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Marruecos busca su primera victoria en 2026 contra Escocia

Cuarto del mundo en 2022, sin triunfo todavía en 2026. Ese es el contraste que acompaña a Marruecos en este arranque de Mundial, un equipo que ya sabe lo que es codearse con la élite, pero que aún no ha encontrado el golpe definitivo en Estados Unidos, México y Canadá.

El estreno dejó sensaciones mixtas. El conjunto de Mohamed Ouahbi se adelantó ante Brasil con un gol de Ismael Saibari, se atrevió a mirar a la canarinha a los ojos y a marcarle el ritmo del partido. Pero el talento de Vini Jr. apareció en el minuto 32 y el empate dejó a los Leones del Atlas con un punto y una sensación clara: compiten, sí, pero necesitan algo más de colmillo.

Ahora llega Escocia. Y con ella, un duelo que huele a cruce directo por el futuro del Grupo C.

Un grupo en ebullición

Escocia aterriza en Foxborough como líder de la llave tras imponerse a Haití en su debut. No es un detalle menor para una selección que jamás ha superado una fase de grupos en sus ocho participaciones mundialistas. Esta vez ve la puerta entreabierta, y sabe que puntuar ante Marruecos puede acercarla a un territorio desconocido.

Marruecos, por su parte, arrastra otra urgencia: aún no ha ganado en este Mundial pese a su condición de semifinalista en 2022. El contexto no es el de la vieja sorpresa; ahora se le exige jerarquía. El escenario, el Gillette Stadium de Massachusetts, promete un ambiente dominado por una marea de aficionados escoceses, la famosa Tartan Army, decidida a convertir el partido en una batalla de energía y fe.

En medio de ese ruido, Marruecos tendrá que imponer fútbol.

El once que perfila Ouahbi

Todo apunta a un once reconocible, con jerarquía en la portería, velocidad por fuera y talento entre líneas. El dibujo marroquí frente a Escocia podría presentar esta estructura:

En la portería, Bono. El guardián de noches grandes, acostumbrado a escenarios de máxima presión, vuelve a ser el ancla emocional y competitiva del equipo.

En defensa, una línea de cuatro con Achraf Hakimi, Issa Diop, Chadi Riad y Noussair Mazraoui. Dos laterales de recorrido y carácter ofensivo, capaces de lanzar al equipo hacia adelante, y dos centrales con físico y lectura para sostener los duelos directos que Escocia intentará forzar con balones largos y juego aéreo.

Por delante, dos mediocentros con oficio: Ayyoub Bouaddi y Neil El Aynaoui. Trabajo, equilibrio y capacidad para morder la segunda jugada. Ante una Escocia que no renuncia al choque ni al balón dividido, su papel puede marcar la frontera entre un partido controlado y un intercambio de golpes peligroso.

La zona de tres cuartos es donde Marruecos quiere marcar diferencias. Brahim Diaz, Azzedine Ounahi y Bilal El Khannouss forman una línea de enorme talento técnico, movilidad constante y último pase. Si encuentran espacios entre la defensa y el mediocampo escocés, el partido puede romperse a favor de los africanos.

Arriba, el hombre del gol en el debut: Ismael Saibari. Partiendo como referencia, pero con libertad para caer a los costados y asociarse, su capacidad para girarse y atacar el área será clave para castigar cualquier desajuste rival.

Es un once con personalidad. Y con memoria reciente de lo que significa competir al máximo nivel.

Un calendario que no perdona

El margen de error es mínimo. Tras este duelo ante Escocia, Marruecos cerrará la fase de grupos frente a Haití el 24 de junio en el Mercedes-Benz Stadium de Atlanta. Sobre el papel, el rival más accesible del grupo. Pero ese tipo de etiquetas suelen volverse en contra cuando llegas con urgencias.

Por eso el partido en Foxborough tiene un peso especial. Una victoria frente a la selección británica no solo encarrilaría la clasificación, también devolvería a Marruecos a la senda que marcó en 2022: la de un equipo que no solo compite, sino que manda.

Un vestuario con fondo de armario

Ouahbi dispone de una lista amplia y profunda, con experiencia en grandes ligas y mezcla de generaciones. En la portería, además de Bono (Al-Hilal), esperan su oportunidad Munir El Kajoui (RS Berkane) y Ahmed Reda Tagnaouti (AS FAR).

En defensa, nombres de peso como Mazraoui (Manchester United), Achraf Hakimi (PSG), Nayef Aguerd (Marseille), Chadi Riad (Crystal Palace), Issa Diop (Fulham), Zakaria El Ouahdi (Genk), Youssef Belammari (Al Ahly), Anass Salah-Eddine (PSV), Redouane Halhal (Mechelen) y Marwane Saâdane (Al Fateh) ofrecen variantes para cambiar el plan sin perder competitividad. Saâdane, de hecho, entra en la lista tras la salida de Aguerd.

En el mediocampo, Samir El Mourabet (Strasbourg), Bouaddi (Lille), El Aynaoui (Roma), Sofyan Amrabat (Real Betis), Ounahi (Girona), El Khannouss (Stuttgart) y Saibari (PSV) dan al seleccionador un abanico que va del mediocentro destructor al interior creativo, pasando por perfiles mixtos capaces de sostener y construir.

Arriba, la competencia también es feroz: Abde Ezzalzouli (Real Betis) dejó su sitio a Amine Sbaï (Angers), que se suma a Chemsdine Talbi (Sunderland), Soufiane Rahimi (Al Ain), Ayoub El Kaabi (Olympiacos), Brahim Diaz (Real Madrid), Gessime Yassine (Strasbourg), Ayoube Amaimouni (Eintracht Frankfurt) y el propio Sbaï. Gol, desborde, movilidad. Recursos para cambiar un partido desde el banquillo.

Entre el recuerdo de 2022 y la exigencia de 2026

Marruecos ya no es la sorpresa exótica que enamora al mundo durante dos semanas y luego se despide entre aplausos. Es una selección a la que se le pide algo más: constancia, victorias, presencia estable en las rondas finales.

Escocia llega hambrienta, empujada por una afición que sueña con hacer historia. Marruecos llega con la obligación de demostrar que su cuarto puesto en 2022 no fue un destello aislado.

En Foxborough, entre el ruido de la Tartan Army y la ambición de todo un país, se cruzan dos historias: la de una selección que nunca ha pasado de grupos y la de otra que se niega a dar un paso atrás. ¿Quién impondrá su relato en este Mundial?