México sorprende a Matildas con victoria en Newcastle
La noche estaba preparada para fiesta en Newcastle. McDonald Jones Stadium lleno, 23.167 personas, Sam Kerr, Caitlin Foord, Mary Fowler, Ellie Carpenter celebrando su partido 100 con la selección. Todo apuntaba a un guion conocido: Australia mandando, el público empujando, rival latinoamericano sometido.
El final fue otro. Mucho más crudo.
En el 90+2, cuando el empate sin goles parecía inamovible, México salió a la carrera, desnudó a las Matildas a campo abierto y Diana Ordóñez empujó el 0-1 que silenció el estadio y dejó al equipo de Joe Montemurro con una lección dolorosa en pleno camino al Mundial 2027.
Dominio estéril, aviso constante
Australia empezó como se esperaba: balón, territorio y un martilleo constante por la banda izquierda. A los tres minutos ya avisaba Caitlin Foord entrando desde ese costado; poco después, Sam Kerr y Kaitlyn Torpey se turnaban para atacar el mismo carril. El plan era claro: cargar sobre el lado de Reyna Reyes y forzar grietas en la zaga mexicana.
Las combinaciones entre Van Egmond, Sayer, Foord y Kerr generaban posiciones prometedoras, pero siempre faltaba el último toque. Un control largo, un pase medio metro atrás, un disparo sin fuerza. Las cifras lo cuentan bien: 19 remates australianos, muy pocas ocasiones realmente limpias.
México aguantó el chaparrón inicial, se replegó con disciplina en un bloque bajo y empezó a enseñar los dientes a la contra. A los 18 minutos, Montserrat Saldívar ya había encontrado espacio en el área y disparado cruzado, cerca del poste de Mackenzie Arnold. Era el primer aviso serio de que el partido no iba a ser un monólogo.
El tramo central del primer tiempo expuso el principal problema de las Matildas: la falta de control en el mediocampo. Con Alanna Kennedy actuando como mediocentro más retrasada, el equipo perdió claridad en la salida y México encontró pasillos para salir jugando por dentro con demasiada facilidad. Los robos en zona media se convertían en transiciones peligrosas, y la sensación era que cada pérdida australiana podía costar caro.
Aun así, la ocasión más clara antes del descanso fue local: una contra perfecta en el 29, con Foord liberando a Kerr y la capitana sirviendo un balón de gol a Amy Sayer. Con solo la guardameta Esthefanny Barreras por delante, el pase quedó ligeramente atrás y Sayer estrelló el remate en el poste. Fue la jugada que resumió la noche de Australia: buena construcción, ejecución final deficiente.
Foord tira del carro, México espera su momento
Tras el 0-0 al descanso, las Matildas salieron con una marcha más. Foord, incansable, siguió siendo la principal amenaza. Atacó una y otra vez la banda izquierda, encaró, buscó línea de fondo, trató de forzar penaltis, obedeciendo la consigna del cuerpo técnico. Pero casi siempre se topó con una defensa mexicana que leía el guion y cerraba espacios justo a tiempo.
Kennedy empezó a soltarse más desde la medular y pisó área rival con frecuencia. Kerr intentó convertirse en asistente, bajando a recibir y habilitando a Torpey o a las interiores. Mary Fowler, intermitente pero elegante, dejó destellos de su clase cada vez que tocó el balón, incluido un pase milimétrico a Foord en el primer tiempo que la delantera no logró dirigir a puerta.
El impulso australiano, sin embargo, nunca se tradujo en un asedio real. Los centros no encontraban rematadora, los disparos desde fuera del área carecían de veneno y las segundas jugadas caían muchas veces en pies mexicanos.
Mientras tanto, el equipo de Pedro López esperaba su oportunidad. Saldívar siguió castigando a la espalda de Carpenter, en el día grande de la lateral, que celebraba su partido 100 con la selección. En el 54, la joven atacante mexicana desperdició la que probablemente fue la ocasión más clara del partido hasta entonces: mano a mano tras un error en salida de balón, disparo alto y suspiro colectivo en las gradas.
Montemurro movió el banquillo buscando soluciones. Entró Hayley Raso para dar profundidad y electricidad por la derecha, más tarde Chidiac y Nevin para aportar piernas frescas. Australia se instaló en campo rival, empujó, acumuló centros, remates bloqueados y aproximaciones. Nada más.
México, en cambio, fue afinando el colmillo. Con Charlyn Corral saliendo desde el banquillo para el tramo final, el equipo ganó pausa y malicia en las transiciones. Cada robo ya no era solo un respiro: era una amenaza.
El golpe final en el 90+2
El tramo decisivo llegó en los últimos diez minutos. El partido se abrió, las distancias entre líneas australianas se estiraron y el cansancio empezó a pasar factura. Lo vio Foord, que reconoció la falta de ajuste defensivo cuando el equipo se quedó sin piernas. Lo sufrió la zaga, obligada a correr hacia atrás una y otra vez.
En el 89, Kerr aún tuvo un arranque en campo abierto que pudo cambiar la historia, pero la defensa mexicana la cerró a tiempo. De inmediato, México respondió con un centro tenso que Arnold desvió providencialmente ante la presencia de Corral. Era un intercambio de golpes a destiempo para unas Matildas que habían gastado demasiada energía sin premio.
La presión mexicana ya era evidente cuando el reloj se acercaba al 90. Y entonces llegó la jugada que lo cambió todo.
En el 90+2, con Australia volcada y desordenada, México lanzó una transición perfecta, con una oleada de jugadoras llegando desde segunda línea. La defensa local quedó superada numéricamente, el repliegue fue tardío y la pelota terminó en los pies de Alice Soto, que encontró el pase que había faltado toda la noche a las Matildas. Filtró el balón hacia la derecha, donde Diana Ordóñez apareció completamente sola. Control, remate cruzado, mano estirada de Arnold insuficiente. 0-1, silencio en Newcastle.
El gol no sorprendió a nadie en el césped. Llevaba minutos anunciándose.
Un aviso serio rumbo a 2027
Montemurro no se escondió tras el pitido final. Reconoció la falta de contundencia en el área rival y la dificultad para gestionar el cambio de presión de México a los 20 minutos del primer tiempo. Habló de la necesidad de ser “implacables” en el último tercio, de aprovechar el tipo de rival que se ha elegido precisamente para preparar un Mundial: intenso, agresivo, con presión individual y capacidad para castigar errores.
Foord fue igual de directa: hay que ajustar atrás cuando el equipo se cansa y mejorar el último pase y la toma de decisiones en ataque. Nada de excusas. La derrota duele, pero el diagnóstico es claro.
El contexto tampoco engaña. México, en racha y con nueve partidos seguidos sin perder antes de llegar a Newcastle, ya había derrotado a Brasil este año. Su clasificación FIFA no refleja su crecimiento, como ya había advertido el propio Montemurro. El 0-1 no es un accidente aislado: es otro paso adelante de El Tri Femenil y un recordatorio para Australia de que el margen de error en la élite es mínimo.
Las Matildas tendrán revancha inmediata el martes, en el CommBank Stadium de Parramatta, en el segundo amistoso de la serie. El resultado será importante, pero lo será aún más la respuesta: ¿aprenderá Australia de este golpe y encontrará, por fin, el filo que le faltó en Newcastle?





