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Graham Potter: De la Premier a la Copa del Mundo con Suecia

“Nos vamos al Mundial, baby”. Graham Potter no gritó una frase cualquiera. La lanzó como un desafío al pasado, a los golpes que lo habían dejado marcado en Inglaterra. El 88’ en el Strawberry Arena de Estocolmo, Viktor Gyökeres desataba el delirio con un 3-2 agónico ante Polonia y Suecia sellaba su billete para la Copa del Mundo. El estadio reventaba, el seleccionador también.

Ante 50.000 aficionados, en una noche de marzo cargada de nervios, el técnico de 51 años la definió sin dudar: “la mejor noche de mi carrera”. No era solo una clasificación. Era una redención.

De Chelsea y West Ham al renacer en amarillo

Potter llega a ese momento tras dos etapas que le dejaron cicatriz. Despedido de Chelsea tras apenas siete meses. Fuera de West Ham después de otro tramo difícil de ocho meses que terminó en septiembre.

“Duele. Son experiencias dolorosas”, admite. “He vivido el fracaso. También he tenido bastante éxito. Eso es la vida. Tienes que poner las cosas en perspectiva, escuchar a la gente que de verdad importa y puede ayudarte a mejorar”.

No edulcora nada. Habla de tener que “encontrar alguna forma de estar agradecido” incluso por los golpes, aunque durante la caída todo queme. “Tienes que lidiar con el fracaso, pero te convierte en una mejor persona, seguro”.

Y justo al otro lado de la oscuridad, Estocolmo. “El lado opuesto es que nunca olvidaré esa noche. Fue la mejor noche de mi carrera. Hay momentos muy oscuros que no son agradables, pero también hay otros que simplemente no se pueden describir”.

La escena lo explica todo: Gyökeres, delantero del Arsenal, llega al 88’ y rompe el partido. Venía de un triplete en el duelo anterior contra Ucrania. Con ese derechazo, Suecia vuelve a un Mundial por primera vez desde 2018.

“Viktor marca y es como una experiencia extracorporal, solo puedo describirlo así”, cuenta Potter. “Todos nuestros suplentes corren al campo. Hay 15 jugadores dentro y pienso: ‘Son amarillas, son problemas’. Pero claro, es un Mundial. Las reglas se van por la ventana”.

El pitido final lo termina de desbordar. “La sensación en el estadio fue increíble. Es muy bonito volver a experimentar positividad a través del fútbol, porque últimamente no he tenido mucho de eso. A nivel humano, se agradece”.

Cuando le preguntan cómo celebró, responde con otra pregunta: “¿Qué crees que hice?”. Se permitió unas copas y saboreó el instante. Sin perder del todo el norte. “No hay que dejarse llevar demasiado. Nunca eres tan bueno como dicen cuando estás arriba, ni tan malo como dicen cuando estás abajo. Hay que encontrar una forma de mantener la perspectiva”.

El inglés más sueco del fútbol

Potter brilla ahora en el escaparate de la selección, pero su historia en Suecia viene de lejos. Ahí empezó todo como entrenador. En Ostersunds FK, al que llevó desde la cuarta división hasta la élite, conquistó la copa nacional y se metió en Europa. Un viaje que lo moldeó.

Allí aprendió sueco. Hoy, en su recién estrenada cuenta de Instagram, se le ve relajado, recorriendo paisajes nórdicos con su familia, leyendo literatura escandinava, participando en actos culturales. No es pose.

“Me siento muy sueco cuando trabajo”, explica. Incluso canta el himno antes de los partidos. “Hasta parezco un poco sueco. Dos de mis hijos nacieron en Suecia. Tuve siete años inolvidables en Ostersunds, con recuerdos que me acompañarán toda la vida”.

“Llegué desde la cuarta categoría del fútbol sueco, que es bastante baja, y fui subiendo hasta la Allsvenskan. Casi te vuelves sueco como entrenador por las experiencias que vives. Me ha ayudado, seguro”.

Ahora, al frente de la selección y bajo el paraguas de la federación, lo resume con una frase que ya suena natural en su boca: “Estoy trabajando para la federación sueca como seleccionador, así que me siento muy sueco”.

Su conexión con el país va más allá de lo táctico. Se le ilumina la mirada cuando aparece el recuerdo del Mundial de 1994 en Estados Unidos, la gran epopeya moderna del fútbol sueco. Se sabe incluso la canción de aquel torneo, “När vi gräver guld i USA”, que se incrustó en la cultura popular del país como “World in Motion” o “Three Lions” en Inglaterra.

