Albert Adomah alcanza los 800 partidos en el fútbol
Ochocientos partidos. Cifra de veterano, de leyenda silenciosa. Y, fiel al guion de los grandes currantes del fútbol, Albert Adomah casi prefiere no hablar de ello.
El extremo de 38 años alcanzó ese hito el sábado, en la victoria 2-0 de Walsall ante Port Vale, un triunfo que impulsa al equipo de Lee Grant hasta la segunda plaza de League Two, a la estela del líder Barnet. Justo el club donde, en enero de 2008, arrancó todo.
Adomah, sin embargo, desvía el foco en cuanto puede. Prefiere recrearse en el gol que sentenció el partido, el segundo, obra de Andy Dallas, y en el buen momento de un Walsall que vuelve a asomar la cabeza en la pelea por el ascenso tras dos intentos fallidos.
“Solo estoy agradecido de que el míster lo haya hecho posible al seguir teniéndome en el banquillo y seguir utilizándome”, explicó a BBC Radio WM. Esta temporada suma cinco apariciones, cuatro como suplente. Poco protagonismo para algunos. Suficiente para él, que sigue viendo el juego desde la humildad y el colectivo.
Cuando le preguntan por el siguiente objetivo, no se pierde en grandes discursos. “¿Mi siguiente meta? 801 partidos. Ese es el siguiente hito”. Frase corta, mensaje claro. “Voy partido a partido. Primero está el equipo, y luego que yo me mantenga en forma para sumar los máximos minutos posibles. Mi trabajo es estar disponible, y ojalá este viaje continúe mucho tiempo”.
De Edgar Street a los 800 partidos
Su actitud le ha acompañado desde el primer día. Paul Fairclough le dio la alternativa con Barnet en Edgar Street, casa del Hereford United, en enero de 2008. League Two, como ahora. “Recuerdo ese primer partido vívidamente. Hereford United contra Barnet. También en League Two. Y marqué”, rememora.
Aquel fue el primero de los 99 goles ligueros que ha firmado dentro de un total de 109 tantos oficiales. Una marca que, a estas alturas, bien podría ser su siguiente reto silencioso.
Casi 19 años después, el ghanés nacido en Londres juega a las órdenes de Grant en Walsall, tras haber pasado por una interminable lista de entrenadores. Veinte técnicos distintos entre Barnet y su actual etapa.
En Barnet trabajó con Ian Hendon y Mark Stimson antes de dar el salto a Bristol City. Allí apenas coincidió con Steve Coppell, que se marchó tras dos encuentros en agosto de 2010, y luego encadenó tres jefes más en Ashton Gate: Keith Millen, el actual técnico de Rangers Derek McInnes y Sean O’Driscoll.
El viaje siguió hacia el norte. En Middlesbrough le fichó Tony Mowbray y más tarde jugó bajo las órdenes de Aitor Karanka. Con los de Teesside llegó su única cata real de la élite: dos apariciones en Premier League antes de regresar al Championship.
Aston Villa llamó a su puerta y Roberto Di Matteo lo incorporó. Después llegaron Steve Bruce y Dean Smith. Sin embargo, se marchó sin volver a pisar la Premier, otra vez rumbo al segundo escalón con Nottingham Forest, con Sabri Lamouchi en el banquillo y un préstamo de nueve partidos con Neil Harris en Cardiff City.
En octubre de 2020, en plena pandemia, salió de Forest el mismo día que Lamouchi. El siguiente capítulo le llevó a Londres: cuatro años más de Championship con QPR, primero con Mark Warburton y, después, con una cascada de entrenadores en el mismo club: Michael Beale, Neil Critchley, Gareth Ainsworth y Marti Cifuentes.
El círculo se cerró en League Two. Fichó por Walsall con Mat Sadler, y desde entonces también ha trabajado con Darren Byfield y con el actual jefe, Grant.
Un especialista en el ascenso y el barro
Su hoja de servicios tiene un matiz curioso: 800 partidos sin pasar por League One ni la National League. Solo Championship y League Two, con ese breve guiño a la Premier con Middlesbrough. Tiers dos y cuatro. Nada más. Nada menos.
Y, pese a todo lo vivido, el juego todavía le enciende la mirada. El sábado volvió a dejar huella en el segundo gol, esa diana que cerró el 2-0 ante Port Vale. No dio la asistencia, pero sí la “pre-asistencia” en una jugada que definió a la perfección lo que significa ser un veterano útil: intervención limpia, decisión correcta, impacto directo.
“Fue una bonita combinación por la derecha entre Chas (Crew) y yo, y una finalización maravillosa de Dallo. La tomó realmente bien. En cuanto salió de su pie se veía que iba dentro”, describió.
No se quedó ahí. Para Adomah, lo esencial sigue siendo el marcador y el contexto: “Es increíble ganar. Y hacerlo delante de nuestros aficionados también. Igual que en aquel primer partido con Barnet”.
A los 38 años, con 800 encuentros a la espalda y sin rastro de grandilocuencia, sigue entrando desde el banquillo, conectando paredes en la banda derecha y celebrando victorias en campos de League Two. La élite quizá no le abrió del todo la puerta, pero el fútbol de verdad, el de barro, viajes largos y estadios llenos de historia, sigue siendo su casa.
La pregunta ya no es cuántos partidos le quedan, sino hasta dónde puede estirar esta carrera un jugador que solo se exige una cosa: estar listo para el siguiente número en el contador. 801. Y después, ya se verá.





