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Folarin Balogun y el caos del mercado de fichajes en Everton

El martes, a la hora de la comida, el plan parecía perfecto. Folarin Balogun bajó de un jet privado en el aeropuerto Liverpool John Lennon y todo apuntaba a que Everton, por fin, tendría el ‘9’ que llevaba persiguiendo todo el verano.

Había acuerdo con Monaco: 45 millones de euros fijos, 5 en variables. Balogun, el delantero de Estados Unidos que deslumbró en el Mundial con tres goles en cuatro partidos, estaba a un reconocimiento médico de convertirse en la gran apuesta ofensiva del nuevo proyecto en Goodison Park. Tanto creían en ello en el club que dieron luz verde a la salida definitiva de Beto a Fiorentina por 18 millones de euros.

Nadie imaginaba entonces el efecto dominó que estaba a punto de desencadenarse. Ni que aquel vuelo desde Niza acabaría derribando, de paso, el fichaje de Lamine Camara por Chelsea y dejando a tres clubes y varios jugadores en una situación incómoda, cuando no furiosa.

Un día de ilusión en Finch Farm

En Finch Farm, el martes arrancó con optimismo. Everton tenía encarrilados tres movimientos de impacto: Balogun, Ainsley Maitland-Niles desde Lyon y el regreso de Jack Grealish cedido por Manchester City. Los tres pasaron reconocimiento médico en las instalaciones del club.

Balogun era el gran objetivo. Llevaban semanas hablando con su entorno, pero solo en los últimos días se abrió de verdad la puerta a un acuerdo con Monaco. De firmar, habría entrado en el escalón salarial más alto de la plantilla, junto a Jordan Pickford, Jarrad Branthwaite y Kiernan Dewsbury-Hall.

En el Principado también lo veían como un final de ciclo. Tras tres años en el club y un Mundial que reforzó su cartel, Monaco estaba preparado para vender. Thiago Scuro, su director general, lo había dejado entrever el mes anterior. Y el miércoles, en rueda de prensa, lo confirmó sin rodeos: “Habíamos trabajado con antelación para reemplazarlo y estábamos totalmente listos para hacerlo”.

La última temporada había sido la de su explosión: 19 goles en todas las competiciones, con una racha de 10 tantos en 10 partidos. Su primer curso se había quedado en siete goles en Ligue 1 y cuatro penaltis fallados; el segundo, marcado por una lesión de hombro. El tercero debía ser el del salto a otra liga.

Las primeras señales de alarma

A medida que avanzaba el día, en Everton empezaron a detectar pequeñas grietas en un acuerdo que parecía sencillo. El vuelo privado desde Niza, previsto para primera hora de la mañana, se retrasó y no aterrizó hasta el mediodía. Nada dramático, pero en un deadline day cada minuto cuenta.

El club pidió los datos GPS del jugador, un procedimiento habitual en operaciones de este calibre. Lo que vieron en esa información no les gustó del todo. A las 19.00, con el mercado ya al rojo vivo, Everton comunicó a Monaco que el reconocimiento médico de Balogun había arrojado un problema potencialmente grave para el traspaso.

“Nos contactaron planteando dudas sobre la revisión médica de Balogun que, para nuestro cuerpo médico y para el equipo médico personal del jugador, no tenía ningún sentido”, explicó Scuro el miércoles. “Las explicaciones no eran suficientes para justificar preocupaciones sobre el futuro del jugador, que no existen”.

En ese momento, el escenario cambió por completo. Y Chelsea olió sangre.

Chelsea entra en escena con Lamine Camara

Monaco llevaba diez días en conversaciones con Chelsea por Lamine Camara, internacional senegalés de 22 años. Hasta entonces, la postura del club francés era clara: vender a Balogun, retener a Camara un año más.

El giro de Everton abrió una rendija. “Y entonces, por supuesto, Chelsea vio la oportunidad”, relató Scuro. Con la venta de Enzo Fernández a Manchester City acordada, el club londinense aceleró. “Monaco necesita dinero. Balogun se complica. Vamos a intentarlo”. Así lo describió el dirigente, aceptando el juego del mercado.

Hacia las 20.00, Monaco y Chelsea se sentaron a negociar en serio por Camara. Poco más de una hora después, había acuerdo: 55 millones de euros, contrato de seis años para el jugador con opción a uno más y reconocimiento médico completado.

Mientras tanto, Everton, consciente de que el fichaje de Balogun se tambaleaba, empezó a buscar alternativas a contrarreloj. Joshua Zirkzee, ahora en Manchester United y que ya había pasado por la cantera de los toffees a prueba, apareció como opción. También Tammy Abraham, en Aston Villa.

A las 17.00 se produjo el primer contacto por Zirkzee; a las 20.00, la primera oferta formal a United. Abraham dejó claro que quería seguir en Villa. United, por su parte, rechazó la propuesta de cesión por Zirkzee: no tenían tiempo para encontrar un sustituto.

Parecía que Everton se quedaba sin red. Pero el mercado siempre guarda un giro más.

El acuerdo renace… y muere en el último minuto

Tras las dudas médicas, las partes rediseñaron la operación Balogun: menos dinero fijo de entrada, más variables ligadas al rendimiento. El jugador mantenía intactas sus condiciones personales. El acuerdo, de repente, volvía a estar vivo.

Con ese nuevo marco, Monaco llamó a Chelsea a las 23.00. El mensaje fue directo: el traspaso de Camara quedaba cancelado. En Londres, la reacción fue de indignación. El jugador ya se veía de azul, el club daba por cerrada la operación y en Stamford Bridge consideran la maniobra de Monaco “extraordinaria” y profundamente poco profesional.

