Derrota de Corea del Sur ante Sudáfrica: ¿Crisis interna?
Monterrey ofreció dos escenas opuestas el miércoles por la noche. A un lado, los surcoreanos, cabizbajos, desgranaban su tristeza ante los periodistas tras una derrota gris por 1-0 ante Sudáfrica. Al otro, sus rivales desfilaban cantando, desbordados de alegría, rumbo a un vestuario en plena celebración.
En medio de ese contraste, estalló la chispa. Al ser golpeado accidentalmente por un miembro del staff sudafricano, un irritable Hwang In-beom se giró de inmediato y soltó un contundente “show some f****** respect”. Durante unos segundos pareció que el pasillo de zona mixta podía convertirse en ring. No pasó de un amago. Pero el gesto dejó una sensación incómoda: esa furia, esa reacción instintiva, habría venido bien dentro del campo.
Porque a Corea del Sur le faltó precisamente eso: colmillo, rebeldía, algo de rabia competitiva. El resultado, un 1-0 que duele más por la apatía que por el marcador. Tres partidos, solo tres puntos y una diferencia de goles negativa (-1). Un balance pobre para una selección que acostumbra a exigir mucho más de sí misma en los grandes torneos.
Mientras los sudafricanos seguían celebrando a pocos metros, Son Heung-min tardaba en aparecer. Elegido para el control antidopaje, el capitán surcoreano se hizo esperar más de dos horas antes de dar la cara ante los medios de su país. Cuando por fin habló, quiso cortar de raíz cualquier sospecha de crisis interna.
“No hay ningún problema con el ambiente en nuestro vestuario”, aseguró. Y remató: “Puedo decir honestamente que no hemos tenido ni un solo problema con la atmósfera del equipo”.
Las palabras de Son intentan blindar al grupo en un momento delicado, pero no tapan la realidad deportiva. Corea del Sur ha ofrecido poco fútbol y menos carácter en una fase de grupos que, pese a todo, aún podría no ser el final de su camino. Es uno de los síntomas de esta Copa del Mundo ampliada: un equipo con solo tres puntos y saldo goleador negativo todavía puede soñar con los cruces.
El torneo abre puertas que antes se cerraban de golpe. La cuestión es si esta Corea tiene algo más que números para atravesarlas.






