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El debut de Konstantelias y Karetsas en el Dortmund

El Signal Iduna Park llevaba tiempo esperando algo así. Un fútbol que levantara a la gente del asiento, que encendiera la grada sin traicionar la pizarra. El sábado, en el 2-0 ante el Hamburger SV, Borussia Dortmund por fin lo tuvo. Y lo tuvo con acento griego.

“Son dos chicos que nos dan una dimensión diferente, y lo harán aún más; ya lo han demostrado hoy”, dijo Niko Kovac en Sky, señalando a Giannis Konstantelias y Konstantinos Karetsas. No era una frase hueca. Durante 45 minutos, los dos recién llegados convirtieron el estreno liguero en una especie de presentación de su propio proyecto futbolístico.

La nueva chispa griega

Konstantelias y Karetsas no solo ocuparon el espacio que dejó Julian Brandt tras su marcha al Ajax Amsterdam. Lo reinterpretaron. Todo lo que ofrecía el alemán —claridad entre líneas, último pase, pausa cuando hacía falta— lo aportan también ellos, pero con una virtud extra que en Dortmund se echaba de menos: la capacidad de encender un partido desde parado.

Los dos griegos, fichados desde ligas europeas menores, aceleran sin carrerilla, giran sin aviso, inventan sin necesidad de ventaja previa. Son más agresivos con y sin balón, más proactivos. En esos metros entre la defensa y el mediocampo rival, donde tantas veces se atasca un equipo, ellos abren puertas que antes ni existían.

Ante el HSV, en una primera parte muy viva, fueron el motor del ataque del BVB. Konstantelias confirmó lo que ya había insinuado en la Supercopa ante el Bayern (1-2): control pegado al pie a máxima velocidad, agilidad de tobillos, movimientos fluidos, siempre orientado hacia portería. Y, algo que en Dortmund se valora mucho, una agresividad feroz cuando hay que recuperar.

A la media hora, una presión suya en el centro del campo terminó en robo y rugido de la grada. Era el tipo de gesto que conecta de inmediato con el público.

Un debut de ensueño… y una pesadilla

La guinda llegó poco antes del descanso. Konstantelias firmó el 2-0 en su estreno liguero con la camiseta del BVB. El disparo se desvió en un defensa del Hamburgo, sí, pero la jugada rebosó ingenio: el internacional griego buscó el primer palo con un remate sin mirar, un detalle de confianza impropio de un recién llegado.

“Primera parte, top, perfecta. Hicimos todo lo que queríamos hacer”, celebró en Sky el jefe de la zaga, Waldemar Anton. Y nadie en el estadio le llevaba la contraria.

En apenas unos 100 minutos oficiales de blanco y negro, Konstantelias ya caminaba directo hacia el estatus de favorito de la afición. La hinchada empezaba a imaginarse semanas de filigranas, paredes imposibles, conducciones en espacios mínimos.

Esa ilusión duró menos de 24 horas.

El domingo por la tarde llegó el golpe. Diagnóstico confirmado por el club: rotura del ligamento cruzado en su debut en la Bundesliga. Varios meses fuera. “Esta noticia nos golpea muy fuerte porque Giannis ha mostrado en muy poco tiempo por qué lo vemos como un gran jugador para el Borussia Dortmund”, lamentó el director general deportivo Lars Ricken. “Ahora el foco, el suyo y el nuestro, está en su recuperación. Tiene todo nuestro apoyo”.

Kovac ya había dejado entrever el temor la noche anterior: “Tenemos que hablar de algo más serio. El domingo tendremos la exploración. Pero no suena bien, por lo que me ha dicho el médico”.

La acción fue tan simple como cruel. Tras rozar su segundo gol, Konstantelias se lesionó la rodilla en un giro desafortunado durante un duelo. Se desplomó, pidió asistencia de inmediato y se marchó en el minuto 54 con gesto roto. Para un jugador que acababa de irrumpir con tanta fuerza, el castigo es demoledor. Para el BVB, también.

Un Dortmund distinto… con y sin Konstantelias

El fichaje de 26 millones de euros ya había dejado claro que elevaba el techo ofensivo del equipo. Con él en el campo, Dortmund fluía. Sin él, el juego se espesó. La pérdida de dominio en la segunda parte tuvo dos lecturas: el Hamburgo subió líneas y mejoró, pero también desaparecieron del césped buena parte de la movilidad y la imaginación que había incendiado el primer tiempo.

