Ruben Aguilar brilla en la remontada histórica del Lens
El RC Lens se negó a morir en Praga. Cuando el reloj se acercaba al 90’ y el Slavia, con diez hombres, se veía ya abrazando una victoria épica, apareció el caos. Y en medio del caos, apareció Ruben Aguilar.
El conjunto de Dino Toppmöller perdía 2-1 en el 89’, después de que Sturm adelantara al Slavia y hundiera, en apariencia, las opciones francesas. El ambiente en el Fortuna Arena era una caldera: los checos olían el triunfo, el Lens parecía condenado a un estreno europeo lejos de casa tan cruel como frustrante.
Entonces todo saltó por los aires.
En el 91’, Florian Thauvin cazó el empate y cambió el aire del partido de un plumazo. El golpe emocional fue brutal. El Slavia, que ya se veía con los tres puntos, se tambaleó. El Lens, que había sufrido toda la noche, olió sangre.
Dos minutos después, llegó el disparo que va directo a la historia del club.
Aguilar recibió, armó la pierna y colocó un tiro perfecto, ajustado al palo. Gol. 3-2. Remontada imposible convertida en realidad. Primera victoria a domicilio del Lens en la UEFA Champions League desde 1998. Casi tres décadas después, el club del norte de Francia volvía a gritar fuerte en Europa lejos de casa.
“Este escudo exige el 100%”
Al término del encuentro, ante los micrófonos de Canal+, Aguilar reconoció que nadie habría podido imaginar un desenlace semejante. Para él, lo que sostuvo al equipo en esa locura final fue algo tan simple como poderoso: el vínculo interno del vestuario.
El defensa insistió en que el sufrimiento compartido es el cemento del grupo. Subrayó la carga emocional de representar al Lens en el mayor escenario continental y no escondió su orgullo.
“Cuando llevas este logo, tienes que dar el 100 por ciento”, afirmó. “Lo damos todo por la gente de Lens, y sólo en este club puedes vivir emociones como estas. Estoy muy orgulloso esta noche. No habríamos podido escribir este guion”.
No hizo falta adornarlo más. El marcador y la forma en que se construyó hablaban por sí solos.
La noche de los amigos
En medio de la euforia, Aguilar se reservó un momento para su “cómplice” en esta velada, Florian Thauvin. Ambos compartieron entrenamientos en etapas anteriores de sus carreras y ahora se encuentran celebrando juntos en la Champions League.
“Nos formamos juntos y esta noche los dos marcamos en la Champions League”, recordó Aguilar. Su “amigo Flo” se llevó el premio al mejor jugador del partido, algo que el lateral celebró casi como propio. “Somos muy buenos amigos, lo pasamos en grande, sufrimos juntos y todos somos recompensados”, añadió, extendiendo el elogio a toda la plantilla, suplentes incluidos.
Porque el Lens no sólo ganó con talento. Aguantó golpes, aceptó el sufrimiento y se mantuvo unido cuando el partido parecía escaparse. Esa cohesión, tan repetida en el discurso del vestuario, encontró en Praga su mejor prueba.
De la locura europea al rigor de la Ligue 1
La victoria en el Fortuna Arena no es sólo un resultado brillante en el papel. Es una declaración de carácter. Un aviso de que este Lens no se rinde ni cuando el cronómetro le da la espalda.
Ahora, el reto es otro. Con la adrenalina europea aún corriendo por las venas, el equipo de Toppmöller debe cambiar de chip y regresar a la Ligue 1. El domingo espera Le Mans FC, en un duelo que pondrá a prueba la capacidad del Lens para transformar esta noche inolvidable en combustible para su campaña doméstica.
Si el espíritu que se vio en Praga viaja de regreso a casa, la temporada del Lens puede haber cambiado de rumbo en apenas tres minutos de locura.






