Luca Zidane: El regreso del apellido al Mundial con Argelia
El apellido Zidane vuelve al Mundial… bajo los palos de Argelia
Cuando las cámaras hicieron zoom sobre la espalda del guardameta de Argelia en el debut ante Argentina, el estadio se detuvo un segundo. En la camiseta, un apellido que marcó una era: Zidane. No era Zinedine, el genio de Francia 98. Era Luca Zidane, su hijo, defendiendo la portería argelina con una máscara negra que acentuaba aún más la sensación de estar viendo algo histórico y extraño a la vez.
Hijo de una leyenda, portero de otra historia
Luca Zidane, 28 años, nació en Francia y creció en buena parte en España, a la sombra del brillo de su padre en el banquillo y en el césped del Real Madrid. Podía haber seguido el camino más evidente y vestir la camiseta de la selección francesa. Eligió otra ruta. Eligió la de sus raíces.
Los padres de Zinedine Zidane son argelinos, y esa identidad nunca se perdió en casa. Luca lo ha repetido en más de una ocasión: la cultura argelina marcó su infancia tanto como el balón. “Hemos vivido en una cultura argelina desde pequeños. Es un honor jugar para Argelia”, explicó en una entrevista anterior. No era una frase de compromiso. Era una declaración de pertenencia.
Ese compromiso le ha llevado al mayor escaparate posible: un Mundial, himnos sonando, cámaras en todo el planeta, y él, bajo el arco, con el apellido más pesado del torneo sobre la espalda.
Un debut en el ojo del huracán
El sueño, sin embargo, llegó en el escenario más cruel posible: frente a la vigente campeona del mundo. Argentina no perdona, y menos con Lionel Messi en modo depredador. El capitán albiceleste firmó un hat-trick y el partido terminó 3-0. Un baño de realidad para Argelia, una noche durísima para cualquier portero.
Pero el foco no se quedó solo en el marcador. La figura de Luca, vestido de verde y con una máscara negra cubriéndole el rostro, se convirtió en una imagen icónica del partido. No era un simple accesorio. Era la prueba visible de todo lo que había tenido que superar para estar ahí.
En abril, defendiendo la portería del Granada en la liga española, sufrió un durísimo golpe en un choque que le dejó fractura de mandíbula, lesiones en el mentón y una fuerte conmoción. Su presencia en el Mundial quedó en el aire. Para un portero, una lesión así no es solo física: es también un reto mental, una batalla contra el miedo al siguiente impacto.
El reloj corría en su contra. La cita mundialista se acercaba. Y, sin margen para errores, Luca apretó los dientes, se rehabilitó, se ajustó a la máscara protectora y llegó a tiempo. No solo para entrar en la lista, sino para adueñarse del dorsal número uno de Argelia en su regreso al mayor escenario del fútbol.
Un apellido, dos historias
Ver de nuevo “Zidane” en un Mundial despierta recuerdos inevitables. Francia 1998, la final ante Brasil, los dos cabezazos que cambiaron la historia de un país. Alemania 2006, el penalti a lo Panenka, la expulsión en Berlín. La imagen de Zinedine levantando la Copa del Mundo forma parte de la memoria colectiva del fútbol.
Dos décadas más tarde, el apellido vuelve al torneo, pero en otro rol. Ya no es el arquitecto del juego, el número 10 que manda en el mediocampo. Es el guardián de la portería de Argelia, el hombre que se planta frente a Messi y compañía con una máscara y una determinación que no entiende de nostalgias.
Para muchos aficionados, el impacto es doble. Por un lado, la emoción de volver a ver ese apellido en un Mundial. Por otro, la constatación de que la historia del fútbol no se repite, se transforma. El padre levantó la Copa con Francia. El hijo intenta escribir su propio capítulo con Argelia, el país de sus abuelos.
No hay garantías de que Luca Zidane vaya a marcar una época. Nadie se las dio tampoco a Zinedine antes de 1998. Lo que sí es seguro es que, en este Mundial, cada vez que Argelia salte al campo y la cámara se detenga en la espalda del portero, el fútbol recordará que algunos apellidos no solo se heredan: se reinventan.





