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Kevin Ellison: de la Premier League a jugar a los 47 años

Kevin Ellison se ríe cuando lo recuerda, pero la escena sigue clavada en su memoria como si hubiera ocurrido anoche en Old Trafford. “Tuve cuatro toques y le hice una falta a Paul Scholes”, resume sobre su único partido en la Premier League con Leicester City, ante Manchester United, en 2001.

Aquella tarde compartió césped con Roy Keane, Ole Gunnar Solskjaer y el propio Scholes. Entró en el minuto 84, Leicester cayó 2-0 y su aventura en la élite inglesa terminó ahí. Un destello. Nada más.

Lo que no terminó fue su carrera.

De la obra y los repartos de muebles a la Premier

Antes de aquel salto, Ellison ya sabía lo que era que la puerta se cerrara en la cara. Su Liverpool natal le había dado la espalda y él alternaba un trabajo en la construcción con repartos de muebles —sofás, camas, armarios, lo que hiciera falta— mientras jugaba en el modesto Altrincham.

Luego apareció Leicester City con una oferta de 50.000 libras. Un sueño. “Me ofrecieron 650 libras a la semana y mi agente pidió más”, recuerda. “Lo echaron de la sala y me dijeron que firmara o me fuera. Saqué 50 libras más. Mi agente decía que estaba en algo parecido trabajando a tiempo completo y jugando a tiempo parcial. Pero yo, de niño en Anfield, solo quería ser jugador a tiempo completo”.

Lo logró. Firmó un contrato de dos años y medio. Parecía el principio de una vida nueva. Sin embargo, pronto descubrió que el fútbol profesional no protege de los golpes fuera del campo.

La autopista, el vacío y el giro decisivo

Los problemas familiares y la caída por las divisiones empezaron a empujarle hacia un lugar oscuro. Pasó de la Premier League a pelear por contratos en categorías inferiores y a preocuparse por cómo llegar a fin de mes.

“El momento más oscuro fue conduciendo por la M6”, admite. “Lo recuerdo como si fuera ayer. Pensaba: ‘¿sería mejor la vida de los que me rodean si estrello el coche contra la mediana a 160 km/h?’. Así de profundo llegué”.

Ahí apareció la decisión que le cambió la vida. Hablar. Pedir ayuda. “Contarlo a los que tenía cerca y buscar ayuda, con terapia, fue la única manera de atravesar esas nubes negras. Estoy agradecido por lo que he vivido porque me ha abierto los ojos a muchas cosas en la vida”.

Hoy tiene 47 años. Y está vivo, sano y con ganas. Literalmente, sigue jugando.

Un veterano en la FA Cup

Ellison milita ahora en Vauxhall Motors, un club de Cheshire de las categorías no profesionales. Si salta al campo ante Thackley, un equipo de Yorkshire, en la ronda preliminar de la FA Cup, se convertirá en uno de los jugadores de más edad en disputar el torneo.

“Todos dicen que debería estar en una residencia”, bromea. Ha jugado en las ocho principales categorías del fútbol inglés y forma parte del reducido grupo de futbolistas que han superado los 1.000 partidos en casi tres décadas de carrera y 18 clubes.

“He perdido la cuenta del número exacto de encuentros, siendo sincero. Pero sigo teniendo ese fuego en el estómago y todavía me pongo un poco nervioso antes de los partidos. Sigo aquí, jugando con 47 años. Y estoy agradecido por ello”.

Un niño de Anfield al que le cerraron la puerta

Ellison creció en el barrio de Anfield, a cinco minutos andando del estadio de Liverpool. Jugó para los equipos escolares de la ciudad y pasó por el centro de excelencia del club junto a Michael Owen y Steven Gerrard.

De niño caminaba hasta el estadio los días de partido y se plantaba junto a la Kop, esperando a que los empleados abrieran las puertas a falta de unos 20 minutos para el final, cuando algunos aficionados se marchaban antes del pitido.

“Mientras ellos salían, yo corría hacia dentro y veía el final del partido”, cuenta. “Me encantaba ver a John Barnes e Ian Rush”.

Soñaba con vestir de rojo. Pero mientras Owen y Gerrard se quedaban, a él lo dejaron marchar a los 15 años.

