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Unai Emery y la serenidad del Aston Villa en la Premier League

Unai Emery no se inquieta. Patea cada balón en la banda, vive cada jugada como si fuera la última, pero puertas adentro el técnico de Aston Villa suele ser el tipo más sereno del vestuario. Más exigente tras una victoria que después de una derrota. Más obsesionado con las soluciones que con los gritos.

John McGinn recuerda una escena que lo define. Al poco de llegar Emery, en el descanso de un partido, el entrenador perdió los papeles. No por el rendimiento tibio del equipo, sino porque vio a su capitán desatarse contra sus compañeros. Para Emery, McGinn estaba gastando energía en lo equivocado: bronca en vez de respuestas. Ruido en lugar de correcciones.

Villa ya ha estado en este lugar

Emery, McGinn y este Villa conocen el terreno que pisan. La temporada pasada, a estas alturas, no tenían ni un punto en la Premier League y aún faltaban 157 minutos para que llegara su primer gol. Hoy, en cierto modo, van por delante del guion.

El 0-0 del sábado en Hull no fue un espectáculo inolvidable, pero dejó brotes verdes suficientes como para creer a Emery cuando asegura que el equipo volverá a superar las expectativas. Ya lo hizo: se sobrepuso a un arranque lento para acabar clasificándose a la Champions League por segunda vez en tres años.

Cuesta llevarle la contraria a alguien con su historial, arquitecto de la etapa más exitosa del club en tiempos recientes. “Cuando empezamos el proyecto aquí, la ambición que teníamos ni siquiera incluía estar en Europa cuatro años seguidos”, recordó el técnico. “Era muy difícil cuando comenzamos a trabajar juntos, pero era la ambición del propietario. Fijamos estándares muy altos con los jugadores para estar ahí y lo hemos conseguido. Ahora es el momento de recordar cómo llegamos y el camino que recorrimos. Es un momento y un capítulo diferentes”.

En situaciones así, Emery no suele rectificar. Redobla. Vuelve a los principios que lo han traído hasta aquí.

La temporada pasada Villa no ganó hasta su séptimo partido oficial. McGinn marcó el único tanto en un triunfo de Europa League contra Bologna. Aquella mañana, la plantilla se reunió sobre las 11.30 para una de esas sesiones de vídeo sobre el rival que ya forman parte del paisaje cotidiano. Tan habituales que, según bromea McGinn, entran a la sala “como robots”.

Europa, otra vez como chispa

El martes espera Club Brugge, cuarto duelo entre ambos en dos años. Villa busca que Europa vuelva a encender la temporada, como ya ocurrió el curso pasado.

Tras aquella victoria ante Bologna en septiembre, el equipo encadenó una racha descomunal: 17 triunfos en 19 partidos. La mitad de los 14 futbolistas que participaron ese día ya se han marchado, pero uno de los que sigue, Emiliano Buendía, confía en que la versión renovada del plantel pueda repetir algo parecido.

“No ha sido el inicio que queríamos, pero estamos intentando sacar las cosas positivas de cada partido”, explicó el argentino, titular en los cuatro encuentros de Villa este curso. “Vamos a intentar cambiar esta dinámica en cuanto a resultados y recuperar la confianza para rendir bien y lograr los resultados que queremos”.

Otra campaña de Champions League no se puede dar por hecha. Regresar a este escenario, después de conquistar la Europa League la pasada temporada, se puede considerar como la mayor hazaña de Emery al frente del club. Los pasos de gigante dados bajo su mando acompañarán a los aficionados mientras recorren las calles empedradas de Brujas y, más adelante, cuando paseen por Barcelona en noviembre.

Emery, clave en todo esto, sigue enchufado. Le ayuda, dice, alguna que otra siesta en Bodymoor Heath, la ciudad deportiva del club. “A veces necesito una buena siesta, después de un trabajo intenso por la mañana”, comentó con una sonrisa la semana pasada.

Un solo disparo a puerta… y paciencia con los fichajes

Por ahora, el único tiro a puerta de Aston Villa en esta campaña liguera lleva la firma de George Hemmings, en el minuto 13 ante Hull. En ese mismo partido, el joven de 19 años, llegado desde Nottingham Forest con 16, sirvió a Buendía una ocasión clarísima.

Es sencillo detenerse en lo que falta, en lo que no funciona. Pero sería injusto obviar lo que sí ofrece este equipo. La actuación en la Supercopa frente, según Emery, “al mejor equipo del planeta” fue alentadora. La derrota contra Paris Saint-Germain llegó hace menos de un mes y, desde entonces, la plantilla se ha reforzado.

Entre los 11 fichajes veraniegos, uno de los más ilusionantes, Ibrahim Mbaye, de 18 años, fue suplente no utilizado de PSG en Salzburgo. Otro talento recién llegado, Johan Manzambi, sigue aumentando carga de trabajo tras una lesión de rodilla y podría entrar en convocatoria tan pronto como el sábado ante Nottingham Forest.

En Hull solo dos caras nuevas, Zion Suzuki y Nicolas Jackson, salieron de inicio. Matteo Ruggeri, Aaron Wan-Bissaka y Alejandro Garnacho entraron desde el banquillo. Taylor Harwood-Bellis, fichado por 25 millones de libras pero fuera de la lista para la Champions League, se limitó a observar desde la grada en Yorkshire. João Gomes vio la roja en su debut. Leon Goretzka, incorporado libre tras dejar Bayern Munich, no estará disponible al menos hasta octubre por un contratiempo en la rodilla.

Emery no suele acelerar la integración de sus refuerzos. Youri Tielemans esperó cuatro meses para estrenarse como titular antes de convertirse en uno de los intocables del técnico. El entrenador exige mucho a sus jugadores. Y todavía más a sí mismo.

“En el fútbol, si estás esperando una transición, quizá no vas por el camino correcto”, avisó el mes pasado. “Tenemos que reconstruir el equipo lo más rápido posible. No sé si necesitamos tiempo o no. Estamos progresando, todavía no lo suficiente porque no estamos logrando buenos resultados, pero mañana es una nueva prueba en Europa”.

Otra noche continental. Otro examen para un Villa que ya sabe lo que es despegar tarde… y acabar volando muy alto.