Mundial sin Asia: sorpresas y altitud en el debate
Dieciséis partidos en seis días. El Mundial ha pasado de 32 selecciones a 16 y, en el camino, el torneo ha perdido a un gigante: Alemania. Su eliminación en los penaltis ante Paraguay no fue solo un golpe simbólico; fue una sacudida estadística. Con alrededor de un 63% de probabilidades de pasar, los alemanes eran claros favoritos. Cayeron igual.
Si Senegal hubiera aguantado ante Bélgica, estaríamos hablando de un impacto similar al de la gesta paraguaya. Estuvo cerca. No bastó.
El triunfo de Marruecos sobre Países Bajos podría sonar a sorpresa mayúscula en la conversación de bar. Los números, sin embargo, dibujan otro matiz: el modelo Elo solo daba a los neerlandeses alrededor de un 55% de opciones. Partido casi a cara o cruz, uno de los cruces más equilibrados de esta ronda.
En cambio, fueron los duelos teóricamente desiguales los que encendieron de verdad el drama. Cabo Verde llevó a la prórroga a la vigente campeona, Argentina, pese a partir con apenas un 10% de opciones de clasificación. Congo, con un 17% de probabilidad de avanzar, llegó a mandar en el marcador ante Inglaterra hasta los últimos 15 minutos. Las jerarquías, por momentos, parecieron papel mojado.
Un último cuadro muy familiar
Todas las selecciones asiáticas ya están fuera. También casi todas las africanas, salvo dos. El paisaje de octavos tiene un aire conocido: dominio de Europa y Sudamérica. Desde fuera de esos “territorios clásicos” de éxito mundialista sobreviven Canadá, Egipto, México, Marruecos y Estados Unidos. Cinco banderas que aportan diversidad, pero no favoritismo: entre todas apenas suman alrededor de un 3,5% de opciones de levantar el título.
En el otro extremo del espectro se mueven los colosos. Argentina, que sufrió más de la cuenta para sobrevivir a Cabo Verde en la prórroga, sigue siendo la gran favorita, aunque su probabilidad de ganar el Mundial ha caído ligeramente hasta el 28%. El motivo no es solo su sufrimiento, sino el efecto dominó de la eliminación de Alemania, que ha abierto la puerta a otros aspirantes.
Francia es una de las grandes beneficiadas. Su probabilidad de coronarse sube hasta el 14%. España, que despachó con autoridad a Austria, se sitúa en torno al 16%. Los dos han hecho que un trámite parezca precisamente eso: un trámite. Francia hizo lo propio con Suecia. Un partido serio, sin estridencias, pero con una claridad que alimenta el discurso del candidato.
Inglaterra se mueve ya en el 12% de opciones de título. Más que un salto de rendimiento, es el efecto natural de un cuadro que se va vaciando. El problema para los ingleses tiene nombre y acento: Brasil y Argentina siguen en su camino, siempre que superen primero su propio examen en México City ante la selección local.
Inglaterra, México y el mito de la altitud
El duelo entre México e Inglaterra en México City no solo enfrenta estilos y jerarquías. Enfrenta también una narrativa instalada desde hace décadas: la altitud como arma invisible del anfitrión.
Los modelos de goles esperados son claros antes de tocar el tema del aire enrarecido: México se queda en 0,6 xG; Inglaterra se dispara a 1,6. Una ventaja neta de un gol. Traducido a probabilidades, eso significa un 62% de opciones de victoria inglesa en los 90 minutos, un 13% para México y un 25% de que el partido se vaya a los penaltis.
La pregunta que recorre tertulias y vestuarios es otra: ¿cuánto pesa realmente jugar a más de 2.000 metros? La respuesta, cuando se mira a los datos de miles de partidos internacionales disputados a distintas alturas, es menos dramática de lo que sugiere la leyenda.
Alrededor del 55% de los encuentros internacionales jugados prácticamente a nivel del mar (dentro de un margen de 250 metros arriba o abajo) acaban con triunfo local. Es el patrón base. Entre 250 y 750 metros, en un grupo que suma cerca del 6% de todos los partidos históricos —unos 4.000 duelos—, la tendencia no se dispara. Y en el rango de 2.000 a 2.250 metros, donde se sitúa México City, el porcentaje de victorias locales ronda el 52%. Menor que a nivel del mar. A simple vista, nada que respalde la idea de un fortín inexpugnable solo por la altitud.