“Recibí la carta de Liverpool”, recuerda. “Decía: ‘gracias por tu esfuerzo durante los últimos siete años y buena suerte en el futuro’. Fue devastador. Pensé: ‘ya está, nunca seré futbolista’”.

En casa, la respuesta fue distinta. “Mi madre me dijo: ‘arremángate, chaval. Sigue trabajando duro y tu oportunidad llegará’. Es como casi todo en la vida: solo sacas lo que pones. Y yo no me rendí a los 15. Ese rechazo me espoleó. Quería demostrar que era lo bastante bueno para ser profesional algún día”.

Ascenso desde el barro

Tras un paso por las ligas de domingo, Southport le abrió una puerta en la quinta categoría, con Ronnie Moore en el banquillo. Debutó con 18 años, saliendo desde el banquillo en una derrota 1-0 en casa ante Telford en marzo de 1997. Cobró 65 libras en dietas. Nada más. Pero era un comienzo.

Después llegaron Chorley, Conwy United en la League of Wales y, más tarde, Altrincham, donde empezó a llamar la atención con 23 goles en 54 partidos de liga.

“Aprendí por las malas”, admite. “Jugaba a tiempo parcial y trabajaba a tiempo completo en una obra y repartiendo muebles”.

Ese camino, duro y sin focos, le preparó para lo que vendría después.

Promociones, Wembley y goles por toda Inglaterra

Su carrera, lejos de quedarse en la anécdota de Leicester, se llenó de capítulos que muchos profesionales envidiarían.

Ascendió al Championship con Hull City en 2005. Disputó dos finales de ‘play-off’ en Wembley, con Rotherham United en 2010 y con Newport County en 2021. En la cuarta categoría firmó 124 goles en 553 partidos de liga, 81 de ellos en 352 apariciones con Morecambe entre 2011 y 2020.

Nada mal para alguien que, a los 15, pensó que su sueño había muerto con una carta de despedida.

También conoció la otra cara. Formó parte del Chester City que descendió de la Football League en 2009, poco antes de que el club se hundiera económicamente. Mientras tanto, su salud mental se resentía por la muerte de familiares y amigos cercanos, y por la presión de mantener a una familia con contratos cortos y futuro incierto.

“Fue una acumulación de cosas: mi vida personal y toda la preocupación cuando me quedaban seis meses de contrato, preguntándome si tendría otro”, explica. “Tenía miedo de que me juzgaran, de que hablaran de mí, de que me dieran la espalda solo porque soy un hombre con un trabajo soñado y se supone que debo estar bien, sin que se den cuenta de que soy un ser humano con sentimientos como cualquiera.

Tuve pensamientos muy oscuros durante años de sufrimiento en silencio, cuando debería haberme abierto y haber hablado. No me avergüenzo de dónde he estado ni de lo que he pasado”.

Del vestuario al aula: el mensaje de un superviviente

Hoy Ellison combina los entrenamientos y partidos con Vauxhall Motors con un trabajo en un instituto de Liverpool, en el área de protección y bienestar del alumnado.

“El alumnado se ríe y me dice: ‘profe, solo jugaste una vez en la Premier League’. Yo les contesto: ‘sí, pero fue contra Manchester United, que entonces era el mejor equipo del mundo’”.

Cuando le preguntan qué le diría a quien esté sufriendo problemas de salud mental, no duda: “No te avergüences. Todo el mundo tiene problemas. Por favor, habla con tu familia y tus amistades. Ábrete, hay gente dispuesta a ayudar y a escuchar”.

¿Hasta cuándo?

Con su 48 cumpleaños a seis meses de distancia, la pregunta es inevitable: ¿hasta cuándo piensa seguir?

“No lo sé, sinceramente. Lo que sí sé es que tengo que trabajar el doble para seguir el ritmo de todos los jóvenes que vienen”, responde. “El fútbol ha sido mi vida. Sigo aprendiendo y sigo teniendo ese hambre y ese deseo de hacerlo bien. Mientras tenga eso, quiero seguir jugando.

De Leicester City a Vauxhall Motors, he jugado en las ocho principales categorías. Algunos dirán que no he jugado bien en ninguna de ellas”.

Sonríe. Y se prepara para otro partido más, quizá otro capítulo improbable en la FA Cup. Porque, a los 47, Kevin Ellison sigue corriendo contra el reloj y contra todas las etiquetas que intentaron decirle, demasiadas veces, que su historia ya se había acabado.