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Celtic se aferra al título en Fir Park con un penalti en el 99’

El Celtic sigue vivo. Más que vivo: se plantará en la última jornada sabiendo que, si gana a Hearts, será campeón. Y todo gracias a un penalti en el minuto 99, revisado por el VAR, transformado con hielo en las venas por Kelechi Iheanacho y celebrado con una invasión de campo de los aficionados visitantes en Fir Park.

La Premiership no veía un pulso por el título tan enloquecido desde hace décadas. En Motherwell, la tarde se movió entre la pesadilla y el alivio para el vigente campeón, con giros de guion constantes, nervios en la grada y un final que rozó lo surrealista.

Motherwell golpea primero y siembra el pánico

Martin O’Neill conocía bien el escenario. Su último viaje liguero a Fir Park como técnico del Celtic, en la temporada 2004-05, acabó con el título escapándose en los últimos minutos gracias al doblete de Scott McDonald que coronó al Rangers. El fantasma de aquel día volvió a asomarse en Lanarkshire.

Motherwell, vestido con sus colores originales azules para celebrar su 140º aniversario, salió con una autoridad que descolocó al campeón. Mandó en las segundas jugadas, ganó los duelos y, sobre todo, pegó primero.

A los 17 minutos, Elliot Watt cazó un balón a 22 metros y lo empalmó de volea. Disparo seco, preciso, imparable. 1-0 y Fir Park rugiendo. El Celtic tambaleó. En la grada visitante, el pánico era palpable: el equipo no encontraba ritmo, no encadenaba pases limpios y, mientras tanto, en Tynecastle, Hearts se encaminaba a un 3-0 que apretaba aún más la soga en la lucha por el título.

Motherwell amenazó con abrir en canal a los de O’Neill en varias transiciones. El Celtic sobrevivía más por inercia que por fútbol. Hasta que, poco antes del descanso, apareció Daizen Maeda.

Maeda enciende la reacción del campeón

El japonés avisó primero con un disparo cruzado que se marchó desviado. Fue el preludio. En el minuto 41, Maeda encontró por fin el punto de mira. Una jugada trabada, un rebote que le favorece tras el esfuerzo defensivo de Callum Slattery sobre Yang Hyun-jun y un remate ajustado que se estrella en el poste y entra. Gol trabajado, casi forzado. Pero gol de campeón.

El tanto calmó al Celtic y congeló el entusiasmo local. Justo antes del descanso, Arne Engels estuvo a punto de cambiar de nuevo el guion: recogió un balón y lo picó por encima de Viljami Sinisalo, pero su vaselina se estrelló en el larguero. La acción llegó después de un choque entre Maeda y el portero Calum Ward tras un envío largo de Callum McGregor. Un aviso claro: Motherwell no pensaba replegarse sin más.

Un ida y vuelta frenético

La segunda parte arrancó con el Celtic subiendo líneas, decidido a encerrar a Motherwell. Presión alta, posesiones largas, sensación de dominio. Pero cada pérdida dejaba metros a la espalda, y por ahí encontró oxígeno el equipo local.

Slattery filtró un pase perfecto al canal izquierdo para Elijah Just. El internacional neozelandés encaró a Auston Trusty, recortó hacia dentro y, cuando se preparaba para definir, perdió ligeramente el equilibrio. Ese titubeo permitió la recuperación providencial de McGregor, que llegó desde atrás para robar un gol cantado.

Motherwell no se conformó. Encadenó una jugada de pases precisos, limpia, que desnudó al Celtic por dentro. El balón llegó de nuevo a Slattery, que se perfiló en la frontal del área. Tenía el disparo, tenía el ángulo… y se resbaló justo al armar la pierna. El murmullo en Fir Park mezcló frustración y esperanza: el partido estaba abierto, peligrosamente abierto.

Nygren enciende Fir Park… y el caos

El Celtic parecía tener controlado el ritmo, con la mente ya puesta en asegurar los tres puntos sin mirar la diferencia de goles, que dejaba de ser relevante si lograba la victoria. Entonces, Benjamin Nygren sacó un trueno de la nada.

Minuto 58. Motherwell replegado, muchos hombres por detrás del balón. Nygren recibe a unos 25 metros, levanta la cabeza y decide probar suerte. Disparo potente, seco, directo a la red. 2-1. Fir Park explota. El campeón vuelve a la lona.

A partir de ahí, el partido se convirtió en una prueba de resistencia mental. El Celtic intentaba contener a un rival crecido mientras sabía que el empate no bastaba en el contexto de la carrera por el título. Motherwell, empujado por su gente, olía la sangre.

Watt volvió a rozar el gol con un disparo que se envenenó tras tocar en un defensor y se estrelló en el larguero. En el rechace, Tawanda Maswanhise cabeceó con intención, pero Sinisalo reaccionó a tiempo y atrapó el balón sobre la línea. El portero del Celtic sostuvo a los suyos de nuevo poco después con una mano magnífica ante Just. Era un asedio.

Gordon parece sentenciar… pero el VAR guarda la última palabra

Tanta insistencia local acabó encontrando premio. Maswanhise fue dos veces bloqueado dentro del área, pero el balón quedó suelto y Liam Gordon apareció para fusilar a Sinisalo. 85 minutos. 2-2. Y, por un instante, la sensación de que el título se escapaba.

Para más drama, Gordon, exjugador de Hearts, parecía regalarle a su antiguo club una ventaja enorme en la lucha por la liga. El Celtic, en ese momento, se veía obligado a ganar a Hearts en la última jornada por tres goles de diferencia. El estadio lo sabía. Los jugadores, también.

Motherwell, crecido, incluso dio la impresión de ser el equipo más cercano al gol de la victoria en los minutos siguientes. El Celtic, desordenado, miraba el reloj y el marcador con la misma angustia. Se habían añadido cinco minutos de descuento. El cronómetro se consumía. Y entonces, cuando el tiempo ya estaba prácticamente cumplido, el partido dio un giro definitivo.

El árbitro John Beaton recibió la llamada del asistente de vídeo, Andrew Dallas. Revisión en el monitor. La jugada: un salto de Sam Nicholson, otro ex Hearts, intentando despejar de cabeza. El balón impacta en su mano levantada, justo delante del rostro. Beaton mira, remira… y señala el punto de penalti.

Iheanacho no tiembla y la liga se decide en la última jornada

El reloj ya había sobrepasado el tiempo añadido indicado. El ruido en Fir Park era ensordecedor. Los jugadores de Motherwell protestaban, los del Celtic protegían a su lanzador. Iheanacho agarró el balón, respiró hondo y ejecutó.

Disparo ajustado, sin titubeos. Gol. El 2-3 cayó como un mazazo sobre Motherwell, que unos minutos antes soñaba con Europa y ahora veía cómo todo se complicaba. El tanto desató la locura entre los aficionados visitantes, que invadieron el césped para celebrar un triunfo que puede valer una liga.

Para el equipo local, el castigo fue doble. No solo se le escapó un resultado que lo habría acercado a Europa, sino que el gol de Hibernian en Ibrox añadió más peso a la tarde: Motherwell necesitará evitar la derrota en Easter Road el sábado para asegurar la cuarta plaza.

El Celtic, en cambio, sale de Fir Park con una ecuación tan sencilla como brutal: si gana a Hearts el sábado, será campeón. Después de una noche así, con fantasmas del pasado, postes, largueros, milagros bajo palos, un héroe inesperado en Nygren y un penalti en el 99’, ¿quién se atreve ahora a apostar contra otro giro dramático en la última jornada?

Celtic se aferra al título en Fir Park con un penalti en el 99’