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Szoboszlai rescata un empate dramático para Liverpool

Dominik Szoboszlai silenció St James’ Park en el minuto 99. El húngaro convirtió un penalti en el descuento para rescatar un 2-2 para Liverpool en un partido eléctrico, de los que habrían hecho sonreír a Kevin Keegan en el día de su homenaje.

El empate mantiene a los reds invictos en sus últimas diez visitas al feudo de Newcastle, pero dejó una sensación amarga en unos locales que ya saboreaban una victoria de prestigio hasta esa última acción, en la que Lewis Hall fue sancionado por derribar al recién ingresado Víctor Muñoz dentro del área. Stuart Attwell no dudó, señaló el punto de penalti y Szoboszlai no perdonó desde los once metros.

Un homenaje a Keegan con aroma a clásico

La tarde había comenzado con emoción y nostalgia. Ambos equipos saltaron a calentar con camisetas con el número 7 de Keegan, leyenda de Newcastle y Liverpool, y el estadio respondió con una ovación que mezcló gratitud y expectativa. El tono sentimental duró poco. En cuanto rodó el balón, la atmósfera se volvió áspera.

Alexander Isak, de regreso a St James’ Park como rival y bajo una lluvia de abucheos de 52.630 aficionados, fue el blanco favorito de la grada. Y el público encontró pronto un motivo para encenderse aún más.

A los cinco minutos, el debutante Amar Dedic filtró un pase preciso hacia Will Osula, que esperó el momento justo para soltar el balón hacia Anthony Elanga. El sueco aceleró, dejó atrás a Milos Kerkez y definió con un derechazo cruzado ante Alisson Becker. Gol de manual, celebración desatada y un mensaje claro: el Newcastle de Matthias Jaissle no iba a esperar a nadie.

Liverpool reaccionó, pero sin filo. Lukás Hornícek respondió con una gran intervención a un disparo desviado de Florian Wirtz en el minuto 18, y la defensa local, pese a algunas pérdidas innecesarias, resistía. Lewis Miley conectó un cambio de juego perfecto hacia Dedic, cuyo disparo se marchó a córner tras tocar en Kerkez, y Jérémy Jacquet apareció a tiempo para frustrar una buena internada de Osula tras pase de Yoane Wissa.

Los reds monopolizaban la posesión, no así las ocasiones. Szoboszlai estrelló una falta directa en la barrera en el 26, tras una falta de Wissa, y el descanso llegó con una ventaja mínima pero merecida para los de casa, que habían manejado mejor los momentos calientes del partido.

Gakpo golpea, Willock responde al instante

El segundo tiempo arrancó con Liverpool empujando. Szoboszlai ya avisó con un córner envenenado y, por un instante, pareció que la inercia cambiaba. Newcastle, sin embargo, seguía encontrando espacios al contragolpe: Harvey Barnes y Elanga hilvanaron una transición peligrosa que no supieron culminar, y Miley probó suerte en el 48, sin inquietar realmente a Alisson.

Cody Gakpo empezó a aparecer donde duele. En el 53, rozó el empate con un disparo con rosca que se marchó por poco, con Hornícek clavado. Dos minutos después, no perdonó: recibió con tiempo y espacio a unos 25 metros, acomodó el cuerpo y soltó un disparo seco, raso y potente que superó al guardameta. 1-1 y partido nuevo.

El golpe habría derrumbado a muchos. No a este Newcastle. La respuesta fue inmediata. Wissa, que firmó su mejor actuación desde que viste de urraca, bailó entre líneas con una maniobra rápida y encontró a Joe Willock, recién ingresado. El centrocampista se perfiló hacia dentro y cruzó el balón con precisión milimétrica ante Alisson. El estadio estalló de nuevo. Dos toques, un giro y una definición implacable: 2-1 en el 57.

Jaissle, con apenas unas semanas de trabajo y una plantilla aún pendiente de retoques, veía cómo su idea empezaba a cuajar. Intensidad alta, verticalidad y personalidad para golpear cuando el rival se abre. Newcastle incluso olió el tercero: Jacob Ramsey, salido desde el banquillo, enganchó una volea en el 70 que se fue desviada, y Alisson salvó un mano a mano ante Wissa en una acción que pudo sentenciar el duelo.

Un penalti en el 99 lo cambia todo

El reloj corría, las piernas pesaban y Liverpool se lanzaba a la desesperada. Andoni Iraola, al otro lado, vivía cada balón dividido como una final. Sabía que el guion aún podía torcerse.

Y se torció.

En el tiempo añadido, cuando el estadio ya empezaba a celebrar una victoria de carácter, llegó la jugada maldita para Hall. Víctor Muñoz cayó dentro del área en un duelo con el lateral, y Attwell señaló penalti ante la incredulidad del defensa y las protestas de medio estadio. La decisión, por dura que fuera para Newcastle, no cambió nada: el balón ya estaba en el punto de penalti.

Szoboszlai asumió la responsabilidad. Carrera corta, golpe seco, 2-2. Hornícek adivinó poco y pudo hacer menos. Los jugadores locales se desplomaron, conscientes de haber dejado escapar una victoria que parecía suya. Los visitantes, por su parte, respiraron aliviados tras evitar una derrota que habría abierto más interrogantes.

El pitido final dejó dos sensaciones opuestas. Jaissle podrá agarrarse al carácter, al rendimiento de Wissa, al impacto inmediato de Willock y al ambiente de un St James’ Park que volvió a rugir como en los viejos tiempos de Keegan. Iraola, en cambio, se marcha con un punto valioso, pero también con la certeza de que su equipo concedió demasiado y vivió al borde del abismo.

En una tarde dedicada a una leyenda que hizo del caos algo hermoso, Newcastle y Liverpool firmaron un partido a la altura del homenaje. La pregunta es quién sabrá convertir este tipo de noches en costumbre a lo largo de la temporada.