“Cuando Dortmund cambia de derecha a izquierda, juega entre líneas, te pasas el rato corriendo detrás del balón y no consigues presionar bien. Ese fue nuestro problema”, explicó el capitán del HSV, Nicolai Remberg, en Sky. Su análisis señalaba directamente a Konstantelias y Karetsas.

Los dos compatriotas se adueñaron de los espacios intermedios, intercambiaron posiciones con inteligencia, siempre con un control de balón limpio y agresivo. El ritmo lo marcaban ellos. Toques rápidos, giros cortos, pases al pie o al hueco, casi siempre con intención de hacer daño.

“Brutal”, resumió Anton sobre el impacto de los dos griegos. “La movilidad que tienen, lo peligrosos que son… Es una calidad enorme para esa edad y es algo que necesitamos también para el futuro. Me alegro de que los tengamos aquí”.

El problema ahora es evidente: Karetsas se queda sin su socio ideal justo cuando la conexión empezaba a carburar.

El rompecabezas de Kovac

En el palco y en el banquillo, la pregunta se impone: ¿cómo se reemplaza a Konstantelias? “Me dio una pena tremenda por el chico. Desde el primer día ha tenido una presencia increíble, también en el vestuario. Ya le queremos mucho”, confesó el director deportivo Ole Book, que vio desde la banda cómo se lesionaba el jugador por el que tanto había peleado en los despachos.

El sábado, Kovac reaccionó con una solución conservadora: Marcel Sabitzer entró por Konstantelias. El austriaco aportó orden, ayudas defensivas, experiencia. Lo que no pudo replicar fue la chispa, el descaro, ese punto de improvisación que había desarmado al Hamburgo.

Por perfil, el sustituto natural sería Samuele Inacio, el talento de 18 años que, sin embargo, vivió un estreno de pesadilla: entró, cometió una acción imprudente y vio la roja casi de inmediato. Que tenga el tipo de juego adecuado no significa que ya esté listo para asumir el peso creativo del equipo.

La otra opción interna es Maximilian Beier, más curtido, pero con un matiz clave: Kovac lo ve en banda para este proyecto. Moverlo por dentro para tapar el hueco de Konstantelias abriría otro boquete en las alas.

Mercado, urgencias y un viejo conocido

El reloj del mercado aprieta. El martes 1 de septiembre a las 20:00 se cierra la ventana estival y en Dortmund se debaten entre la prudencia y la necesidad. Ricken ya había dejado una puerta entreabierta antes de conocerse el alcance exacto de la lesión: “En función de lo grave que sea realmente, definiremos nuestros siguientes pasos. Pero una cosa es segura: en los próximos tres días no tenemos nada planeado”.

El plan puede cambiar de golpe.

El objetivo preferido antes de cerrar a Konstantelias, Said El Mala, ya no está en la mesa: renovó con el 1. FC Cologne. Esa vía se ha cerrado. Y eso reabre un nombre que nunca termina de irse del todo del radar del BVB: Jadon Sancho.

El inglés encaja por perfil. Mismo tipo de jugador que Konstantelias, con la capacidad de romper desde parado, de generar ventajas con un regate corto o un cambio de ritmo. Durante semanas se especuló con un nuevo regreso a Dortmund, rumores que se enfriaron tras la llegada de Karetsas y Konstantelias.

La situación ha cambiado. Sancho, que vivió en el BVB la mejor etapa de su carrera, sigue sin club tras acabar contrato con el Manchester United. Está libre, lo que reduce el riesgo financiero. Eso sí, tendría que aceptar una rebaja salarial notable para iniciar un tercer capítulo en el Westfalen. Y queda la incógnita deportiva: ¿puede el antiguo prodigio volver a acercarse a aquel nivel? Sus últimas cesiones a Chelsea y Aston Villa dejaron más dudas que certezas.

Kovac ya ha visto lo que puede ser su Dortmund con un mediapunta capaz de encender un partido desde la nada. La Bundesliga también. La cuestión ahora no es solo cuánto tardará en volver Giannis Konstantelias. La cuestión es si el club se atreverá a reconstruir esa “dimensión diferente” a contrarreloj, o si apostará por aguantar el vacío hasta que el griego regrese para reclamar, otra vez, el balón y el foco.