El caso Bondarenko en Al-Ahli: ausencias y presión sobre Pusic
Artem Bondarenko ha puesto a su entrenador en el ojo del huracán antes incluso de consolidarse en el césped. El nuevo centrocampista ucraniano de Al-Ahli ha dejado al técnico neerlandés Marino Pusic en una posición incómoda justo antes del duelo de la Roshn League ante Al-Hazm.
Al-Ahli recibe hoy viernes a Al-Hazm en el Alinma Stadium de Yeda, en la séptima jornada de la Saudi Roshn League. Pero la conversación entre la afición no gira en torno al rival ni al once inicial. Gira en torno a una ausencia.
Según reveló en X el periodista saudí Waleed Saeed, Pusic ha decidido dejar fuera de la convocatoria a Bondarenko y al extremo brasileño Matheus Goncalves. No es un castigo puntual. Es un patrón.
Para Bondarenko, es ya la tercera vez que se cae de una lista desde que llegó procedente de Shakhtar Donetsk en el último mercado de verano. Desde entonces, apenas ha vestido la camiseta de “Al-Raqi” en dos ocasiones: la derrota por 1-3 ante Al-Khaleej en la cuarta jornada y la goleada por 5-0 frente a Al-Riyadh en la quinta.
El resto ha sido silencio. El ucraniano de 26 años se quedó fuera por completo en el 0-3 contra Al-Hilal en la tercera fecha y tampoco estuvo en la derrota por 2-3 ante Al-Qadsiah en la sexta. Ahora, su ausencia se alarga también frente a Al-Hazm.
Cada exclusión aumenta la presión sobre Pusic. Porque fue el propio técnico quien insistió en su fichaje, después de haber dirigido a Bondarenko en Shakhtar entre 2023 y 2025. Apostó por un jugador que conocía, y esa apuesta ahora se le vuelve en contra.
La afición de Al-Ahli nunca abrazó la idea. Ya antes de que se cerrara la operación, una parte importante del público había mostrado su rechazo al fichaje. Y cuando Bondarenko tuvo minutos ante Al-Riyadh, las gradas respondieron con abucheos. Desde ese día, no ha vuelto a entrar en los planes.
En la previa de un partido clave de la Roshn League, la brecha entre grada y banquillo se ensancha. Pusic se mantiene fiel a su decisión, pero cada lista sin Bondarenko reabre la misma pregunta: cuánto tiempo puede sostener un entrenador a su propio elegido… sin ni siquiera ponerlo a jugar.






