Nassr reculó, dispuesto a defender el botín hasta el último suspiro.

Y el último suspiro llegó con un saque de banda largo al área. Una jugada que parecía más de desesperación que de elaboración. El balón voló sobre las cabezas, cayó en la zona caliente y ahí apareció Bento, decidido a imponer su autoridad.

El guardameta brasileño salió con todo para despejar de puños. Pero el salto se torció en pesadilla. Choque con su compañero Inigo Martinez, el impacto desviado, y la pelota describiendo una parábola cruel sobre su propia cabeza. Camino de la portería equivocada.

Abdulelah Al-Amri corrió desesperado hacia la línea, se lanzó para sacar el balón, pero ya era tarde. Había entrado. Gol en propia puerta. 1-1. Estadio helado.

En segundos, la atmósfera cambió por completo. Donde había cantos, apareció incredulidad. Donde había confianza, un murmullo de rabia contenida. El título que parecía casi atado volvía a quedar en el aire.

Un campeón sentado y en silencio

Tras el pitido final, las cámaras buscaron a Cristiano Ronaldo. No estaba celebrando, no discutía con el árbitro, no miraba al marcador. Estaba sentado en el banquillo, solo, hundido en sus pensamientos.

Su mirada se perdía en el césped. El rostro, tenso. Parecía al borde de las lágrimas. En la grada, su pareja Georgina Rodríguez y sus hijos observaban la escena, testigos directos de una de esas noches que marcan a los grandes competidores tanto como los títulos.

Un miembro del cuerpo técnico de Al-Nassr se acercó, le dio una palmada en el hombro, un gesto sencillo de apoyo. Cristiano se levantó despacio, negó con la cabeza, y caminó hacia el túnel con la vista clavada en el suelo. No había palabras que pudieran endulzar lo que acababa de suceder.

La tabla, el contexto y la herida abierta

El golpe emocional fue enorme, pero la realidad de la clasificación mantiene a Al-Nassr aún en ventaja. El equipo sigue líder, con cinco puntos de diferencia sobre Al-Hilal. La trampa está en los partidos pendientes: Al-Hilal tiene todavía dos encuentros por disputar; Al-Nassr, solo uno, frente a Damac la próxima semana.

El margen se ha reducido a un hilo tenso. Ese gol en propia puerta en el 98’ no es solo un tropiezo; es un giro que reabre la lucha por el campeonato cuando muchos ya veían la meta a la vista.

Cristiano, con 26 goles en liga esta temporada, continúa siendo el faro ofensivo del equipo. Desde su llegada en 2022 tras salir de Manchester United, ha firmado 127 tantos en 146 partidos con la camiseta de Al-Nassr. Cifras de superestrella en cualquier liga, en cualquier contexto.

Sin embargo, el palmarés en Arabia Saudí todavía no está a la altura de ese impacto goleador. Hasta ahora, el único título que ha levantado con el club es la Arab Club Champions Cup. La Saudi Pro League, el gran objetivo, se le resiste.

Y no será por falta de acompañantes de élite. Kingsley Coman, Joao Felix, Sadio Mané, Marcelo Brozovic, Inigo Martinez… la plantilla está diseñada para dominar. Precisamente por eso, noches como esta duelen el doble.

Un final abierto

Al-Nassr tendrá una última bala ante Damac. Un partido que ya no se jugará solo contra el rival, sino contra la presión, los recuerdos del minuto 98 y la sombra de Al-Hilal acechando desde atrás con dos choques aún por disputar.

Cristiano Ronaldo, a sus 41 años, sigue compitiendo como si cada temporada fuera la primera. Pero el fútbol no perdona desconexiones, ni siquiera de unos segundos. La pregunta es clara y brutal: ¿habrá sido este gol en propia puerta el momento que cambie el destino de toda una temporada?