El matiz llega cuando se introduce en el análisis la fuerza real de los equipos. Ahí entra en juego el modelo Elo del Economic Observatory, estrechamente alineado con el ranking de la FIFA y con buen historial predictivo. Esa métrica ofrece una probabilidad esperada de triunfo local: 1 si el equipo de casa debería ganar casi seguro, 0 si el visitante es claramente superior.
Si se toma el resultado real (1 si gana el local, 0 en caso contrario) y se resta la probabilidad Elo esperada, el promedio de esa diferencia indica cuánto se ha rendido por encima —o por debajo— de lo previsto. Y ahí sí aparece un patrón interesante: por debajo de los 1.750 metros, los equipos de casa ganan aproximadamente lo que se espera. A partir de esa cota, los locales empiezan a rendir algo mejor de lo que anticipa el modelo.
El problema, para el análisis fino, es quién juega en esas alturas. Bolivia por encima de los 3.000 metros; Ecuador, Etiopía y la propia México por encima de los 2.000. No son precisamente los gigantes del ranking. Pese a ello, los datos indican que, por encima de 1.750 metros, los locales ganan más de lo esperado. Incluso en las cotas más extremas, la sobre-rendición ronda los 20 puntos porcentuales… pero todavía dentro del margen de error estadístico.
Conclusión incómoda para los extremos: la altitud probablemente ayuda, pero no convierte a México en un monstruo imbatible ante Inglaterra. Tampoco permite descartarla como factor. Si se ajustan los modelos y se asume, por ejemplo, que el aire fino reduce los goles esperados de Inglaterra en 0,25 y aumenta los de México en 0,25, las probabilidades se estrechan: los ingleses bajarían a un 48% de opciones de victoria, los mexicanos subirían al 24%. El resto quedaría para la lotería de los penaltis.
Inglaterra sigue siendo, por nivel, el mejor equipo. Lo dicen los resultados históricos y también otros métodos, como la valoración de plantillas basada en los valores de mercado de Transfermarkt. La altitud puede igualar un poco el terreno. Dejar el partido al 50-50, no.
El resto de los octavos: favoritos claros, trampas ocultas
El modelo, alimentado por las fuerzas relativas de las selecciones y por miles de simulaciones, dibuja un cuadro de octavos con favoritos marcados. Argentina debería imponerse a Egipto en el 77% de los escenarios. Inglaterra, a México en el 74%. Marruecos, a Canadá en el 70%. España, a Portugal en el 72%. Colombia, a Suiza en el 70%. Brasil, a Noruega en el 69%. Bélgica, a Estados Unidos en el 64%. Francia, a Paraguay en el 62%.
Entre todos esos porcentajes, hay un dato que llama la atención: el relativamente bajo 62% de probabilidad de que Francia se deshaga de Paraguay. Sobre el papel, el contraste de talento entre una Francia goleadora y una Paraguay austera invita a pensar en un cruce cómodo. Los números cuentan otra historia.
El modelo de goles esperados sitúa a Francia en apenas 1,1 xG frente a los 0,6 de Paraguay. Ventaja, sí, pero corta para un ataque tan productivo. Y la explicación está en el perfil del rival. Ya en el análisis previo del Grupo D se subrayaba la solidez defensiva paraguaya. Desde su estreno ante Estados Unidos, el equipo sudamericano ha confirmado esa etiqueta: bloque compacto, pocos espacios, mucha disciplina.
El resultado es un partido que, para Francia, puede convertirse en su examen más duro hasta la fecha, contra todo pronóstico. Un choque en el que la paciencia y la precisión pesarán tanto como el talento bruto.
El Mundial ha perdido a Alemania, ha confirmado a Argentina como favorita entre dudas, ha abierto la puerta a Francia y España y ha regalado a Paraguay, Cabo Verde o Congo un lugar en la memoria de esta edición. Ahora llega el tramo en el que la estadística se cruza con la épica.
La pregunta es sencilla y brutal: ¿quién será el próximo gigante en caer contra los números?





