El último baile de los gigantes en el Mundial 2026
Lionel Messi está a punto de cumplir 39 años y, contra toda lógica, se prepara para disputar su sexto Mundial, un récord absoluto. Ya conquistó el trofeo que lo atormentó durante más de una década en Qatar 2022, cuando Argentina doblegó a Francia en una final para la historia. Desde entonces, cambió Europa por Miami, bajó una marcha en el día a día con Inter Miami en la MLS y empezó a administrar su cuerpo con la precisión de un relojero.
Sigue, sin embargo, siendo el faro de su selección. Marca, asiste, decide. Hace cosas que ningún futbolista de su edad debería seguir haciendo a ese nivel. Se duda de cómo soportará el formato ampliado del torneo y el calor abrasador de Norteamérica, pero nadie serio se atreve a imaginar a Messi saliendo de escena en silencio.
En paralelo, Cristiano Ronaldo se asoma a su última gran batalla. A los 41 años, si Portugal levanta la Copa, se convertirá en el jugador más veterano en alzar el trofeo. A diferencia de Messi, el cinco veces ganador del Balón de Oro nunca ha marcado en eliminatorias mundialistas y su legado en la competición está lejos de reflejar su peso en la historia del juego.
Y, aun así, sigue ahí. Goleando sin descanso con Al-Nassr en Arabia Saudí, repitiendo que no piensa retirarse. Portugal llega cargado de talento, con nombres como Rafael Leao, Pedro Neto o Gonçalo Ramos empujando desde atrás, pero Roberto Martínez continúa construyendo su plan alrededor de Cristiano. Será también su sexto Mundial. Todo apunta a que será el último disparo de CR7 hacia la gloria que le falta.
Porteros eternos y héroes improbables
En esa misma mesa de los seis Mundiales se sentará Guillermo Ochoa. Durante meses, su presencia en la cita parecía improbable. Más de 150 partidos con México, pero apenas una aparición con El Tri desde las finales de la Nations League de la CONCACAF en marzo de 2024. El relevo parecía hecho.
Hasta que se lesionó el titular, Ángel Malagón, con una rotura en el tendón de Aquiles. La puerta volvió a abrirse de golpe. A sus 40 años, el arquero nómada —que ha pasado por España, Italia, Francia, Portugal, Bélgica y más recientemente por AEL Limassol en Chipre— regresa para otro Mundial como coanfitrión. Él mismo ha dejado caer que se retirará después del torneo. Se marcha un rostro casi inseparable del Mundial durante dos décadas.
No es el único guardián legendario rescatado a última hora. En Alemania, las dudas físicas de Marc-André ter Stegen y la falta de garantías de Oliver Baumann llevaron a Julian Nagelsmann a una decisión contundente: llamar de vuelta a Manuel Neuer, que ya había cerrado su ciclo con la selección tras la Eurocopa 2024.
Neuer, a los 40, llega a su quinto Mundial tras otra temporada sólida con Bayern Munich. Nagelsmann ya ha avisado: será su portero titular en Norteamérica. La misión es clara: evitar un tercer fracaso consecutivo en fase de grupos. Alemania vuelve a confiar en su viejo muro.
Modric, Dzeko y la resistencia del tiempo
Luka Modric, con 40 años, se presenta como el segundo jugador de campo más veterano del torneo, solo por detrás de Cristiano. No es un veterano cualquiera. Condujo a Croacia a su primera final en 2018 y repitió hazaña en 2022, esta vez con un tercer puesto que confirmó a su selección como una potencia competitiva.
Dejó el Real Madrid el verano pasado y se marchó a AC Milan para seguir compitiendo al máximo nivel, afinando piernas y cabeza para su quinto Mundial. Si se cumplen los pronósticos, se convertirá en el cuarto futbolista en alcanzar los 200 partidos internacionales, siempre que Messi —que ya suma 198— no llegue antes. Una carrera que se mide en medallas, pero también en resistencia.
