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Gattuso y su profunda herida tras el Mundial 2026

Gennaro Gattuso no esconde las cicatrices. Ni siquiera después de una victoria.

Acaba de debutar en la Serie A al mando de la Lazio con un triunfo por 1-0 en el campo del Bologna, pero cuando le mencionan a la selección, el gesto cambia. Vuelve a 2026. Vuelve a la herida.

“Una herida profunda”

El exseleccionador de la Azzurra admite que no clasificar a Italia para el Mundial de 2026 le ha marcado para siempre. El playoff perdido ante Bosnia-Herzegovina no solo dejó a la selección fuera de su tercera Copa del Mundo consecutiva. También cerró de golpe su etapa en el banquillo nacional.

Gattuso presentó su dimisión en abril, apenas unos días después de aquella derrota. Y ahora, ya como técnico de la Lazio, habla sin escudos.

“Tuve diez meses maravillosos”, recordó tras el triunfo en Bologna. “Los chicos a los que entrené me lo dieron todo. Y es una herida que se quedará mientras viva, porque fue una herida profunda”.

No hay maquillaje en sus palabras. Ni excusas. Solo la constatación de un fracaso que pesa tanto como cualquier título que levantó como jugador.

El regreso de Mancini

Tras su salida, la Federación Italiana decidió mirar al pasado para intentar enderezar el futuro. En julio, Roberto Mancini fue reinstalado como seleccionador. Un regreso cargado de simbolismo y también de dudas.

Mancini ya había dirigido a Italia entre 2018 y 2023. En ese ciclo firmó una de las noches más grandes de la historia reciente de la selección con la conquista de la Euro 2020. Después llegó el golpe: la ausencia en el Mundial 2022.

Ahora vuelve para intentar corregir el rumbo de un país que se ha acostumbrado, peligrosamente, a ver los Mundiales por televisión. Gattuso, lejos de cualquier rencor, se alinea con él.

“Diría que es un gran entrenador, con una enorme experiencia”, subrayó. “Es un gran gestor; es alguien que ya ha ganado con la selección y, obviamente, le deseo todo lo mejor de corazón”.

Un casting lleno de giros

El camino hasta Mancini no fue recto. Ni mucho menos.

Andrea Pirlo llegó a situarse como principal candidato para relevar a Gattuso después de que los intentos de seducir a Carlo Ancelotti y Pep Guardiola quedaran en nada. Dos negativas de peso que obligaron a la federación a cambiar de plan.

Pirlo parecía el elegido, pero la operación se vino abajo por un obstáculo extradeportivo: un acuerdo de patrocinio ya firmado con una casa de apuestas que complicaba su desembarco en el banquillo nacional.

Mientras tanto, desde la Lega Serie A se empujaba en otra dirección. Su presidente, Ezio Maria Simonelli, desveló que la liga apostaba con fuerza por un segundo ciclo de Antonio Conte al frente de la selección. La federación, sin embargo, optó finalmente por el retorno de Mancini.

Un rompecabezas político, deportivo y económico que deja claro el nivel de presión que rodea hoy al cargo de seleccionador italiano.

Gattuso mira al club; Italia, al horizonte

Gattuso, por su parte, ha decidido cerrar —al menos de momento— el capítulo de los banquillos de selecciones. En junio firmó con la Lazio y ha volcado ahí toda su energía. El objetivo es simple y brutal: reconstruir su carrera desde el día a día del club, mientras aprende a convivir con esa “herida” de 2026.

Italia, en cambio, no tiene tiempo para lamerse las suyas. Debe reaccionar.

Simonelli ha llamado a la unidad. Ha pedido que todo el entorno del fútbol italiano —clubes, federación, aficionados, medios— se compacte detrás de Mancini en esta nueva etapa. El calendario no da tregua.

El próximo gran examen ya tiene fecha y rival: 25 de septiembre, ante Bélgica, en la UEFA Nations League. Un escenario exigente para un seleccionador veterano que carga con una misión mayúscula: devolver el orgullo a la camiseta azzurra y empujar de nuevo al fútbol italiano hacia la cima del juego internacional.

La herida de Gattuso quedará para siempre. La pregunta es si Mancini será capaz de evitar que Italia acumule otra más.

Gattuso y su profunda herida tras el Mundial 2026