La salida de Marc Skinner y las prioridades de Jim Ratcliffe en el Manchester United femenino
La marcha de Marc Skinner, a un mes del inicio de la nueva temporada, no es solo un cambio de entrenador. Es un síntoma. Un mensaje claro de que, en la cúpula de Old Trafford, el proyecto femenino está lejos de ocupar el primer plano. O, como mínimo, de que alguien ahí arriba cree que sabe más que el resto de propietarios de la WSL.
Angelina Kelly, corresponsal de fútbol femenino de talkSPORT, lo resume sin rodeos: hay muy pocas pruebas de que INEOS esté realmente comprometida con el equipo femenino del Manchester United.
Un ciclo agitado que acaba en ruptura
La etapa de Skinner nunca fue tranquila. Turbulenta, la define Kelly. Y, aun así, con resultados que, vistos fríamente, rozan el sobresaliente dadas las condiciones.
Con un presupuesto muy por debajo de Arsenal, Chelsea o Manchester City, el técnico llevó al Manchester United Women a su primer título de la historia, la FA Cup. En liga, dejó un rastro de consistencia competitiva: cuarto, tercero, quinto, segundo, cuarto. Y, sobre todo, una meta simbólica y deportiva: la primera clasificación del club para la Champions femenina.
Con esos datos, cuesta no hablar de sobre rendimiento. Pero la historia no se cuenta solo con la tabla de posiciones.
En la otra cara, la hinchada nunca terminó de conectar con él. Sus decisiones tácticas y de alineación generaron críticas constantes. El equipo alcanzó cuatro finales domésticas, pero solo ganó una. En las otras tres, el verdugo fue siempre el mismo: Chelsea, con un global de 6-0 en contra. Un muro competitivo que el United nunca logró escalar.
La salida de Skinner recuerda, en la comparación de Kelly, al caso de Eddie Howe en su día: un entrenador respetado, valorado en el gremio, que choca de frente con unos dirigentes que no le dan lo que necesita para competir al nivel que se le exige.
Skinner, educado y respetuoso en el trato, según relata la periodista, vio cómo se repetían los mismos problemas curso tras curso: falta de profundidad de plantilla, ausencia de grandes estrellas para los grandes escenarios, ventas significativas y un grupo cada vez más corto. Miró lo que tenía para la próxima temporada y la conclusión fue dura: “No voy a poder hacer nada con este equipo”. Y, para proteger su reputación, decidió levantarse de la mesa.
El mensaje de fondo es evidente: “Las personas que mandan no te respaldan”.
Con un matiz que lo hace aún más sangrante. Newcastle, en el caso que cita Kelly, tenía limitaciones reales para gastar. El Manchester United femenino, simplemente, no quiere gastar.
Ratcliffe, el discurso y los hechos
Antes de la llegada de Jim Ratcliffe en 2023, la sensación era la contraria. El United parecía por fin empezar a invertir en serio en su sección femenina. Se marcharon Alessia Russo y Ona Batlle libres, un golpe duro, pero el club reaccionó con un fichaje récord en su momento, la brasileña Geyse, además de Melvine Malard, Hinata Miyazawa e Irene Guerrero.
Después, el discurso cambió. Y las señales también.
Ratcliffe recibió fuertes críticas por sus comentarios sobre el equipo femenino un año más tarde. El episodio más llamativo llegó en una visita al centro de entrenamiento, cuando preguntó a Katie Zelem cuál era su rol en el club. Le estaba hablando a la capitana… sin saber que lo era.
En antena, el presidente del Peterborough United, Darragh MacAnthony, lanzó un argumento muy escuchado en los despachos: nadie quiere faltar al respeto a los equipos femeninos, pero el gran generador de ingresos globales del Manchester United sigue siendo el conjunto masculino.
Kelly no discute el dato económico, pero sí el enfoque. “No ayuda cuando ni siquiera sabes quién es la capitana de tu equipo femenino. Ni siquiera sabes su nombre. Va a sonar irrespetuoso”, responde.
Y pone el espejo donde más duele: Arsenal, Chelsea, Brighton y otros clubes con estructura masculina y femenina están inyectando dinero en sus equipos de mujeres sin obtener beneficios directos. No lo hacen porque hoy sea rentable, sino porque lo ven como una inversión estratégica.
El Manchester United femenino apenas logró un ligero beneficio la pasada temporada, muy cerca del punto de equilibrio. Otros clubes ni siquiera eso. Pero siguen apostando.
Kelly cita un ejemplo que desmonta el discurso de la “sostenibilidad” entendida como recorte: Tony Bloom, propietario del Brighton, considerado un gestor brillante, está destinando recursos importantes al Brighton Women. Incluso está construyendo un estadio específicamente diseñado para el equipo femenino. No es un añadido, es un proyecto propio.
El giro a la cantera… ¿o a la austeridad?
