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Colombia avanza a octavos con victoria y advertencias

En Kansas City, Colombia no solo venció. Marcó territorio. El 1-0 sobre Ghana metió a la selección cafetera en los octavos de final del Mundial por tercera vez consecutiva y confirmó una tendencia: cuando aparece en la gran cita, compite. Brasil 2014, Rusia 2018 y ahora otra vez, sin estridencias pero con una solidez que pesa.

El equipo de Néstor Lorenzo se ganó un billete para enfrentarse a Suiza en Vancouver, el 7 de julio, con un lugar en cuartos en juego frente al ganador de Argentina–Egipto. El camino se abre, pero el partido en Kansas dejó también deberes para lo que viene.

Un inicio roto por las lesiones… y un golpe inmediato

El duelo arrancó con una estadística insólita y nada agradable. En menos de un cuarto de hora, ambos técnicos tuvieron que cambiar sus planes por obligación. Primero cayó Jhon Córdoba, lesionado a los 8 minutos. Entró Luis Suárez. Cinco minutos más tarde, el turno fue para Marvin Senaya en Ghana, sustituido por Alidu Seidu.

Nunca en un partido de Mundial registrado se habían visto cambios en los dos equipos antes del minuto 15. Una noche rara desde el inicio.

Pero Colombia no se dejó arrastrar por el caos. Todo lo contrario: lo aprovechó. Reacomodada la pizarra, llegó el zarpazo. Minuto 14. Suárez, el recién ingresado, recibió abierto a la derecha, levantó la cabeza y dibujó un centro tenso, medido. En el corazón del área apareció Jhon Arias, sin marca, para guiar la pelota a la red. Silencio en Ghana, alivio y euforia en los colombianos.

El plan de Lorenzo parecía encarrilado muy pronto: gol temprano, control de ritmo y paciencia para castigar los espacios.

Dominio colombiano y perdón frente al arco

Ghana intentó responder desde lejos. Ya en el primer minuto Thomas Partey había avisado con un disparo desde 25 metros que se fue rozando el poste. Fue más un recordatorio de su pegada que un verdadero aviso de tormenta. Con el paso de los minutos, la selección africana se fue replegando en ese bloque bajo que tan buen resultado le había dado en la fase de grupos.

Colombia, en cambio, se adueñó del balón y del campo. Encontró líneas de pase, cambió de banda, aceleró cuando veía grietas. Y generó ocasiones suficientes para cerrar el partido antes del descanso.

Luis Díaz, siempre eléctrico, tuvo la primera gran oportunidad tras un contraataque fulminante: encaró, se perfiló y cruzó el disparo, que se perdió por centímetros. Poco después, Suárez ganó en el aire, pero su cabezazo salió desviado hacia el otro poste. La más clara del tramo final del primer tiempo fue para Johan Mojica, cuyo frentazo picado obligó a Lawrence Ati Zigi a una estirada felina para sacar la pelota sobre la línea en el minuto 45+1.

El 1-0 al descanso reflejaba la superioridad colombiana, pero no su volumen ofensivo. Los datos lo subrayaron después: 2,19 de xG y un solo gol. Un lujo que en rondas más avanzadas puede costar carísimo.

Gol anulado y control sin sobresaltos

La segunda parte arrancó con el mismo guion. Colombia mandando, Ghana sin colmillo. La sensación en el estadio era que el segundo tanto llegaría tarde o temprano. Pareció hacerlo en el minuto 57.

Jefferson Lerma, desde la derecha, puso un centro tenso al primer palo y Luis Díaz se lanzó al suelo para empujar la pelota a la red. Celebración, puños apretados, abrazo colectivo. Pero la alegría duró un suspiro: el asistente levantó la bandera. Offside. Gol anulado. Y otra ocasión que se escapaba.

El partido, sin embargo, nunca se descontroló. La defensa colombiana, con Davinson Sánchez al frente, mantuvo a raya a un ataque ghanés plano, sin ideas ni profundidad. Sánchez, el propio Díaz y Juan Fernando Quintero dispusieron de más opciones para ampliar la ventaja, pero la puntería siguió sin afinarse.

La sensación en la grada era clara: Colombia ganaba bien, pero dejaba la puerta entreabierta a un susto que nunca llegó porque Ghana no tuvo herramientas para provocarlo.

El efecto Quintero: media hora que pide titularidad

El tramo final dejó un nombre propio que puede marcar el futuro inmediato del equipo en el torneo: Juan Fernando Quintero. El mediapunta de River Plate entró en el minuto 72 por el goleador Arias y cambió la textura del ataque colombiano.

En apenas poco más de un cuarto de hora, Quintero se convirtió en la mayor amenaza sobre el césped. Tocó 24 balones, completó sus 19 pases sin fallar uno solo y fabricó cinco ocasiones claras, más que cualquier otro futbolista en todo el partido. Cada vez que recibía entre líneas, el estadio se inclinaba hacia el área de Ghana.

Estuvo a un suspiro de firmar uno de los goles del torneo: un zurdazo desde fuera del área que salió disparado como un misil y se fue lamiendo el poste derecho de Ati Zigi. El portero solo pudo seguirla con la mirada.

Esa breve exhibición dejó una pregunta flotando en el aire de cara al duelo en Vancouver: ¿puede Colombia permitirse dejar a Quintero en el banquillo cuando el margen de error se reduce y la pegada se vuelve decisiva?

Clasificación con autoridad, pero con tarea pendiente

El pitido final selló la victoria, la clasificación y una noche con doble lectura. Por un lado, Colombia mostró madurez, solidez defensiva y una estructura que resiste golpes tempranos como las lesiones de Córdoba y el contexto incómodo de un rival atrincherado. Apenas sufrió atrás. No concedió casi nada.

Por otro, dejó claro que necesita ser más letal. Ante un rival de más jerarquía que Ghana, desperdiciar un volumen semejante de ocasiones puede cambiar la historia de un partido y de un Mundial.

Suiza espera en Vancouver. Octavos de final, todo a un partido, sin red. Colombia llega con confianza, con una racha de presencias en las fases decisivas que ya no es casualidad y con un cerebro como Quintero reclamando un lugar desde el primer minuto.

La pregunta ya no es si esta selección compite. La cuestión es hasta dónde se atreverá a llevar este impulso cuando el nivel suba y fallar un gol ya no sea una anécdota, sino una condena.