Esa raíz explica por qué su decisión de aceptar un contrato inicialmente corto, en noviembre, para relevar a Jon Dahl Tomasson no fue un salto al vacío, sino un paso calculado. Antes del parón de marzo ya había ampliado su vínculo hasta 2030, incluso antes de certificar la clasificación. Dirigirá a Suecia en este Mundial, en la Eurocopa 2028 y en el Mundial 2030 si vuelven a meterse.

“Quizá en Inglaterra lo damos por hecho porque solemos clasificarnos”, reflexiona. “Pero la realidad es que muchos países no lo consiguen, así que es especial cuando lo hacen. También es muy importante para la economía de toda la estructura del fútbol”.

Entre los mensajes que le han llegado, uno destaca: una felicitación de Zlatan Ibrahimovic, al que define como “uno de los reyes de Suecia”. El sello de aprobación más poderoso del país futbolero.

Isak, Gyökeres y un ataque para creer

El nuevo seleccionador ha tenido que tomar decisiones duras para esta cita veraniega. Pero en el frente de ataque cuenta con dos de los grandes fichajes del último mercado de la Premier League: Alexander Isak, ahora en Liverpool, y Viktor Gyökeres, referencia del Arsenal campeón.

Serán piezas clave si Suecia quiere avanzar en un grupo exigente con Túnez, Países Bajos y Japón. “Creo que sus estilos son distintos, y eso es bueno para nosotros porque puedes intentar utilizarlos de forma efectiva”, explica Potter.

Hay un matiz importante: “La verdad honesta es que todavía no los hemos hecho jugar juntos en mi etapa, así que será emocionante desarrollarlo. Si conseguimos que disfruten del fútbol y estén enchufados, son jugadores top”.

Isak aún no ha sido titular con Potter. Llega de una temporada marcada por las lesiones tras su traspaso récord de 125 millones de libras de Newcastle a Liverpool el verano pasado. “Puede llevar algo de tiempo”, reconoce el técnico. “En los clubes más grandes hay presión y expectativas, y cuando la expectativa y la realidad empiezan a separarse, pueden aparecer problemas. Sus lesiones han sido decepcionantes, pero lo conozco bien. Es un profesional top que quiere jugar y ayudar a su equipo”.

Gyökeres, por su parte, viene de una campaña demoledora: 21 goles, título de Premier League y final de Champions en su primer curso en el Arsenal tras llegar desde Sporting por 55 millones. Aun así, no se ha librado de las críticas. “Es un buen ejemplo del fútbol moderno”, apunta Potter. “Desde nuestra perspectiva, ha marcado cuatro goles en dos partidos y nos ha llevado al Mundial, así que su impacto ha sido significativo”.

El entrenador guarda incluso una imagen muy precisa del pasado: el día que un Isak adolescente, con 16 años, le marcó en su debut profesional con AIK ante su Ostersunds. Dos vidas que se vuelven a cruzar ahora, en la élite absoluta.

Suecia, un gigante modesto en San Diego

Clasificada de las últimas, Suecia tuvo que conformarse con una de las bases de entrenamiento que quedaban libres entre las 48 selecciones: SDJA, un complejo escolar en San Diego. Nada de lujos estratosféricos, pero Potter no busca excusas.

No hay quejas sobre las instalaciones. Al contrario, subraya la importancia que tendrán los detalles en ese contexto, como las jugadas a balón parado bajo el calor californiano. Y deja caer que la confección de la lista le ha exigido “las conversaciones más duras como padre y como ser humano”.

Mientras Inglaterra se instalará en Miami antes del torneo, Suecia elegirá un camino distinto: permanecerá en Estocolmo hasta última hora. La idea es simple y humana: que los jugadores estén cerca de familia y amigos para recargar pilas tras una temporada de club extenuante.

Antes del gran salto, amistosos ante Noruega y Grecia. El 15 de junio, estreno mundialista frente a Túnez. Vuelve el himno, vuelven los recuerdos.

Potter viaja mentalmente a 1986. Tenía 11 años. “Mi primer recuerdo futbolístico es de 1986, viendo a Diego Maradona”, confiesa. “Fue cuando me di cuenta de lo especial que era este juego”.

Ahora, ese niño que miraba la televisión se planta en un banquillo mundialista con Suecia, cantando un himno que no es el suyo de nacimiento, pero sí el de su vida reciente. El siguiente capítulo ya no se verá desde el sofá. Se escribirá en la hierba.