Mientras los rivales se mueven con ambición, el United se ha quedado quieto. O peor, hacia atrás.
Este verano, Lyon ha dejado salir a Alice Sombath rumbo a Tottenham. London City Lionesses, un club que acabó sexto el curso pasado, ha sacudido el mercado con el fichaje de una dos veces ganadora del Balón de Oro como Alexia Putellas.
En Manchester, la noticia ha sido la venta de Melvine Malard a Chelsea por 850.000 libras. Y el nuevo plan, filtrado desde dentro del club, pasa por construir una plantilla basada en jugadoras jóvenes y de casa.
El concepto suena bien en el papel: identidad, desarrollo, sostenibilidad. Pero la realidad que describe Kelly es mucho menos romántica. “Las fuentes aseguran que el club considera que el nivel de gasto actual no es sostenible en la academia femenina. Así que la apuesta es la sostenibilidad con jugadoras formadas en casa”, explica.
Cuando le preguntan si “jugadoras de casa” es simplemente un eufemismo para “hacerlo barato”, Kelly va al núcleo del problema: si quieres atraer y consolidar talento joven, tienes que ofrecer algo. Un proyecto, una estructura, referentes.
Ahora mismo, dice, el United se asoma a la nueva temporada con muy poco que mostrar.
Tiene una portera de gran nivel. Una capitana de jerarquía, Maya Le Tissier, central de primer orden. Tiene a Ella Toone, la gran estrella del equipo, y a Jess Park, que ha brillado tras llegar desde el Manchester City. Esa es la columna vertebral. Y poco más.
No hay señales claras de que el club esté construyendo alrededor de ese núcleo para aspirar a algo serio. Mientras tanto, London City Lionesses invierte fuerte para traer a una doble Balón de Oro. La comparación es cruel.
¿Visión brillante o simple desinterés?
En este contexto, Kelly plantea dos escenarios sobre la figura de Sir Jim Ratcliffe.
O bien realmente cree que su apuesta por la “sostenibilidad” le coloca un paso por delante del resto. Que ha visto algo que los dueños de Arsenal, Tony Bloom en Brighton o Michelle Kang en otros proyectos no han entendido todavía. Que su modelo, con menos gasto y más cantera, será la vía ganadora.
O, sencillamente, ha decidido que el fútbol femenino no merece una gran inversión en este momento. Que no es viable en su cabeza. Y que, por tanto, puede quedar a un lado sin demasiados remordimientos.
El dato histórico tampoco ayuda a confiar ciegamente en la visión a largo plazo. El primer equipo femenino sénior del Manchester United se reactivó en 2018, tras años de abandono. Antes, muchas jóvenes formadas en el club llegaban a un punto muerto y se marchaban. “Llegabas al final del camino y era un ‘hasta luego’”, recuerda Kelly.
El caso de Ella Toone es paradigmático. Tuvo que irse a jugar al Blackburn y al Manchester City en categorías inferiores porque la vía en Old Trafford simplemente no existía.
Hoy, con la estructura ya creada, la duda es otra: ¿qué plan real hay para que esa academia y esa apuesta por el talento local pueda competir con las estructuras de Arsenal, Chelsea y el resto de gigantes?
Kelly lo admite con franqueza: le cuesta verlo. Para que el sistema sea tan fluido y eficaz como el club promete, haría falta una inversión relativamente modesta en términos del fútbol masculino. Unos 10 millones. Aproximadamente, lo que gana Mason Mount en un año.
No se trata de vender a Mount y desviar su salario al femenino, como aclara la periodista. Se trata de entender la escala: lo que el equipo pide no son cientos de millones. Es una cantidad insignificante a ojos del negocio masculino, pero que podría cambiar por completo el techo competitivo del Manchester United Women.
El riesgo de perder algo más que partidos
Con esa inversión, el United podría pelear de tú a tú con Arsenal y Chelsea. Competir por títulos, por plazas europeas, por estrellas. Y, sobre todo, por algo intangible pero decisivo: la afición.
El fútbol femenino ha cambiado. Cada vez más, los seguidores eligen jugadores antes que escudos. Muchos se engancharon al United femenino por Alessia Russo. Hoy, Russo juega en el Arsenal. Y no son pocos los que han cambiado de camiseta con ella.
Si el club deja de fichar grandes nombres y de proyectar ambición, corre un riesgo claro: quedarse con un par de jugadoras de élite, un puñado de promesas… y una grada que se va vaciando.
Para mantener viva la llama, el Manchester United Women necesita más que discursos sobre sostenibilidad y cantera. Necesita demostrar, con hechos, que no es un proyecto accesorio.
Porque la pregunta ya no es si Marc Skinner podía haber hecho algo más. La verdadera incógnita es otra: ¿está dispuesto el Manchester United a tratar a su equipo femenino como un aspirante serio… o va a resignarse a verlo desde la distancia mientras otros construyen el futuro?





