Liverpool sufre en St James’ Park tras un arranque desastroso
El nuevo curso del Liverpool en la Premier League apenas había dado sus primeros pasos cuando el viejo fantasma reapareció. Cinco minutos. Eso fue todo lo que necesitó el Newcastle para abrir una herida que en Anfield creían, o querían creer, cerrada tras la tormentosa temporada 2025/26.
Pérdida de balón en campo propio, metros y metros de césped por delante y el castigo inmediato. William Osula recogió la posesión, levantó la cabeza y vio una autopista por el centro. Aceleró sin oposición, filtró un pase limpio y Anthony Elanga atacó el espacio a la espalda de la zaga visitante. Un control, un disparo seco, y el balón superó a Alisson Becker. St James’ Park estalló. En Liverpool, la sensación fue de déjà vu.
El aviso ignorado de Carragher
Jamie Carragher no se sorprendió. Se enfadó. Y mucho.
Durante los días previos al inicio de la liga, el excentral había repetido el mismo mensaje: el Liverpool es demasiado fácil de atravesar por el medio. Lo vio en pretemporada, lo advirtió en televisión y lo escribió en redes. Nadie lo corrigió.
Tras el gol de Elanga, el ahora analista de Sky Sports tardó segundos en acudir a X para disparar contra el corazón del problema: «LFC midfield all bombing forward – happened all pre season, madness!». Un centro del campo desordenado, lanzado en masa hacia arriba, dejando un vacío enorme a su espalda. Justo lo que había denunciado.
El tanto del Newcastle no fue un accidente. Fue la confirmación de un patrón.
Un viejo problema, cero soluciones
La facilidad con la que los rivales encontraron pasillos por el carril central la pasada campaña fue desesperante para el Liverpool. Encajó 53 goles en la Premier League 2025/26, una cifra impropia de un aspirante serio al título. Esa sangría pedía a gritos una respuesta clara en el mercado: un mediocentro defensivo de élite, un verdadero ancla.
La ventana de fichajes se abrió a comienzos de junio. El calendario marca ya 23 de agosto y, en esa zona del campo, no ha llegado nadie. Ni refuerzo, ni competencia, ni plan alternativo.
Las informaciones tampoco invitan al optimismo. Lewis Steele ha enfriado la posibilidad de un gran desembolso por Adam Wharton, pieza clave del Crystal Palace, en los últimos días del mercado. Un nombre que ilusionaba a parte de la afición se aleja justo cuando la realidad del césped vuelve a recordar la urgencia.
Mientras tanto, el club sigue centrado en la persecución del extremo del Paris Saint-Germain Bradley Barcola. Un perfil ofensivo atractivo, sí, pero que no tapa el agujero más evidente del equipo: la ausencia de un número 6 dominante que proteja a la defensa y ordene al resto.
Iraola, entre el vestuario y los despachos
Sobre el césped, el castigo llegó en cinco minutos. En el banquillo, Andoni Iraola tomó nota. El técnico sabe que no puede permitir que su equipo se parta en dos con tanta facilidad, menos aún lejos de casa y ante un rival que huele el miedo en cada transición.
Se esperan palabras duras en el descanso. Ajustes, reprimendas y quizá algún cambio de dibujo para cerrar la hemorragia por dentro. Pero el problema no se resuelve solo con una charla en el vestuario.
Las miradas también apuntan hacia arriba. A Richard Hughes y al departamento de fichajes, obligados a reaccionar con muy poco margen y bajo enorme presión. El reloj del mercado corre y la Premier no espera.
El Liverpool ya sabe cómo termina esta película cuando ignora sus carencias en el mediocampo. La pregunta es si esta vez se atreverá a cambiar el guion antes de que sea demasiado tarde.






