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El Balón de Oro y la tensión en la selección de Francia

Lo que empezó como un simple cruce de palabras sobre el Balón de Oro se convirtió en un pequeño incendio dentro de la selección de Francia. Kylian Mbappé por un lado, Ousmane Dembélé por el otro, y en medio un vestuario pendiente de cada matiz. La polémica creció rápido. La solución, curiosamente, llegó aún más rápido.

Mbappé tuvo que salir al paso. El atacante de Real Madrid quiso frenar el ruido y rebajar el tono tras la tormenta mediática generada por sus primeras declaraciones sobre el recorrido de Dembélé hacia la élite.

“Ya he hablado con él de este asunto y no hay tensión. No creo que haya ningún problema real con esto. Estoy completamente tranquilo”, aseguró Mbappé, decidido a cerrar el tema antes de que salpicara al grupo de Didier Deschamps.

El problema es que sus palabras anteriores habían dejado huella. Mbappé había marcado una diferencia clara entre sus trayectorias, recordando que él llevaba años señalado como la gran estrella destinada a brillar, mientras que Dembélé necesitó más tiempo, lastrado por lesiones y por las circunstancias que frenaron su explosión.

Orgullo, carrera y heridas abiertas

Dembélé no se quedó callado. El jugador de Paris Saint-Germain quiso subrayar que nada le había resultado sencillo, que su camino se había construido a base de insistencia.

Recalcó que nunca fue “el jugador elegido” y que tuvo que trabajar sin descanso durante años hasta recibir su premio la pasada temporada, tras un curso sobresaliente con su club. Para él, el reconocimiento llegó por acumulación de esfuerzo, no por etiqueta de estrella precoz.

“En cuanto a este año, ya veremos. No hay presión y estoy tranquilo”, añadió. Una frase corta, pero suficiente para alimentar la sensación de susceptibilidad entre dos futbolistas que siempre habían presumido de una relación muy fuerte dentro y fuera del campo.

No hubo ruptura. No se llegó a un enfrentamiento abierto. Pero el eco de esas declaraciones bastó para que en Francia se hablara de tensión en el vestuario justo cuando el Balón de Oro volvía a centrar titulares.

La llamada de Mbappé y la mediación de Thuram

Según el portal francés Foot Mercato, citando a Le Parisien, Mbappé entendió pronto que sus palabras no habían sentado bien a Dembélé. No esperó a que el tema se pudriera en los pasillos de Clairefontaine: tomó la iniciativa, lo llamó y le aclaró su posición para contener la situación antes de que creciera dentro del grupo.

Le Parisien detalla que ambos alcanzaron un acuerdo amistoso. Ni uno ni otro quería que una discusión sobre el Balón de Oro envenenara el ambiente de la selección. El objetivo común era claro: proteger al equipo, evitar bandos y cortar de raíz cualquier lectura de conflicto personal.

En esa operación calma, un tercer nombre resultó clave: Marcus Thuram. El delantero actuó como mediador, ayudando a rebajar tensiones a través de un grupo de WhatsApp en el que solo estaban Mbappé, Dembélé y él mismo. Un chat, tres móviles y un problema menos para Deschamps.

Capítulo cerrado… por ahora

La presión terminó cediendo. El episodio se apagó con rapidez. Mbappé y Dembélé dieron por cerrado el capítulo, al menos de puertas para fuera, y centraron el discurso en lo que les une: la camiseta de Francia y los objetivos deportivos que se avecinan.

El Balón de Oro seguirá ahí, como telón de fondo, como ambición y como motivo de comparación entre estrellas. Pero, por ahora, la batalla importante para ellos no se libra en una gala, sino en el campo. Y ahí no hay margen para malentendidos.