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Swansea mantiene su invicto tras vencer 0-3 a Derby

Swansea salió de Pride Park con algo más que tres puntos. Se llevó un 0-3 rotundo, un mensaje claro al Championship y la sensación de ser un equipo que sabe exactamente quién es y a qué juega. Derby, en cambio, se marchó entre abucheos, sin gol por primera vez en 24 partidos ligueros en casa y con más dudas que certezas.

El marcador lo firmaron Joseph Opoku, Eom Ji-sung y Ronald, pero detrás de los nombres hubo un guion muy sencillo: un equipo con confianza frente a otro bloqueado desde el primer minuto.

Gol tempranero, dominio visitante

El partido arrancó con un espejismo para el conjunto local. Ryan Hedges mandó el balón a la red a los 18 segundos y Pride Park rugió. Pero el tanto fue anulado y, con él, se fue la única chispa real de Derby en una primera media hora plana, sin un solo disparo válido a puerta.

Swansea no perdonó en su primera llegada real. Minuto 2. Eom Ji-sung avanzó sin oposición por el carril izquierdo, levantó la cabeza y sirvió atrás para Joseph Opoku. El ghanés conectó un disparo desde unos 12 metros que, tras un desvío, se coló pegado al poste derecho de Jacob Widell Zetterstrom. Segundo gol de Opoku desde su llegada desde Zulte Waregem y sensación de absoluta fragilidad en la zaga local.

El propio Opoku rozó el doblete poco después con una volea acrobática que se marchó por encima del larguero tras un balón flotado al área pequeña de Stephen Welsh. Derby respiró cuando vio al delantero retirarse lesionado a mitad del primer tiempo. Pero el alivio fue engañoso: Swansea siguió mandando.

Melker Widell probó desde la derecha y Zetterstrom repelió el disparo con dudas, mientras Adam Idah rozó el segundo con un remate cruzado en el segundo palo. El plan de Vitor Matos funcionaba: atacar por fuera, ritmo alto y castigar cada pérdida local.

Eom amplía la herida antes del descanso

Derby apenas ofrecía respuesta. Max Johnston, forzado a un disparo desde un ángulo complicadísimo, sólo pudo estrellar el balón en la parte exterior de la red. Fue un destello aislado, inmediatamente castigado.

Minuto 44. Centro de Widell desde la derecha, Idah se impone en el aire y Zetterstrom realiza una gran parada abajo a su derecha. El problema para Derby fue el rebote: Eom Ji-sung siguió la jugada, llegó un segundo antes que todos y empujó el balón a puerta vacía desde apenas un metro. 0-2, justo antes del descanso, y un golpe directo al ánimo de un equipo ya tocado.

El surcoreano, que había sido arquitecto del 0-1, se marchó al vestuario con gol y asistencia, símbolo de un Swansea que se mueve con naturalidad entre líneas y que castiga cada desajuste.

Triple cambio, reacción breve y sentencia

John Eustace reaccionó con una decisión contundente: triple sustitución al descanso. Derby salió con algo más de energía, empujado por la necesidad y por el orgullo. Lewis Travis y Charlie Taylor lo intentaron desde lejos, pero sus disparos se perdieron desviados tras tocar en defensores. Era un amago de reacción, no una amenaza sostenida.

El impulso se apagó pronto. Zetterstrom tuvo que sostener a los suyos con dos intervenciones que evitaron una goleada mayor. Primero, Zan Vipotnik, recién ingresado, se plantó ante el guardameta tras una gran combinación por la izquierda entre Moussa Yeo y Eom. El esloveno definió mal, directo al cuerpo del sueco.

Poco después, un balón largo de Lawrence Vigoroux dejó a Yeo corriendo solo por el carril derecho. El atacante probó al primer palo, pero Zetterstrom volvió a responder y mantuvo el 0-2… de momento.

La sensación, sin embargo, era inequívoca: Swansea manejaba el partido a su gusto. Control, calma y la impresión constante de que el tercer gol estaba al caer.

Llegó en el añadido. Un disparo de Stephen Eustaquio fue bloqueado en la frontal, el balón quedó suelto y Ronald apareció decidido. Control corto y tiro seco, ajustado al poste derecho de Zetterstrom. 0-3 y silencio pesado en las gradas.

Orgullo herido en Derby, madurez en Swansea

El pitido final trajo la banda sonora más dura para cualquier equipo local: abucheos. Derby encadenó su primer partido sin marcar en casa en liga desde septiembre del año pasado y sigue sin conocer la victoria en este arranque de temporada. El propio John Eustace no escondió su malestar:

Reconoció que la actuación fue “inaceptable”, habló de un equipo “falto de confianza” y admitió que el 0-1 tan temprano les hizo mucho daño. Señaló que el segundo gol, justo antes del descanso, fue “una patada en los dientes” y explicó que el triple cambio del descanso llegó forzado por la necesidad, aun sabiendo que varios jugadores no están todavía al cien por cien físicamente. También lamentó la falta de calidad en ciertas zonas y, sobre todo, la imagen corporal de algunos futbolistas en la segunda parte, asumiendo al mismo tiempo toda la responsabilidad por el resultado y el rendimiento.

En el otro banquillo, Vitor Matos dibujó un análisis muy distinto. Valoró el gran inicio de su equipo, el temple para soportar los momentos en los que Derby intentó apretar y la capacidad para controlar el choque tras el 0-2. Admitió cierta ansiedad por cerrar el partido con el tercer gol, pero se mostró satisfecho con la madurez del grupo, la integración de los nuevos fichajes y la energía colectiva. Subrayó que el equipo mantiene la misma mentalidad juegue en casa o fuera y destacó la capacidad de competir ante rivales con estilos muy diferentes, aunque recordó que sólo es un partido dentro de una serie exigente de compromisos que se avecinan.

Siete de nueve y un mensaje al Championship

Con esta victoria, Swansea suma siete puntos de nueve posibles y se mantiene invicto en el Championship. No es sólo el botín, es la forma: solidez atrás, claridad en las transiciones y una línea ofensiva que encuentra soluciones incluso cuando pierde a su referencia por lesión.

Derby, en cambio, se queda mirando la tabla con preocupación y la grada empieza a impacientarse. Sin victorias, sin gol en casa y con su técnico pidiendo refuerzos de calidad en zonas clave, la pregunta ya no es cómo arrancará la temporada, sino cuánto tardará en reaccionar un club que no puede permitirse otro año a la deriva.