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El complicado debut de Enzo Maresca en la Community Shield

Hay matices. Es solo la Community Shield, y ningún equipo ha ganado la liga después de levantar ese trofeo desde 2018. El rival era el vigente campeón, con una pretemporada mucho menos agotadora que la de ellos. Y el mercado aún no ha terminado de recolocar las piezas: el centro del campo de Manchester City tendrá otra cara cuando se cierre el traspaso de Rodri al Barcelona.

Pero nada de eso disimula lo esencial: el debut de Enzo Maresca fue alarmantemente malo.

La pesada herencia de Guardiola

Sustituir a un técnico de la dimensión de Pep Guardiola nunca es sencillo. No es solo la sombra gigantesca que proyecta, ni la comparación inevitable. Es que su fútbol es tan particular que el relevo se vuelve un ejercicio casi quirúrgico.

Maresca conoce la casa. Fue asistente de Guardiola en la temporada 2022-23, bebe de las mismas ideas, pero su libreto no es una copia. Y Guardiola, además, nunca dejó de evolucionar. Aun así, incluso con todas esas atenuantes, la forma en que el City defendió en el 3-0 ante Arsenal resulta difícil de justificar.

Arsenal estuvo fino. Se le notó chispa, precisión en el pase, una fluidez que no siempre tuvo el curso pasado. Las dudas sobre una posible relajación tras poner fin a 22 años de espera por la liga, de momento, parecen exageradas. Los exámenes duros llegarán más adelante, sí.

El problema es que City pareció otra cosa: un equipo desordenado, sin filo arriba y caótico atrás.

Un segundo gol que lo resume todo

El tanto que más debería inquietar a Maresca es el segundo. No por espectacular, sino por lo contrario: Arsenal necesitó muy poco para marcar.

Martin Ødegaard levantó la cabeza y tuvo todo el tiempo del mundo para medir el centro. Christos Tzolis se escapó por la espalda de Abdukodir Khusanov. Kai Havertz, algo más comprensible por su rol, se despegó de Rúben Dias.

En defensa de Khusanov, conviene recordar que no es lateral derecho puro, aunque ya ha jugado ahí. Aun así, un extremo que se te pierde a la espalda no debería ser una sorpresa. Puede que sea cuestión de ritmo de pretemporada, de falta de tensión competitiva, pero el error fue desconcertante.

Y no fue un caso aislado. Fue el síntoma de algo mayor: un City permanentemente a destiempo, menos concentrado que Arsenal, menos intenso en cada duelo. Si el equipo aspira al título, no puede permitirse este arranque. Porque cuando por fin engrane —si es que engrana—, ¿cuántos puntos por delante estará ya el Arsenal?

Una banda izquierda desbordada

Los problemas no fueron solo individuales. En el costado derecho del City, la estructura se desmoronó.

Antoine Semenyo apenas entró en juego. Elliot Anderson, ubicado en el sector derecho del doble pivote, no consiguió frenar las subidas de Riccardo Calafiori. El lateral italiano, con alma de interior, firmó el primer gol y fue clave en la jugada del tercero.

Un lateral ofensivo, por muy libre que se sienta para ir hacia dentro, no debería desarmar así a todo un campeón de liga. Sin ayudas, sin ajustes, sin una mínima contención.

El vacío en el centro del campo

El gran agujero, sin embargo, está en la sala de máquinas.

Rodri se quedó en el banquillo, mientras su futuro se resolvía lejos del césped. El club aceptó una oferta del Barcelona el domingo por la noche. No se marcha solo un mediocentro de élite; se marcha el organizador, el jugador que ordena a todos los demás.

Enzo Fernández, con quien Maresca coincidió en Chelsea, parecía el elegido para ocupar su lugar. Pero el City no presentó oferta antes de la fecha límite de las 17:00 del viernes que Chelsea había fijado para vender al argentino. La oportunidad se esfumó.

Mateo Kovacic ya hizo de parche de Rodri durante buena parte de la temporada pasada, pero tiene 32 años. No es un proyecto, es un recurso de emergencia. Si a eso se suma la marcha de Bernardo Silva, el déficit en el centro del campo es evidente. Falta calidad, falta jerarquía, falta gente que mande.

Una plantilla que se encoge

En realidad, el problema va más allá del mediocentro. La plantilla del City empieza a parecer corta.

Rúben Dias y Marc Guéhi son los únicos defensas mayores de 25 años. En tres cuartos de campo sobran mediapuntas, pero Omar Marmoush nunca ha terminado de convencer como recambio de Erling Haaland.

El gasto de 200 millones de libras en enero de 2025 frenó una caída mayor, pero los fichajes de entonces —Marmoush, Khusanov, Vitor Reis, Nico González— no parecen hoy intocables. Si alguno se marchara, el impacto sería limitado.

El City, antaño quirúrgico en el mercado, ha empezado a equivocarse. Tijjani Reijnders, fichado el verano pasado por 50 millones, ya está con la maleta medio hecha. Rayan Aït-Nouri fue un fichaje desconcertante desde el primer día y el último año no ha cambiado esa percepción.

Maresca mira al otro banquillo y ve el contraste. La profundidad de la plantilla del Arsenal, las opciones que tiene Mikel Arteta en el centro del campo, la variedad de perfiles… La comparación invita al pesimismo.

Si se quiere ser amable, se puede hablar de una plantilla en transición. Pero empieza a haber signos de algo más preocupante: una plantilla en declive. Quizá estos dos últimos años no fueron tanto el tramo final del prime de Guardiola, sino la demostración de que solo su genio sostuvo a un City que ya se resentía.

¿El peor momento para heredar el trono?

Con todas las advertencias propias de un partido en agosto, el mensaje que deja la Community Shield es inquietante: Maresca puede haber llegado en el peor momento posible.

Tomar el relevo de una leyenda ya es un desafío mayúsculo en circunstancias ideales. Hacerlo con una plantilla desgastada, un centro del campo en obras y un rival directo creciendo con claridad plantea otra pregunta más dura:

¿Tiene este City, sin Guardiola, la fuerza para seguir siendo el equipo al que todos persiguen?