Más al este, Edin Dzeko desafía las probabilidades. Bosnia y Herzegovina solo había estado en un Mundial, en 2014, y todo indicaba que esa sería la única estación del viaje. Sin embargo, el delantero volvió a tirar del carro en la repesca de la UEFA, eliminó a Italia y se ganó el billete a Norteamérica con 40 años.
Está a punto de superar las 150 internacionalidades y ya ha superado los 70 goles con su selección. Desde enero, ha demostrado que sigue vigente con Schalke, al que ayudó a regresar a la Bundesliga. Su carrera merecía más grandes torneos. Al menos, se despedirá en el escenario más grande de todos.
Estrellas que cargan con un país
En Asia, Corea del Sur mira a Son Heung-min y se pregunta cuánto tiempo más podrá sostener esa carga. Cumplirá 34 años en julio, todavía con margen, pero lleva años cargando la camiseta y el peso emocional de una nación obsesionada con su selección. Ya dejó atrás el fútbol europeo para unirse a LAFC en la MLS y no sería extraño que, tras 2026, considere que ha dado todo lo que tenía que dar a su país.
La historia se repite, con matices, en Egipto. Mohamed Salah, apenas unos días mayor que Son, ha sido el salvavidas casi único de los Faraones durante años. Esta vez no está del todo solo: Omar Marmoush, del Manchester City, encabeza un grupo de apoyo más sólido. Pero la mirada del país volverá a clavarse en él, pese a que su rendimiento con Liverpool ha caído en picado en los últimos 12 meses.
Salah tiene una cuenta pendiente con el Mundial. En 2018 llegó tocado tras la lesión de hombro en la final de la Champions y nunca estuvo al cien por cien. Un jugador de su dimensión necesita una gran actuación en un torneo global para redondear su legado. Con su salida de Anfield ya consumada y un futuro que apunta a Arabia Saudí, el reloj corre. Pensar que seguirá al máximo nivel internacional más allá de este verano suena a fantasía.
Sadio Mané, compañero de generación y de éxitos africanos, también se asoma a su última gran cita. A sus 34 años, el líder de Senegal puede estar ante su último Mundial. Fue él quien convirtió el penalti que dio a los Leones de la Teranga su primera Copa Africana de Naciones en 2021. También los llevó a dos Mundiales consecutivos, aunque se perdió el de 2022 por lesión.
Su fichaje por Al-Nassr lo ha sacado del foco europeo, pero su compromiso con la selección nunca ha disminuido. Sigue siendo el capitán, el referente. Y ahora, con jugadores como Ismaila Sarr e Illiman Ndiaye creciendo a su alrededor, su experiencia y su voz en el vestuario pueden ser el impulso que Senegal necesita para llegar lejos en 2026.
Riyad Mahrez completa el trío de campeones de Champions y Premier africanos que podrían despedirse. A los 35, el zurdo argelino mantiene un regate hipnótico y un primer control que aún provoca suspiros. Pocos discutirán que merece una despedida a la altura de su talento.
Sorprende que solo haya jugado un Mundial, el de 2014, con una Argelia que no ha vuelto a clasificarse desde entonces. Esta edición le ofrece por fin otra oportunidad de brillar en el gran escenario, mientras apura sus últimos años en Al-Ahli en Arabia Saudí. Tarde, pero a tiempo.
De Bruyne, Van Dijk y la última llamada de la vieja guardia europea
Kevin De Bruyne encara el torneo con un interrogante colgado del hombro. Su primera temporada en Napoli ha estado marcada por las lesiones y el calendario empieza a pasar factura al belga, que cumplirá 35 años este mes. Su cuerpo lanza señales de alarma.
Cuando está sano, sigue siendo uno de los mediocampistas más completos del planeta. Lo sabe él, lo sabe Bélgica. Esta puede ser la última gran función de los restos de aquella llamada ‘Generación Dorada’. El equipo de Rudi Garcia está en transición, pero el plan ofensivo sigue girando alrededor de su cerebro: un pase que rompe líneas, un disparo lejano que cambia un partido.
Si De Bruyne consigue mantenerse en pie durante el torneo, los Diablos Rojos pueden convertirse en uno de esos aspirantes silenciosos que nadie quiere cruzarse.
