tribunadegol full logo

Mohamed Salah se despide de Anfield: un legado imborrable

El domingo, contra Brentford, Anfield no solo cerrará un partido. Cerrará una era. Será el último encuentro de Mohamed Salah en casa tras nueve años que han cambiado la historia reciente de Liverpool.

257 goles después, el egipcio se marcha como el tercer máximo goleador del club y como el rostro de una década de gloria moderna. Champions League en 2019, dos títulos de Premier League, finales europeas, remontadas imposibles y una constancia casi inhumana: Salah ha sido el hilo conductor de todo.

Su legado no se mide solo en números. Se mide en la forma en la que hablan de él quienes compartieron vestuario, entrenamientos, goles y silencios.

El respeto del vestuario

Virgil van Dijk, capitán y socio en tantas noches grandes, lo resume con la contundencia de quien lo ha visto de cerca: un jugador “increíble”, “especial”, “único en la vida”. Recuerda los goles, las asistencias, la sociedad con Sadio Mané y Roberto Firmino, el trabajo sin balón. Para el neerlandés, Salah ha sido un líder silencioso, de ejemplo diario, y una pieza gigantesca en todos los éxitos recientes del club.

Alisson Becker va un paso más allá. Coloca a Salah “entre los más importantes de la historia” de Liverpool. Enumera logros, récords, goles, asistencias… y luego se detiene en algo menos visible: las horas en el gimnasio, la obsesión por mejorar cada detalle, también en casa. Habla de un profesional que no se conforma con el talento, que lo pule sin descanso. Para el brasileño, Salah deja una herencia de estándares: un modelo que uno puede señalar a sus hijos y decir: “Mira a este tipo, así se hace”.

Thiago Alcántara, acostumbrado a compartir vestuario con gigantes en Barcelona y Bayern, admite que llegó a Liverpool creyendo haberlo visto casi todo. Y, sin embargo, con un jugador de su misma generación, volvió a aprender. De su comportamiento, de la persona detrás del futbolista. Lo define como un ser humano y un profesional extraordinario, un compañero que te mantiene hambriento cada día. “Uno de los mejores que he tenido”, dice.

Roberto Firmino, parte esencial del tridente que marcó una época, se queda con el hombre además del goleador. Un tipo querido por todos, admirado, que inspira dentro del campo y que ha construido en Liverpool una historia y un legado que ya nadie podrá borrar. Habla de su “corazón hermoso” y agradece haber tenido el privilegio de jugar a su lado.

Jordan Henderson, antiguo capitán, subraya algo clave: Salah quería ser el mejor, romper todos los récords… pero siempre al servicio del equipo. No solo perseguía premios individuales; quería títulos colectivos, quería empujar al grupo. Para Henderson, la diferencia está ahí: ser el mejor jugador y, a la vez, una persona excepcional. En Salah, ve ambas cosas.

Trent Alexander-Arnold, el chico de la casa convertido en estrella, ha convivido con la exigencia diaria del egipcio. Lo define como una fuerza imparable: cada entrenamiento, cada sesión, cada día, una carrera por ser mejor. Nunca satisfecho, ni siquiera cuando los récords caían uno tras otro. Siempre había otro objetivo, otro registro que perseguir. “Increíble”, resume.

La mirada de los entrenadores

Jürgen Klopp, el arquitecto de este Liverpool, sabe que el tiempo pondrá aún más en contexto lo que ha tenido entre manos. Habla de “grandeza” sin matices. Considera a Salah un “all-time great”, un futbolista extraordinario y una persona igual de grande, además de un embajador enorme para el mundo árabe en tiempos difíciles. Para el técnico alemán, Salah simboliza algo más que goles: demuestra que compartimos pasiones, luchas y sueños. Y admite que no podría estar más orgulloso de él.

Arne Slot, que ha trabajado con el egipcio en la parte final de este ciclo, se fija en la constancia. En la hambre renovada cada tres días, en el profesionalismo, en el compromiso con el club y con el equipo. Recuerda ese gesto tan suyo: enfadarse cuando lo sustituyen a tres minutos del final porque siente que aún podía marcar otro gol. Para Slot, bastó un día de trabajo con él para entender que nada de lo que ha logrado es casualidad.

Pepijn Lijnders, hombre de confianza en el cuerpo técnico durante años, lo define de forma tajante: nunca conoció a alguien más comprometido con la vida de futbolista profesional. Ni como jugador ni como ser humano.

Obsesión, estándares y legado

Quienes han compartido vestuario con Salah hablan, casi todos, de la misma palabra: obsesión.

Alex Oxlade-Chamberlain confiesa que jamás ha visto a nadie vivir como él, “cada hora del día”, dedicado a su profesión. Hasta el punto de mirarlo y pensar: “No creo que yo pudiera hacer eso; te mereces todo lo que consigues”. Para él, lo de Salah es una obsesión total.

