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De -17 a Europa: El viaje de Bournemouth

En el fondo visitante de Anoeta, una bandera lo resumía todo: “From -17 to Europe”. Del -17 a Europa. Un viaje condensado en una sola frase, imposible de imaginar cuando Bournemouth peleaba por no desaparecer del mapa profesional.

Anoche, en San Sebastián, ese lema cobró cuerpo. Victoria 2-1 ante Real Sociedad en el debut en la Europa League, el primer partido europeo en los 127 años de historia del club. No fue solo un resultado. Fue una declaración de intenciones: han llegado tarde a Europa, pero no para hacer turismo.

De la deducción de puntos a las noches europeas

Hace 18 años, el club caminaba al borde del abismo. Administración concursal, un castigo de 10 puntos que desembocó en el descenso a League Two. Y, para poder seguir compitiendo en la Football League en la temporada 2008-09, otro golpe: aceptar una deducción de 17 puntos y renunciar a cualquier apelación porque no habían cumplido las condiciones para salir de la administración.

De ahí nace el “-17” de la bandera. Aquello no era un eslogan, era una condena deportiva. La prioridad no era soñar, era sobrevivir.

Pensar entonces en un mediocentro tasado en 100 millones de libras filtrando pases para que un extremo brasileño decidiera un partido europeo sonaba a ciencia ficción. Pero esa es la realidad actual de Bournemouth: Alex Scott dominando el césped de San Sebastián con una autoridad impropia de su edad y Rayan justificando por qué el club se agarra a una cláusula de rescisión cercana a los 130 millones de libras.

“Es una victoria brillante en nuestro primer partido europeo. Es brillante para el club y para los 2.000 aficionados de Bournemouth”, resumió Marco Rose en TNT Sports, con la mezcla de alivio y orgullo que dejan estas noches.

Un Bournemouth muy europeo

No tenían referencias previas, pero lo que firmaron en Anoeta fue una actuación de manual de gran equipo inglés en Europa. Frente a un conjunto con pedigrí, campeón de Copa del Rey la pasada temporada y liderado por un campeón del mundo como Mikel Oyarzabal, Bournemouth se adueñó del primer tiempo.

Presión alta, agresividad sin balón, robos constantes en campo contrario. Asfixiaron a Real Sociedad. No se limitaron a correr: cuando recuperaban, tenían la calma suficiente para hilar ataques, incluso contra una defensa bien plantada. Durante 45 minutos, el partido se jugó como y donde quiso el equipo de Rose.

El descanso cambió el paisaje. El orgullo de la Real se activó y el desgaste físico empezó a pasar factura. La exuberancia del primer tiempo se transformó en resistencia. Bournemouth perdió filo, pero no competitividad.

Y ahí apareció la versión menos habitual del equipo inglés. No se les conoce precisamente por su solidez defensiva, y los recuerdos recientes no ayudaban: ventajas dilapidadas en cada una de sus cuatro primeras jornadas de Premier League. Anoeta invitaba al déjà vu.

Esta vez no. Esta vez aguantaron. Djordje Petrovic sostuvo al equipo con reflejos felinos bajo palos y el bloque, más hundido, protegió el área con una determinación que desmintió viejos tópicos. El 2-1 resistió hasta el final. “Fue muy intenso y duro”, admitió Rose. “Brillante primera parte en todo. La forma en la que ganamos balones y la posesión arriba. En la segunda parte, tuvimos que sufrir porque no estuvimos tan finos”.

Desde la cabina de BBC Radio Solent, el ex lateral de los Cherries Charlie Daniels lo puso en contexto: “Es una gran ocasión. Un gran momento para el club, y hay que aplaudirlo”.

La huella de Eddie Howe y el símbolo de Adam Smith

El origen del despegue se remonta a enero de 2009, cuando Eddie Howe asumió el banquillo. Con aquellos -17 puntos sobre la mesa, salvó al equipo y lo dejó nueve puntos por encima del descenso. Aquello fue más que una permanencia: fue el punto de inflexión.

Seis años y medio después, ya en su segunda etapa, Howe completó la metamorfosis: Bournemouth en la Premier League. Un club que había vivido entre la tercera y la cuarta categoría se instalaba en la élite.

Por eso tuvo algo de justicia poética que, en esta nueva noche histórica, el equipo saltara al césped guiado por alguien que estuvo allí desde casi el principio de esta escalada: Adam Smith. Llegó cedido en la temporada 2010-11, firmó en propiedad en 2014 y desde entonces no se ha movido. Se acerca ya a los 400 partidos de liga.

“Adam ha estado en el club tanto tiempo… Se ha entregado al club, y es un momento de enorme orgullo, no solo para él, también para su familia, sus compañeros y excompañeros, ver cómo ha crecido, no solo como jugador, también como hombre”, dijo Daniels. “Liderar a los Cherries en esta noche histórica es fantástico”.

Smith, además, escribió su propia línea en los libros de récords: con 35 años y 141 días, se convirtió en el jugador de campo inglés de más edad en debutar en una gran competición europea desde Reginald Pickett con Ipswich en 1962. No es un detalle menor para alguien que ha visto el viaje completo, del barro a las luces.

Un club acostumbrado a remar contracorriente

Ni siquiera en estos años recientes la trayectoria ha sido lineal. Descenso en 2020, reconstrucción, regreso y la sensación permanente de vivir en un escaparate. Cada verano, piezas clave marchándose rumbo a gigantes europeos, y el club obligado a reinventarse sobre la marcha.

Ni clasificar para Europa bastó para retener a su último arquitecto en el banquillo. Andoni Iraola se marchó y el domingo vuelve al Vitality Stadium con su nuevo equipo, Liverpool. Otro capítulo de esta historia moderna: construir, brillar, ver cómo llaman a tu puerta y empezar de nuevo.

Nada indica que ese ciclo vaya a detenerse pronto. Pero mientras noches como la de Anoeta sigan apareciendo en el calendario, nadie en Bournemouth pondrá pegas. Menos aún quienes recuerdan aquel -17.

Porque si algo tienen claro ya en Dorset es que estos son los buenos tiempos. La única incógnita es hasta dónde están dispuestos a llevarlos.