En la zaga, otro veterano se niega a dejar el foco. Virgil van Dijk llegará al Mundial con 35 años y, pese a un curso irregular en Liverpool, sigue siendo el pilar sobre el que Países Bajos quiere construir su sueño.
Durante años, su sola presencia intimidó a delanteros que preferían no encararse con él en el uno contra uno. En la última temporada, en Anfield se ha hablado de una posible pérdida de velocidad y de algún desajuste en su lectura defensiva. Nada dramático, pero sí suficiente para encender alarmas. Este Mundial, el segundo y probablemente último para él, será una prueba definitiva: ¿sigue siendo el central dominante que conocimos?
James, Neymar y el eco de 2014
Doce años después de deslumbrar en Brasil, James Rodríguez vuelve a la gran escena con 35 años. Colombia no concibe un Mundial sin él. Aquel torneo de 2014, que le abrió la puerta del Real Madrid, marcó su carrera y también la condicionó: desde entonces, lesiones constantes, etapas cortas en distintos clubes, y una tendencia clara a reservar sus mejores noches para la selección.
Su último destino ha sido Minnesota United en la MLS, otra parada de una ruta errática. Pero con la camiseta de Colombia, James sigue encontrando algo que no halla en ningún otro lugar. El Mundial le dio su carrera. Que la última página se escriba también allí parece casi poético.
Y entonces aparece Neymar. Su relación con el Mundial ha sido una montaña rusa, y este 2026 amenaza con ser el capítulo definitivo. Máximo goleador histórico de la selección brasileña, no juega con la Canarinha desde que se rompió el ligamento cruzado en octubre de 2023. Con Carlo Ancelotti en el banquillo desde septiembre y sin señales de convocatoria durante meses, su última gran cita parecía una puerta cerrada.
Las lesiones de varios atacantes, sin embargo, cambiaron el guion. Ancelotti le tendió la mano en el último momento e incluyó al delantero de Santos en su lista de 26. La reacción en Brasil fue inmediata: euforia, esperanza, nostalgia. Pero el entusiasmo chocó rápido con la realidad: Neymar volvió a lesionarse pocos días después del anuncio. Antes de pensar en su rol, tendrá que demostrar que su cuerpo todavía aguanta.
Su físico manda mensajes claros. Pensar en él en 2030 es casi una quimera. Este Mundial es su última bala para acercar a Brasil a la sexta estrella que persigue desde hace décadas.
Kane y la posible despedida inglesa
En Inglaterra, el relato es distinto. Harry Kane no llega como superviviente, sino como depredador en pleno apogeo. A los 32 años, viene de firmar más de 60 goles con Bayern Munich y se ha consolidado como máximo goleador histórico de la selección inglesa.
Podría, en teoría, estirar su carrera internacional hasta 2030. De hecho, muchos aficionados de los Three Lions rezan para que lo haga, vista la diferencia de nivel con los delanteros que vienen por detrás. Sin embargo, la Eurocopa de 2028, que Inglaterra coorganizará, se perfila como un punto de cierre perfecto: un gran torneo en casa, el escenario ideal para una despedida.
Ese mismo horizonte podría marcar el adiós de otros nombres importantes. Jordan Pickford, John Stones o incluso Marcus Rashford podrían optar por colgar la camiseta nacional tras jugar un torneo de despedida en su propio país. Si eso ocurre, el Mundial de 2026 será su última gran aventura lejos de casa.
Norteamérica se prepara para un Mundial que mirará al futuro con un formato ampliado, nuevas potencias emergentes y generaciones jóvenes reclamando el foco. Pero, sobre todo, será un torneo atravesado por la nostalgia.
Messi, Cristiano, Modric, Neymar, Salah, Mané, Mahrez, De Bruyne, Van Dijk, James, Dzeko, Ochoa, Neuer, Kane y compañía. Una constelación de nombres que ha marcado una era y que ahora se asoma al último acto.
La pregunta ya no es solo quién levantará la Copa. La pregunta es: ¿quién de todos ellos conseguirá escribir, en este último baile, la frase definitiva de su legado?