Milos Kerkez, mucho más joven, se queda impactado por el nivel de profesionalidad del egipcio. No ha visto nada igual: el gimnasio, la alimentación, el foco absoluto en rendir al máximo. Ha intentado aprender y copiar todo lo posible en este año a su lado.

James Milner, otro símbolo del estándar competitivo en Liverpool, recalca su liderazgo. No a base de gritos, sino de hábitos: entrenamientos, gimnasio, vida fuera del campo. Cuando los jóvenes subían al primer equipo o llegaban fichajes, bastaba con mirar lo que hacía Salah para entender qué significaba ser jugador de Liverpool.

Harvey Elliott, una de esas joyas de futuro, cuenta cómo el egipcio lo guio desde el primer día: le dio indicaciones sobre lo que debía hacer, la filosofía del equipo, lo que quería el entrenador. Esa relación ha evolucionado hasta convertirse en una amistad, pero Elliott no olvida el papel de Salah para ponerlo en el camino que hoy recorre.

Luis Díaz destaca su hambre competitiva. Siempre queriendo ganar títulos, siempre dando el máximo por el club. Recuerda lo contagiosa que era su alegría cuando levantaban un trofeo y cómo su empeño por ser mejor jugador y mejor persona deja una marca profunda en quienes lo rodean.

Joe Gomez, otro veterano de esta etapa, lo sitúa directamente entre “los más grandes que han vestido la camiseta”. Agradece las horas compartidas viendo su grandeza de cerca, y señala que su mentalidad y ética de trabajo quedan grabadas para siempre en los números que deja. Pero, sobre todo, le da las gracias por la amistad construida a lo largo de los años.

La voz de las leyendas

No solo sus contemporáneos lo elevan. También lo hacen quienes construyeron la historia del club antes de su llegada.

Robbie Fowler, mito del gol en Liverpool, habla de un jugador “asombroso”. Repasa sus cifras, sus partidos, su impacto, y lo coloca sin dudar entre los grandes del club en la era Premier League. Y va más allá: lo considera también uno de los grandes de la propia competición. Está convencido de que no solo la afición de Liverpool lo echará de menos; toda la Premier League extrañará a Mo Salah.

Ian Rush, otro nombre sagrado del gol, subraya su inteligencia futbolística. No solo ve a un goleador, sino a un jugador con un cerebro privilegiado. Cuando Salah arranca por la banda, dice Rush, es “absolutamente increíble”. Y remata: todos los aficionados de Liverpool lo adoran y estarán tristes al verlo marchar.

Steven Gerrard, el capitán eterno, establece la comparación más alta posible. Recuerda su propia etapa de esplendor, cuando sentía que podía competir con cualquiera, y aun así veía a un grupo de futbolistas en un escalón superior: Ronaldinho, Cristiano Ronaldo, Lionel Messi, Zinedine Zidane, Xavi, Andrés Iniesta. “Eran unos bichos”, resume. Y coloca a Salah en ese mismo nivel. Pide que nadie se deje engañar: el egipcio pertenece a esa categoría.

Fernando Torres, otro ídolo en Anfield, lo define como uno de los mejores jugadores de la última década y admite que siempre lo ha señalado como su favorito en ese periodo. Lo sitúa sin dudar entre los mejores del mundo en los últimos diez años.

Daniel Sturridge, compañero en ataque en los primeros pasos de Salah en Liverpool, pone el foco en la mentalidad del goleador. Explica que los grandes delanteros sienten la necesidad de ayudar al equipo con números, pero que en los verdaderamente extraordinarios esa necesidad se convierte en obsesión. Ve eso en Salah. Y añade algo significativo: cree que el egipcio ha superado las expectativas de todos, excepto las suyas propias. Lo atribuye a su actitud, su impulso, su voluntad y su dedicación.

Un adiós que no se parece a ningún otro

Andy Robertson, socio inagotable por la banda izquierda, ha tenido un asiento privilegiado para ver de cerca la transformación de Salah en uno de los mejores jugadores que jamás hayan vestido la camiseta de Liverpool. Habla de una mentalidad “sin igual”, de alguien que se exige cada día y que exige también a los demás. Se queda con el privilegio de haber compartido tantos minutos con él, pero sobre todo con la amistad. Y lanza un deseo claro: que tenga una despedida a la altura de su estatus en el club. “El más grande”, lo llama. “Sin comparación”.

En Anfield, el domingo, no se despedirá solo un goleador. Se despedirá un estándar. Una forma de vivir el fútbol. Un profesional que convirtió la obsesión en rutina y la rutina en historia.

Quedará la pregunta que sobrevolará el estadio cuando el No.11 abandone el césped: ¿cuánto tiempo pasará hasta que Liverpool vuelva a ver algo así?