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Levante logra un vital 3-2 ante Osasuna en La Liga

En el Estadio Ciudad de Valencia, la noche se cerró con un 3-2 que sabe a oxígeno puro para Levante y a golpe duro para Osasuna. En una jornada 35 de La Liga que ya no concede margen de error, el equipo granota, penúltimo con 36 puntos y un balance global de 41 goles a favor y 57 en contra (una diferencia de -16), se aferró a su fortaleza relativa en casa para tumbar a un rival instalado en la zona media: Osasuna, décimo con 42 puntos y un total de 42 goles anotados y 45 encajados (GD -3).

I. El gran cuadro táctico: necesidad contra comodidad

Sobre el papel, el contexto era claro. Heading into this game, Levante llegaba en plena batalla por la permanencia, con una temporada marcada por su fragilidad defensiva: en total encajaba 1.6 goles por partido, con 1.6 en casa, a cambio de 1.3 tantos anotados por encuentro en su estadio. Osasuna, en cambio, vivía una campaña de doble cara: sólido en El Sadar (1.7 goles a favor y 1.2 en contra en casa), pero muy débil lejos de Pamplona, donde solo marcaba 0.7 goles por partido y recibía 1.4.

El guion del 3-2 encaja con esa asimetría. Levante explotó su versión más agresiva como local, fiel al 4-4-1-1 dibujado por Luis Castro, mientras Osasuna, con su habitual 4-2-3-1 de Alessio Lisci, volvió a mostrar las grietas que le han lastrado “on their travels”.

La estructura granota fue nítida: M. Ryan bajo palos; una línea de cuatro con J. Toljan y M. Sánchez en los laterales, Dela y M. Moreno en el eje; un centro del campo en bloque de cuatro con K. Tunde y V. García en las bandas, O. Rey y P. Martínez por dentro; J. A. Olasagasti como mediapunta y C. Espi como referencia. Enfrente, Osasuna respondió con S. Herrera en portería; V. Rosier, A. Catena, F. Boyomo y A. Bretones atrás; doble pivote con J. Moncayola e I. Muñoz; línea de tres creativa con R. García, A. Oroz y R. Moro por detrás del ariete A. Budimir.

II. Vacíos y ausencias: la manta corta de Levante

La victoria de Levante se construyó, en parte, contra sus propias ausencias. El listado de bajas era largo y sensible: C. Álvarez (lesión), K. Arriaga (sanción por amarillas), U. Elgezabal (lesión de rodilla), A. Primo (hombro), I. Romero (problema muscular). Cinco piezas menos para una plantilla que ya sufría por profundidad. La respuesta fue un once muy definido, con poco margen para la rotación, y un banquillo cargado de juventud y alternativas ofensivas (J. Morales, I. Losada, K. Etta Eyong, T. Abed, P. Cortes) más que de especialistas defensivos.

Osasuna, por su parte, solo tenía la ausencia de V. Muñoz por lesión muscular, un contratiempo asumible dentro de una plantilla más compensada. Sin embargo, la distribución de esfuerzos y la gestión de los momentos del partido volvieron a penalizar a un equipo que, pese a su buena clasificación, no ha sabido trasladar su solidez de casa a los desplazamientos.

En el plano disciplinario, el choque se enmarca en una tendencia clara de ambos: Levante es un equipo que ve cómo sus amarillas se concentran en los tramos finales; en total, el 18.75% de sus tarjetas amarillas llegan entre el 76’ y el 90’, y otro 16.25% entre el 91’ y el 105’. Osasuna también sube revoluciones al final: el 20.73% de sus amarillas se producen del 76’ al 90’, con otro 14.63% en tiempo añadido. No extraña, por tanto, que el tramo final del partido en Valencia fuera de máxima tensión, con duelos divididos, interrupciones y un ritmo emocionalmente desbordado.

