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Liverpool y su búsqueda de talentos homegrown en el mercado

Liverpool entra en la recta final del mercado con apenas dos semanas para maniobrar antes del cierre del 1 de septiembre. El club sigue insistiendo en el doble objetivo de Paris Saint-Germain, Bradley Barcola e Ibrahim Mbaye, pero el precio combinado se dispara por encima de los 150 millones de libras. Y ese no es el único problema.

El verdadero corsé está en la normativa de jugadores formados en casa de la Premier League. El central Ronald Araujo, cedido, se ha convertido en el 17º futbolista sénior no homegrown de la plantilla. Ese es el tope. De los 25 jugadores inscritos, solo puede haber 17 que no cumplan el criterio de formación local; los otros ocho deben ser homegrown.

Eso deja a Liverpool en un escenario claro: por cada fichaje no formado en Inglaterra o Gales, alguien tiene que salir. Un “uno dentro, uno fuera” permanente. En ese contexto, el club necesita imaginación… y jugadores que sí cuenten como homegrown. Ahí se abre una vía: grandes apuestas por talento local para reforzar la plantilla antes de que baje la persiana del mercado.

Ethan Nwaneri, el heredero ideal para el costado derecho

El nombre de Ethan Nwaneri aparece en rojo en más de una libreta de ojeadores. El extremo de Arsenal, de 19 años, sería una operación complicadísima. En el norte de Londres le tienen una fe enorme al internacional sub-21 inglés y, aunque todo apunta a que saldrá este mismo mes, venderlo a un rival directo no entra precisamente en sus planes.

Pero si va a marcharse de todos modos, ¿por qué no intentarlo con una oferta descomunal? Nwaneri encaja como un posible relevo a largo plazo de Mohamed Salah: juega pegado a la derecha, es zurdo y también puede actuar como mediapunta, flotando por detrás del delantero.

Hay un matiz clave: por su edad, no ocuparía plaza en la lista de 25 de inmediato, pero sí lo haría en los próximos años. Y eso tiene peso en Anfield, donde se asume que Joe Gomez y Curtis Jones podrían abandonar el club en los próximos 12 meses. Blindar ahora un talento homegrown de ese perfil sería una jugada de futuro.

Ivan Toney, póliza de seguro para el ataque

Del futuro lejano al presente más urgente. Ivan Toney representaría un fichaje de impacto inmediato. Hincha de Liverpool desde niño, el delantero vive un momento dulce en Arabia Saudí, donde marca con una facilidad que ha devuelto su cotización a niveles altos. Sería un salto de calidad evidente respecto a Federico Chiesa como recambio principal de Alexander Isak.

Chiesa e Isak arrastran historiales de lesiones. Toney, con su experiencia contrastada en la Premier League tras brillar en Brentford, ofrecería algo que Klopp siempre ha valorado: fiabilidad en el área, carácter competitivo y un perfil de ‘9’ capaz de fijar centrales y castigar cualquier error.

El problema es que nada en esta operación sería barato. Su club saudí puede exigir una cifra muy elevada y el salario del delantero también apunta alto. A eso se suma un obstáculo extradeportivo: Toney ha sido acusado de agresión en una discoteca de Londres y debe comparecer ante el tribunal el mes que viene. Ese proceso judicial podría enfriar cualquier intento serio de Liverpool, por muy tentador que resulte su nombre en la pizarra.

Qué significa ser homegrown

En medio de todas estas cábalas, la definición técnica importa. Un jugador se considera homegrown si, sin importar su nacionalidad o edad actual, ha estado afiliado a cualquier club de Inglaterra o Gales durante tres temporadas completas o 36 meses antes de cumplir 21 años.

También entra en esa categoría quien acumule esas tres temporadas o 36 meses como jugador registrado antes de que termine la campaña en la que cumple 21. Los futbolistas sub-21, además, no ocupan plaza en la lista de 25, lo que abre un pequeño resquicio para maniobrar con jóvenes como Nwaneri.

Archie Gray, el comodín total

Si Liverpool busca versatilidad extrema, Archie Gray es el prototipo. Un auténtico “cuchillo suizo” del fútbol inglés. A sus 20 años —cumple 21 en marzo— ya ha jugado en la Premier League como mediocentro, pivote defensivo, lateral derecho, lateral izquierdo e incluso como central en momentos puntuales.

Tottenham pagó 40 millones por él hace dos veranos y no tiene intención de desprenderse de una de sus joyas sub-21. Sin embargo, el fuerte gasto de los londinenses en el centro del campo abre una pequeña grieta para negociar.

Newcastle ya ha llamado a la puerta y se ha encontrado con negativas, lo que dibuja la magnitud del precio: harían falta, como mínimo, 70 millones para sentarse de verdad a hablar. Es una cifra alta, pero su techo futbolístico también lo es. Para un Liverpool que necesita calidad y flexibilidad táctica, Gray sería una apuesta cara… y muy seria.

Adam Wharton, el director de orquesta que encaja en Anfield

En el centro del campo aparece otro nombre mayúsculo: Adam Wharton. Para sacarlo de su club haría falta un desembolso que superaría con claridad los 80 millones de libras. Un movimiento arriesgado, sí, pero el perfil del jugador encaja como anillo al dedo en lo que Liverpool busca entre líneas.

Con solo 22 años, Wharton destaca por su capacidad para filtrar pases tensos y precisos hacia los delanteros, rompiendo líneas con naturalidad. Tiene la técnica para asumir el rol de Ryan Gravenberch y asentarse junto a Dominik Szoboszlai como pieza estructural del centro del campo.

Dentro del club existe una fe notable en la progresión de Trey Nyoni, lo que hace que, hoy por hoy, una operación de este calibre parezca poco probable. Aun así, Wharton es un futbolista al que Liverpool lleva tiempo siguiendo muy de cerca. Un golpe de efecto en los últimos días de mercado no puede descartarse del todo, aunque el coste, a estas alturas, sería brutal.

Quedan dos semanas, un límite de no homegrown ya alcanzado y varias oportunidades homegrown sobre la mesa. Entre el presente y el futuro, entre el equilibrio económico y la ambición deportiva, Liverpool está a punto de revelar qué tipo de club quiere ser en este mercado.