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Caso Negreira y sus implicaciones en el fútbol español

El caso Negreira vuelve a incendiar el fútbol español. Apenas un día después de que Florentino Pérez cargara con dureza contra el Barcelona, al que señaló como protagonista del “mayor escándalo de la historia”, el foco se ha desplazado a los despachos y, en concreto, a la capacidad real de UEFA para intervenir.

El Real Madrid presiona. Quiere ver al eterno rival sancionado en Europa y se agarra a cada resquicio reglamentario para sostener que el organismo continental sí puede actuar. El Barcelona, por su parte, ya ha respondido públicamente, defendiendo su posición y denunciando una campaña en su contra. El ruido es máximo. La vía disciplinaria, no tanto.

El muro del plazo de prescripción

El corazón del asunto no está en los titulares, sino en los plazos. Y ahí, el panorama cambia por completo.

Según detalla un informe de Mundo Deportivo, la gran barrera para cualquier sanción deportiva es la prescripción. Los pagos vinculados al caso Negreira se habrían producido entre 2001 y 2018. El escándalo, sin embargo, no saltó a la luz hasta 2023, cuando Cadena SER destapó la información.

Para entonces, el reloj disciplinario ya había terminado su carrera.

El artículo 9 del Código Disciplinario de la RFEF es claro: las infracciones muy graves prescriben a los tres años, contados desde el día siguiente a la comisión de la infracción. Si el último pago data de 2018, el margen se cerró, como muy tarde, en 2021. El caso se hizo público dos años después. Legalmente, el tiempo se agotó antes incluso de que pudiera abrirse un expediente.

Ese mismo esquema se traslada al ámbito europeo. Aunque en el entorno del Real Madrid se apunta al artículo 4 del reglamento disciplinario de UEFA como una posible vía de castigo, las normas del organismo europeo también se mueven dentro de un marco de prescripción. Y ese marco, en la práctica, deja a UEFA con las manos atadas.

Sin espacio de maniobra ni en España ni en Europa

En territorio español, el bloqueo es total. Ni el CSD ni la RFEF han podido actuar por la misma razón: el plazo máximo para imponer sanciones deportivas ya había expirado cuando el caso se hizo público.

UEFA, pese a no depender de las decisiones de los tribunales nacionales, no puede saltarse sus propios límites temporales. No se trata de voluntad política ni de presión mediática, sino de una frontera jurídica muy concreta: el tiempo.

La paradoja es evidente. El caso Negreira sigue agitando el debate, alimenta acusaciones cruzadas entre los dos gigantes del fútbol español y mantiene en vilo a la opinión pública. Pero, en el terreno que más duele a los clubes —el disciplinario, el de las sanciones deportivas y las posibles expulsiones de competiciones—, el reloj ya dictó sentencia hace años.

La batalla, a partir de ahora, se librará en otro frente: el de los tribunales ordinarios, la reputación y el relato. Porque en los reglamentos disciplinarios, el partido está prácticamente cerrado.

Caso Negreira y sus implicaciones en el fútbol español