III. Duelo de élites: cazador contra escudo, motor contra destructor

El gran foco previo estaba sobre A. Budimir. Con 17 goles en 34 apariciones, el croata se presentó como uno de los grandes depredadores del campeonato. No solo marca: ha disparado 77 veces, con 37 remates a puerta, y además ha ganado 164 de sus 346 duelos, lo que le convierte en un delantero que fija, choca y castiga. Sus 6 penaltis anotados en total esta temporada, pese a 2 fallados, subrayan su peso en el área.

Frente a él, la zaga de Levante no partía precisamente desde la seguridad: en total encajaba 1.6 goles por encuentro, con 28 tantos recibidos en 18 partidos en casa. Dela y M. Moreno estaban obligados a reducir espacios interiores, mientras los laterales J. Toljan y M. Sánchez debían contener las llegadas de R. Moro y A. Bretones, además de los centros hacia Budimir.

En el otro área, la figura de C. Espi emergía como contrapunto. El joven delantero de Levante suma 9 goles en 22 apariciones, con 38 tiros y 20 a puerta, y una notable capacidad para ganar duelos (82 sobre 170) y atacar el espacio. Su lectura de desmarques, apoyada por la creatividad de P. Martínez entre líneas y la energía de V. García en el carril, era la principal amenaza sobre un Osasuna que, fuera de casa, había recibido ya 25 goles en 18 salidas.

En el centro del campo, el “engine room” se dibujó con nitidez: O. Rey y P. Martínez intentando dar pausa y filtrar pases, contra el binomio J. Moncayola–I. Muñoz. Moncayola, con 50 entradas totales, 19 intercepciones y 34 pases clave en la temporada, es el auténtico metrónomo físico y táctico de Osasuna. Su capacidad para saltar a presionar y, a la vez, corregir hacia atrás, era la llave para cortar las conexiones con Olasagasti y Espi. Sin embargo, el intercambio de golpes en la primera parte (2-2 al descanso) evidenció que el doble pivote rojillo sufrió más de la cuenta ante la agresividad interior granota.

Detrás de ellos, la figura de A. Catena, uno de los defensas más castigados disciplinariamente de la liga (10 amarillas y 1 roja), marcó el tono de la línea de cuatro. Sus 32 bloqueos y 32 intercepciones en total hablan de un central que vive en primera línea de fuego, pero también de un sistema que le expone. En Valencia, ese filo se volvió en su contra ante un Levante que buscó continuamente atacar su espalda y su costado débil en los cambios de orientación.

IV. Pronóstico estadístico y lectura del 3-2

Si se proyecta el partido sobre los datos de la temporada, el 3-2 encaja en un guion de intercambio de golpes más beneficioso para Levante que para Osasuna. Heading into this game, los granotas promediaban en casa 1.3 goles a favor y 1.6 en contra; Osasuna, a domicilio, 0.7 a favor y 1.4 en contra. Un duelo abierto, con ritmo y espacios, siempre iba a acercar el marcador a los patrones ofensivos de Levante y a las debilidades defensivas de Osasuna fuera de casa.

Desde la óptica de xG teórica —a partir de volumen de tiros, calidad de remate y tendencias—, un escenario de 2-2 o 2-1 podía parecer más “esperable”, pero la insistencia de Levante y la vulnerabilidad rojilla en los minutos finales, donde ambos equipos concentran buena parte de sus tarjetas y errores, inclinaron la balanza hacia el 3-2 definitivo.

Following this result, Levante mantiene viva la esperanza de permanencia apoyándose en un dato clave: en total ha dejado su portería a cero 8 veces, 4 de ellas en casa, y ha demostrado que, cuando se suelta, puede llegar a 4 goles en un partido como techo ofensivo. Osasuna, en cambio, confirma su talón de Aquiles lejos de Pamplona: solo 2 victorias en 18 salidas, 12 derrotas y una incapacidad recurrente para sostener ventajas o manejar marcadores ajustados.

El Ciudad de Valencia fue, esta vez, escenario de resistencia más que de resignación. Y en una temporada donde los números parecían condenar a Levante, la noche del 3-2 abre, al menos, una rendija para creer que, con este once agresivo y un C. Espi en plena eclosión, la salvación aún no es una quimera.