El regreso de Nkunku a Leipzig: un nuevo comienzo
El globo rojo volvió a volar en Leipzig. Y con él, la sonrisa de Christopher Nkunku.
En el Red Bull Arena, la imagen resultó familiar y, al mismo tiempo, nueva. El francés, que convirtió ese pequeño ritual en un símbolo de sus días dorados en la Bundesliga, celebró de nuevo con el globo en la mano. Tres años después de marcharse, tras lesiones, dudas y un fútbol que le asfixiaba lejos de Alemania, el atacante de 28 años parece otro jugador. O, mejor dicho, el de siempre.
Cedido por Milan, Nkunku ha aterrizado de pie. Fue decisivo en el reciente 5-0 a Hamburger SV, en el que marcó su primer gol con la camiseta de Leipzig desde la final de la DFB-Pokal 2023 ante Eintracht Frankfurt. El círculo se cerró en el mismo escenario donde se consagró como uno de los futbolistas más temidos de la liga alemana.
Volver para volver a disfrutar
Nkunku no esconde el motivo de su regreso. No habla de revancha ni de cuentas pendientes. Habla de recuperar sensaciones.
«En mi situación, necesito disfrutar del fútbol otra vez, pensar solo en fútbol, jugar partidos y estar en el campo para hacer lo que quiero hacer. Era la mejor opción para mí», explicó en declaraciones a Bulinews. No hubo grandes dudas en la negociación. Ni por su parte, ni por la del club.
«En ese momento era la mejor opción para mí. Cuando hablé con el entrenador y la dirección, todos estábamos convencidos de que esta temporada sería buena para mí y también para el club. No dudamos ni un momento y empujamos para cerrar el acuerdo».
Leipzig le ofrecía algo que había perdido: un entorno conocido, un sistema que potencia su talento entre líneas y una liga que se adapta a su juego agresivo, vertical, de intercambios constantes. Justo lo que no encontró en sus últimas paradas.
El sueño torcido en Londres
Su fichaje por Chelsea en 2023, por unos 52 millones de libras, debía ser el gran salto. Nuevo proyecto, nuevo estadio, nueva vida. Pero el guion se rompió antes incluso de que empezara la temporada.
En una gira de pretemporada por Estados Unidos, una grave lesión de rodilla lo dejó fuera de combate. Operación. Rehabilitación. Soledad. Mientras el equipo arrancaba, él miraba desde la camilla.
«Se trata del momento, porque cuando llegué todo iba bien. Pero luego tuve que operarme por primera vez al final de la pretemporada. No es un buen momento para un jugador, porque necesitas terminar la pretemporada. No empecé la temporada con el equipo. Para mí también era un club nuevo, con nuevos compañeros. Cuando estás lesionado, es complicado conocer a tus compañeros», recordó.
Cuando por fin volvió, el reloj interno le gritaba que tenía que demostrar de inmediato por qué el club había apostado tan fuerte por él. Aceleró. Demasiado.
«Después de eso, quería volver rápido. No escuché a mi cuerpo, porque era joven y quería regresar rápido, jugar y entrenar con el grupo. Así que después tuve muchas pequeñas lesiones, lesiones musculares. La primera temporada no fue buena en cuanto a mi estado y a los problemas físicos».
Pese a todo, dejó 18 goles en su etapa en Londres. Pero nunca llegó a ser el líder ofensivo que se esperaba. El cuerpo no le permitió encadenar la continuidad que necesitaba y el proyecto cambiaba a una velocidad que tampoco ayudaba a asentarse.
Serie A: talento atado de pies y manos
El siguiente paso fue Milan, en 2025. Nuevo país, otro idioma, otra cultura futbolística. El resultado, sin embargo, volvió a dejarle una sensación de incomodidad. No por la grandeza del club, sino por el contexto táctico.
Nkunku describe Italia como un tablero de ajedrez en el que el primer mandamiento es no encajar. Y eso, para un jugador que vive de atacar espacios, le terminó pesando.
«En Italia, creo que los equipos juegan para no encajar goles. Es más defensivo. Después de que un equipo marca, es complicado volver a marcar. Y hasta el equipo que marca el primer gol no piensa en hacer el segundo. Es muy, muy difícil», admitió.
El francés se veía obligado a contenerse, a mirar más hacia su propio arco que hacia el contrario.
«Lo vi el año pasado. Fue muy difícil porque yo siempre pensaba en ir arriba para marcar, pero necesitabas quedarte atrás para proteger tu portería. Por supuesto, si piensas de forma individual, estás frustrado. Pero jugamos al fútbol. Es un deporte colectivo, así que tienes que pensar en el equipo, hacer lo que quiere el entrenador y alcanzar el objetivo de la idea».
Entre la rigidez táctica y la falta de ritmo, el brillo que había mostrado en la Bundesliga se fue apagando. Cuando Leipzig llamó, la decisión fue casi instintiva.
Alemania, el escenario ideal para renacer
En la Bundesliga, Nkunku conoce el mapa de memoria. Sabe dónde aparecen los espacios, cómo castigar defensas adelantadas, cómo asociarse rápido a un toque. Y la liga también le conoce a él: un jugador que ataca, arriesga, se mueve entre líneas y no se esconde.
Su regreso no es solo una operación sentimental. Leipzig recupera a un futbolista que ya fue nombrado mejor jugador del campeonato y que, si el físico lo respeta, puede volver a ese nivel. El 5-0 a Hamburger SV fue una declaración de intenciones: presión alta, ritmo brutal y un Nkunku que volvió a celebrar como en los viejos tiempos.
El francés habla de «regularidad». Esa palabra resume su obsesión actual. No se trata de un partido brillante, sino de una temporada completa sin interrupciones, sin recaídas, sin frenos.
El objetivo azul: volver a Francia
En el horizonte, hay un objetivo que nunca ha abandonado: la selección francesa. Las lesiones y la falta de continuidad en Londres y Milán le fueron alejando de las convocatorias, mientras la competencia en su puesto crecía sin parar.
Nkunku sabe dónde se mete. La lista de atacantes franceses de élite parece inagotable. Pero no baja el listón de sus ambiciones.
«Por supuesto que es un objetivo. Incluso antes lo era. Conoces la calidad de la plantilla, y puedo llegar a eso seguro, pero se trata del momento y también de poder jugar partido a partido y ser decisivo», subrayó.
Alemania vuelve a ser su escaparate. Si encadena minutos, goles y actuaciones determinantes, su nombre regresará inevitablemente al debate de la selección. Y entonces, quizá, el globo rojo no sea solo un símbolo de su resurrección en Leipzig, sino también la señal de que Francia recupera a uno de sus talentos más imprevisibles.
La temporada acaba de empezar. Nkunku ya ha soltado el globo al cielo. Falta saber hasta dónde está dispuesto a subir él.






