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Neymar y su batalla contra el césped sintético en Santos

La enésima batalla de Neymar contra el césped sintético vuelve a encenderse antes de un duelo clave. En Santos lo saben: su presencia no se decide solo con la pizarra, también con la textura del suelo que pisa.

El técnico de Santos, Cuca, ya había dejado claro que cualquier decisión final sobre la disponibilidad de su gran figura será colegiada, sin improvisaciones. Lo explicó en ESPN Brasil, con un tono tan prudente como firme: hablará con Neymar, hablará con el grupo, y de ahí saldrá el veredicto. Nada de imposiciones, todo consensuado dentro del cuerpo técnico y el vestuario. La prioridad: hacer “lo mejor” para el jugador y para el equipo.

El trasfondo es conocido. Neymar lleva tiempo declarando guerra abierta a las canchas artificiales. El año pasado, tras agravar un problema en el tobillo ante Atlético Mineiro, estalló en redes sociales contra las superficies sintéticas con un mensaje tan corto como contundente, cargado de rabia y dolor. Para él, ese tipo de campo no es fútbol de élite, es una trampa para el cuerpo.

Ahora, con la visita a la casa de Palmeiras en el horizonte, el tema vuelve a escena. En la zona mixta, apenas se mencionó la posibilidad de que jugara en el estadio del rival y la respuesta salió casi automática. Neymar pidió calma, recordó que antes hay un partido el domingo y dejó en el aire su participación sobre césped artificial. No prometió nada. Tampoco lo descartó. Simplemente dejó claro que no está convencido.

Sus palabras encajan con lo que ya había dicho sobre el Allianz: para él, jugar allí es “imposible”. Lo compara con una cancha de fútbol 7, una superficie que, según su visión, incomoda a cualquier jugador, tenga o no lesiones previas. En cambio, el contraste con el Morumbi es total. Allí se siente cómodo, liberado, confiado. Habla de ese campo con alivio, casi con cariño: dice que es muy bueno y que su cuerpo responde mejor.

Entre la necesidad deportiva de Santos y la cruzada personal de Neymar contra el sintético, Cuca tendrá que encontrar el punto justo. La pelota, esta vez, no solo rodará sobre el césped: también sobre la decisión de un jugador que ya dejó claro dónde se siente realmente futbolista.