Manchester United deja escapar puntos en Goodison: un juego prometedor pero fallos críticos
Manchester United hizo casi todo bien en Goodison Park. Casi.
Dominó tramos largos, encontró ventajas dos veces tras balón parado y, por momentos, dio la sensación de tener el partido bajo control ante un Everton que venía sufriendo en ataque. Pero cuando tocó rematar jugadas, rematar el partido y rematar su propia área, se quedó corto.
En campo rival, el equipo generó, combinó, encontró a sus tres atacantes creativos entre líneas… y se apagó justo donde duele: en el área. Faltó presencia cerca del arco, faltó ese delantero que ataque el primer palo, el segundo, el rebote. Benjamin Sesko, ya de vuelta tras lesión, y un posible regreso de Bryan Mbeumo al rol de nueve aparecen como soluciones lógicas. También pesa la ausencia de Amad en la banda derecha. Shea Lacey aún parece verde para ese foco de responsabilidad, y la opción de Matheus Cunha como extremo derecho, por ahora, ni siquiera asoma.
El problema es que la falta de colmillo arriba se combina con una fragilidad alarmante atrás. Tres partidos oficiales, seis goles encajados. Dos por encuentro. Un patrón que ya no se puede atribuir solo a bajas o falta de ritmo; empieza a oler a cuestión táctica, a desajuste estructural mientras se espera el regreso de piezas que devuelvan equilibrio al once.
United jugó bien a ratos. Pero no supo cerrar ni el área rival ni la propia. Y en esta liga, eso se paga.
Una zaga que hace agua
El dato es sencillo y demoledor: Hull City, Ipswich Town y ahora Everton. Seis goles encajados en tres jornadas. Si eso no enciende todas las alarmas en Carrington, pocas cosas lo harán.
En Goodison, el rival era, sobre el papel, el menos amenazante de los tres. Aun así, Everton encontró huecos, disparos claros y, sobre todo, la sensación constante de que si aceleraba, algo iba a pasar. La línea de cuatro de United nunca ofreció verdadera seguridad.
Paradójicamente, Luke Shaw firmó su mejor actuación de la temporada. Más sólido en defensa que en los dos primeros partidos, se sumó bien por fuera con Marcus Rashford, puso centros peligrosos y uno de ellos lo convirtió Sesko de cabeza en el 88’, un tanto que olía a victoria. Antes, también había aparecido con bloqueos clave.
Pero incluso su buena tarde quedó manchada. En el 83’, con United 1-0 arriba, Shaw volvió a cometer un error que se repite este curso: se cerró demasiado hacia el centro del área, dejó libre a Tyrique George y el atacante de Everton fusiló al primer palo, a la escuadra. Lammens llegó a tocar la pelota, pero no lo suficiente. Shaw se equivocó en el posicionamiento; el portero, en la mano. Resultado: 1-1 y partido abierto de nuevo.
El resto de la zaga no estuvo mejor. Harry Maguire, Lisandro Martínez y Diogo Dalot rindieron por debajo de lo esperado. Como bloque, concedieron demasiadas ocasiones claras. Maguire habría quedado señalado de pleno si Thierno Barry no hubiese mandado alto un cabezazo clarísimo en el 42’, una acción que, por probabilidad, debería haber terminado en gol local. Justo antes del descanso, Dalot despejó mal dentro del área y regaló el balón a Jarrad Branthwaite, que disparó directo a las manos de Lammens. Otra bala esquivada.
Ya en la segunda parte, un centro fallido de Dalot en zona de creación dejó al equipo partido. Shaw y Martínez tuvieron que esprintar a la desesperada para frenar a Brennan Johnson, al que solo lograron bloquear enviando el balón por encima del larguero.
El guion se repitió una y otra vez: con 1-0 a favor durante buena parte del segundo tiempo, United se metió demasiado atrás. Cedió el balón, reculó metros y permitió que Everton encadenara posesiones largas. Cuando un equipo se acula así, los disparos le acaban llegando. Y si son “screamers”, como los que firmó el conjunto local, el margen de error se reduce a cero.
Tras el primer empate, Michael Carrick intentó reaccionar. Dio entrada a Noussair Mazraoui en el lateral izquierdo y a Leny Yoro en la derecha. La idea era refrescar piernas y cerrar bandas. El efecto fue el contrario.
En el 90’, Mazraoui perdió la marca de Tyrique George, que volvió a probar suerte al primer palo. Esta vez Lammens sí respondió, y la acción quedó anulada por fuera de juego. Aviso serio. Cinco minutos después, en la última jugada del encuentro, Hayden Hackney superó con demasiada facilidad a Yoro, soltó el balón para Dewsbury-Hall y, tras un despeje defectuoso de Mazraoui, la pelota cayó en los pies de Ainsley Maitland-Niles. El resto fue pura postal: volea, escuadra, gol de premio Puskás y 2-2 definitivo.
Las preguntas caen por su propio peso. Si Carrick hubiese mantenido a Dalot y Shaw, ¿habría cambiado algo? Matthijs de Ligt apunta a volver en breve tras su lesión de noviembre de 2025, pero, ¿puede un solo central corregir una estructura entera? ¿Es momento de empezar a darle minutos serios a Ayden Heaven?
Porque la sensación es clara: cambian los nombres, no cambia el problema. A este United le marcan con demasiada facilidad.
Un desequilibrio que amenaza la temporada
La lectura es compartida dentro y fuera del vestuario: hay cosas ilusionantes en este United, pero la defensa tira por tierra buena parte del trabajo.
El nuevo mediocampo ofrece líneas de pase, da pausa y también llegada. Arriba, el talento es real y las ocasiones aparecen. El equipo, con balón, parece más cómodo que en otras temporadas recientes. Se reconocen patrones, se ven sociedades. Hay materia prima para construir.
Pero cada vez que el rival acelera por fuera, la estructura se desmorona. Los laterales siguen siendo el gran agujero. Luke Shaw todavía aporta calidad y lectura, pero ya no tiene la velocidad de recuperación de hace unos años. Cuando el equipo adelanta líneas, sufre a la espalda. Dalot, por el otro costado, padece problemas similares. El resultado es recurrente: los centrales se ven obligados a cubrir demasiados metros, saltar a bandas, corregir hacia atrás. Y ahí es donde se abren pasillos que los rivales empiezan a explotar sin piedad.
El verano se centró en arreglar el mediocampo. Misión parcialmente cumplida. Pero mientras se afinaba esa zona, la defensa quedó en un segundo plano. Hoy, con el inicio de temporada ya en marcha y el primer partido de Champions League a la vuelta de la esquina, la factura de ese desequilibrio empieza a llegar.
Carrick tiene talento ofensivo suficiente para que United marque muchos goles este curso. La cuestión es simple y brutal: ¿de qué servirá si cada semana necesita tres tantos para ganar un partido?