Everton y Monaco, convencidos de que Balogun firmaría, enviaron la dealsheet antes del cierre de las 23.00, activando el mecanismo de la Premier League que permite una hora extra para completar la documentación.

“Cinco minutos antes del cierre del mercado pedimos esa hora para terminar el papeleo entre Monaco, Everton y Balogun”, detalló Scuro. “Yo firmé el contrato, Everton firmó el contrato”.

Faltaba una firma. La del jugador.

“En el último momento, el jugador decidió no firmar”, continuó el ejecutivo. Según su versión, Balogun alegó que no se sentía bien con el modo en que se había gestionado su situación. Le pesaba que el departamento médico de Everton hubiera puesto en duda su salud y su futuro. “No estoy cómodo para firmar un contrato largo aquí”, habría transmitido. Y ahí se cerró, en seco, el mercado para Monaco.

Scuro fue tajante: “Es la primera vez en mi carrera que veo un último día de mercado como este”.

Efecto dominó: Camara, Lira, Chelsea… y nadie gana

Con Balogun echándose atrás, el castillo se derrumbó. Chelsea ya no podía reactivar la operación Camara: Monaco no había firmado la dealsheet necesaria para beneficiarse también del margen extra de tiempo. El traspaso de Erik Lira desde Cruz Azul a Monaco, ligado a la salida de un jugador extracomunitario, también se vino abajo.

El resultado final fue un desastre colectivo. Monaco no ingresó el dinero que esperaba por Balogun, clave para cuadrar cuentas y acometer otras operaciones. Everton se quedó con un solo delantero centro sénior, Thierno Barry. Chelsea se sintió ninguneado por la gestión de Monaco. Y Camara, que ya se veía en la Premier League, se encontró de vuelta al punto de partida.

Su agente, el exdelantero de Fulham Diomansy Kamara, estalló en redes sociales. En un mensaje en Instagram, denunció la falta de respeto hacia los futbolistas africanos. Reclamó que se les deje de tratar como “mercancía”, recordando que detrás de cada contrato hay una persona, una carrera, sueños y decisiones de vida. Aceptó que los clubes suelen tener la última palabra, pero lanzó una pregunta que resonó en todo el entorno del jugador: ¿dónde queda la voluntad del futbolista en decisiones que marcan su futuro?

Everton, entre el ridículo y la resignación

Para Everton, el cierre de mercado fue un golpe duro. Iliman Ndiaye, uno de los favoritos de la afición, se marchó a Manchester City. El intento de vender al canterano Harrison Armstrong a Nottingham Forest se frenó por la reacción airada de los hinchas. Y, en medio de ese caos, la cuenta oficial del club en X publicó a las 22.10 una promoción del ‘Toffee Doughnut’ que desató la mofa de su propia afición.

Los propietarios, The Friedkin Group —también dueños de Roma—, tuvieron además un día frenético en Italia: Gian Piero Gasperini vetó la salida de Manu Koné a Chelsea y el fichaje de Jamie Leweling desde Stuttgart también se cayó.

En Liverpool, el plan ahora es claro: fichar un delantero en enero. Hasta entonces, Barry será la referencia, con la opción de utilizar a Tyrique George como punta si es necesario. Brennan Johnson y Tyler Dibling aparecen como otras alternativas internas para parchear la falta de gol.

Monaco mira a París, Balogun mira al futuro

En el Principado, el foco se desplaza ya a lo deportivo. El viernes espera Paris Saint-Germain, fuera de casa, un examen mayúsculo tras un mercado que ha dejado heridas abiertas.

En la rueda de prensa del miércoles, un cansado Scuro evitó avivar el fuego con Chelsea y Everton. No quiere “crear una guerra”, dijo. Según French Football News, Lamine Camara se reincorporó a los entrenamientos ese mismo día. Balogun, no.

“Con Balogun solo hablé por teléfono”, explicó el dirigente. “Sus argumentos son claros. Está de vuelta. Tomó la decisión. No hay una gran razón para que se vea muy afectado, porque es su decisión”.

Sobre Camara, mostró empatía: entendía que el jugador se hubiera ilusionado con las conversaciones con el entrenador de Chelsea y con todo lo que un club así puede prometer. Scuro aprovechó también para criticar que el mercado francés cierre a las 20.00, antes que el inglés, lo que les impidió reaccionar y buscar reemplazos. “Quizá deberíamos empezar a hablar de seguir a otros países que se quedan uno o dos días más”, lanzó.

Filipe Luis, técnico de Monaco, fue directo en su propia comparecencia: espera que Camara juegue ante PSG. “Está al 100% para jugar y necesita jugar. Su cabeza tiene que estar donde más le gusta, en el campo”.

Un protagonista en el ojo del huracán

En medio de todo, Balogun vuelve a quedar expuesto. Ya en el Mundial fue uno de los nombres más comentados del torneo cuando su sanción por roja se anuló antes del cruce ante Bélgica tras una intervención del presidente de Estados Unidos, Donald Trump.

En las últimas semanas cambió de agente, pasando a estar representado por Jorge Mendes tras dejar a Eddie Bonsu y Elite Project Group. Tiene contrato con Monaco hasta el verano de 2028, después de llegar desde Arsenal en 2023 por 40 millones de euros, con un 17,5% de plusvalía futura reservado para el club londinense.

La puerta de la Premier League se ha cerrado, al menos por ahora. Pero los mercados de Turquía y Arabia Saudí siguen abiertos.

Después de un culebrón tan enrevesado, con un avión privado, tres clubes grandes en juego, un contrato firmado a medias y un “no” en el último segundo, la pregunta es inevitable: ¿cuál será el próximo movimiento de Folarin Balogun?