WSL: el fin del mito del big four en el fútbol femenino
Durante años se ha repetido casi por inercia: el “big four” de la Women’s Super League, formado por Arsenal, Chelsea, Manchester City y Manchester United. Sobre el césped, la etiqueta tenía sentido: entre esos cuatro han levantado todos los grandes títulos domésticos desde 2014. En los balances, en cambio, la historia es otra. Radicalmente distinta.
Las cifras de las últimas ocho temporadas dibujan un paisaje muy claro: no hay “big four”. Hay un “big two”. Arsenal y Chelsea, y nadie más a su altura.
Arsenal y Chelsea, otra liga… económica
Las dos entidades londinenses no solo dominan el palmarés reciente. Han dejado atrás al resto en salarios y facturación, hasta el punto de que, juntas, generaron en 2024-25 más ingresos que el resto de la división combinada.
Ambos clubes fueron los únicos cuya masa salarial superó los 10 millones de libras. También duplicaron, aproximadamente, el volumen de negocio de sus rivales de Manchester. Y eso antes de lanzarse al mercado del verano de 2025, cuando Arsenal rompió la barrera del millón para fichar a la canadiense Olivia Smith y Chelsea respondió más tarde con la incorporación de Alyssa Thompson por una cifra similar.
En 2024-25, el gasto en sueldos de Chelsea fue más de cinco veces superior al de Everton, octavo clasificado en la WSL, y casi triplicó el de Manchester United, tercero. El desequilibrio no es solo deportivo; es estructural.
Un crecimiento que quema dinero
El análisis global de las cuentas desde que la WSL pasó al calendario de invierno, en el verano de 2017, revela una tendencia tan poderosa como preocupante: ingresos al alza, gastos disparados y una dependencia extrema de los propietarios para tapar agujeros.
En conjunto, los clubes de la WSL acumulan más de 111 millones de libras de pérdidas post‑impuestos en ese periodo. Solo en la última temporada disponible, de media, los salarios aumentaron un 28,2% entre 2023-24 y 2024-25, mientras que las pérdidas netas crecieron más de un 53%. Una parte significativa se explica por la compra de Kingsmeadow por parte de Chelsea a su club matriz por unas 12 millones de libras, operación que golpea con fuerza su cuenta de resultados.
Los salarios de la élite femenina se han disparado: en la WSL se han cuadruplicado de media entre 2019 y 2025. Los ingresos también han crecido con fuerza, pero no al mismo ritmo que el gasto. El ejemplo más llamativo está en el norte de Londres: los ingresos de taquilla de Arsenal han pasado de apenas 45.000 libras por temporada hace nueve años a rozar los 6 millones en 2024-25, impulsados por la mudanza frecuente al Emirates y una demanda que ya compite con la sección masculina en algunos partidos.
Manchester United, la excepción rentable
En medio de ese paisaje de números rojos, aparece un caso que rompe el patrón: Manchester United. Desde que relanzó su primer equipo femenino en el verano de 2018, el club ha logrado un beneficio acumulado de 1,34 millones de libras.
El dato contrasta con fuerza con el resto. Solo en el mismo periodo, Chelsea ha perdido más de 36 millones. Brighton & Hove Albion, Leicester City, Manchester City y Tottenham Hotspur también acumulan pérdidas de ocho cifras al sumar sus resultados temporada a temporada.
La temporada 2022-23 ilustra bien el modelo de United. Aquel curso terminó segundo, peleando el título hasta la última jornada. Y lo hizo con una masa salarial inferior al 50% de sus ingresos. Mientras tanto, Manchester City, Tottenham y Brighton gastaban más del 100% de sus ingresos solo en sueldos. Una dinámica que no es exclusiva del fútbol femenino: un informe reciente de Deloitte señalaba que 13 clubes de la Championship masculina superaban también ese umbral, con una factura salarial colectiva de más de 900 millones de libras, equivalente al 96% de sus ingresos.
Este verano, United ha dejado claro su plan: apostar por la formación y el desarrollo interno, convencido de que el actual nivel de gasto en fichajes no se puede sostener a largo plazo. En un ecosistema donde casi todos pierden dinero, la estrategia de contención y cantera convierte al club en un caso de estudio.
Comisiones al alza y un nuevo actor desde abajo
El mercado tampoco se ha quedado al margen de la inflación. Según datos de la Football Association, las comisiones a agentes en la WSL han aumentado un 75% interanual. Chelsea ha sido el único en superar el millón de libras en pagos a intermediarios la pasada campaña. El contraste es brutal: West Ham, décimo en 2025-26, desembolsó 97.000 libras; Leicester, descendido, gastó menos de una décima parte de lo que pagó el campeón.
Y mientras los grandes consolidan su poder, aparece un proyecto dispuesto a romper la baraja: London City Lionesses. Su masa salarial de 2024-25, el año del ascenso desde la segunda categoría, no se ha hecho pública, pero sí su resultado operativo: 10,6 millones de libras de pérdidas frente a unos ingresos de apenas 902.000. Más de diez veces lo que factura.
Ese agujero llegó antes de una serie de movimientos agresivos en el mercado durante las tres últimas ventanas, entre ellos el fichaje de la ex ganadora del Balón de Oro Alexia Putellas. Una apuesta sin red, financiada a golpe de inversión, que coloca al club como aspirante a irrumpir en la élite… siempre que las normas le dejen respirar.
Un 2026-27 con límite… y castigo
Todo esto desemboca en un punto de tensión evidente. La WSL se prepara para una temporada 2026-27 en la que, por primera vez, habrá sanciones deportivas ligadas al gasto en salarios. El nuevo marco fija un umbral claro: las plantillas no podrán superar un límite equivalente al 80% de los ingresos, más hasta 4 millones de libras en aportaciones de los propietarios. Quien se pase, se expone a perder puntos.
El mensaje es contundente: el crecimiento ya no puede basarse solo en la chequera de los dueños. En una liga donde dos gigantes marcan el paso, varios perseguidores queman dinero para no quedarse atrás y un recién llegado se juega el futuro con fichajes de impacto, la próxima temporada no solo se decidirá en el césped.
Se decidirá también en las hojas de cálculo. Y ahí, en ese terreno frío y sin gradas, está en juego el verdadero mapa de poder del fútbol femenino inglés.





