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Leeds United arranca la Premier League con victoria en Nottingham

Anton Stach salió disparado hacia el fondo del City Ground, brazos abiertos, tragándose el rugido de los aficionados de Leeds United desplazados hasta Nottingham. Su falta directa, impecable y tardía, no solo silenció a Nottingham Forest: transformó un punto sufrido en tres gloriosos en el estreno liguero de la Premier League.

Nada que ver con lo que vivieron aquí la temporada pasada.

De la herida de Dyche al Leeds que aprieta

En noviembre de 2025, Lukas Nmecha golpeó primero y adelantó a Leeds. Parecía una tarde plácida. Forest reaccionó con furia: tres goles, remontada y primera victoria de Sean Dyche al frente del equipo. Para Leeds, aquella derrota fue un aviso brutal sobre el fantasma del descenso. Para Forest, debía ser el inicio de una resurrección.

Nueve meses después, el guion se ha girado por completo. Es Leeds quien llega lanzado.

El equipo de Daniel Farke ha ganado cinco de sus últimos ocho partidos de liga y ha sumado 17 puntos desde comienzos de abril. Solo Arsenal, con 18, ha recogido más en ese tramo. La inercia es blanca, azul y amarilla.

“Esperaba un partido difícil fuera de casa ante Forest”, explicó Farke en BBC Match of the Day tras el triunfo. “Estoy muy contento de irme con la portería a cero y solo tengo cumplidos para los jugadores”.

No son palabras vacías. Respaldan una sensación creciente: Leeds ya no mira solo al retrovisor.

De sobrevivir a querer mandar

Con fichajes ilusionantes y un vestuario que se cree el discurso, el club se permite pensar más alto. La idea ya no es sobrevivir. Es asentarse. Crecer.

“Sabemos nuestras metas y objetivos”, subrayó el capitán Ethan Ampadu en BBC Final Score. “Queremos ser un club de Premier League la próxima temporada. Queremos lograr ese objetivo y luego llegar a un lugar mejor. Una vez que se consiga, pensaremos en todo lo demás”.

La pasada campaña Leeds terminó 14º, ocho puntos por encima del descenso. Una salvación relativamente cómoda… que oculta cómo empezó todo. El regreso a la élite fue turbulento: solo tres victorias en las primeras 13 jornadas, ocho derrotas y la presión cerrándose sobre Farke y sus jugadores.

El punto de inflexión llegó lejos de casa, en el Etihad Stadium. Aquel 3-2 ante Manchester City, el 29 de noviembre, no se tradujo en puntos, pero sí en una idea. Farke abandonó el 4-3-3 y apostó por un 3-5-2 que cambió el rumbo. Desde entonces, solo perdieron cinco partidos de liga.

“Hubo momentos en la primera mitad del año pasado en los que dejamos que los rivales nos pasaran por encima”, admitió Ampadu. “Queríamos ser más sólidos y poner nuestro sello en los partidos. Queremos la pelota, queremos ser atacantes y creativos”.

El mensaje caló. Y se notó, sobre todo, fuera de casa.

El peso simbólico de ganar lejos

En toda la temporada 2025-26, Leeds solo ganó dos veces a domicilio. Por eso el triunfo en el City Ground tiene un valor que va más allá de la tabla.

“Los partidos fuera de casa en la Premier League siempre son difíciles”, recordó Farke. “A veces el segundo año es más complicado. La temporada pasada sumamos muchos puntos con empates. Fuera de casa queremos ser competitivos y más efectivos”.

Esta vez lo fueron. Resistieron, supieron sufrir y encontraron en la pelota parada de Stach la vía de escape perfecta.

Un ultimátum, 80 millones y tres titulares

Todo esto pudo no haber ocurrido. Tras asegurar la permanencia, Farke lanzó un aviso claro al club: si la ambición del verano no iba a la altura de la suya, no se veía como “la elección adecuada” para seguir al mando.

La directiva escuchó. Y abrió la cartera.

Unos 80 millones de libras invertidos en refuerzos. Tres de esos fichajes fueron titulares en el estreno liguero y dejaron señales prometedoras.

En la portería, James Trafford respondió al precio que Leeds pagó a Manchester City: 45 millones, cifra récord para un guardameta británico. Atajadas firmes, decisiones claras, cero concesiones. Justificó cada libra.

En defensa, Tarik Muharemovic firmó un partido sobrio atrás y se presentó como amenaza en el área rival. Su testarazo, poderoso, obligó a Matz Sels a intervenir y dejó claro que también suma en ataque.

En la banda, Harry Wilson, llegado libre tras un curso con 10 goles y siete asistencias en Fulham, rozó el debut soñado. Marcó, pero el banderín del fuera de juego apagó la celebración.

“Desde el primer minuto que entraron al edificio han mostrado su calidad”, destacó Ampadu. “Han mostrado por qué han sido traídos para ayudarnos a llegar al siguiente nivel. Han mostrado ese hambre y esa ambición de llevar a Leeds a un lugar mejor, así que eso ha sido muy bueno”.

Farke coincidió con su capitán: “Estoy muy contento porque tienen botas muy grandes que llenar. Trafford es un buen jugador, pero no ha jugado tantos partidos de Premier League, Tarik tampoco. Los dos brillaron y mostraron por qué aceptamos ficharlos, pero todo el grupo estuvo excelente hoy. Wilson también estuvo excelente. El ambiente y el ánimo en el club son buenos”, remarcó el técnico, ahora tercer entrenador con más continuidad en la liga, solo por detrás de Mikel Arteta en Arsenal y Unai Emery en Aston Villa.

Stach, las viejas caras y una sensación nueva

El golpeo de Anton Stach en Nottingham fue la firma final de una tarde que explica muy bien en qué punto está Leeds: fichajes que responden, un plan reconocible y jugadores ya asentados que siguen apareciendo cuando más quema.

No hubo épica descontrolada ni victoria afortunada. Hubo oficio, convicción y un libre directo que puede convertirse en símbolo de algo más grande.

Si este es el Leeds del segundo año de Daniel Farke, con la base consolidada y 80 millones apuntalando la plantilla, la pregunta ya no es si va a sufrir. La verdadera incógnita es hasta dónde se atreverá a llegar.