Mauricio Pochettino y el camino de Estados Unidos hacia el Mundial 2026
A Mauricio Pochettino se le nublaron los ojos en Houston. No era solo la derrota en la final de la Gold Cup 2025. No era solo México, el eterno rival, levantando el trofeo. Era mirar alrededor en una de las mayores áreas metropolitanas de Estados Unidos y sentir que jugaba de visitante en su propia casa.
Silbidos, camisetas verdes, un ambiente abiertamente hostil. Nada de ese empuje que en otros países se da por descontado. Como si el estadio del Tottenham se llenara casi por completo de camisetas del Arsenal en pleno derbi. Un año antes del Mundial, el argentino entendió de golpe no solo cuánto le faltaba a su selección para competir de verdad por una Copa del Mundo, sino también la posición extraña —y muchas veces ingrata— que ocupan sus jugadores en el ecosistema deportivo de su propio país.
Ese fue el golpe emocional. Pero no fue el primero. Ni el único.
El primer choque: Panamá y el vacío
Marzo de 2025. Concacaf Nations League. El guion parecía conocido: superar a Panamá en semifinales y citarse de nuevo con México o Canadá en la final. Estados Unidos había ganado las tres primeras ediciones del torneo desde su estreno en 2019-20. Había una sensación de rutina, casi de costumbre.
Esta vez, ni siquiera alcanzaron el partido decisivo.
El equipo se atascó ante una Panamá compacta, intensa, que jugó con una pasión que contrastó con el ambiente en las gradas: prácticamente inexistente. Un eco incómodo de lo que vendría después en Houston, pero en versión opuesta. Allí no había hostilidad. Había vacío.
“Estaba vacío”, recordó Pochettino. En las tribunas, los pocos aficionados presentes eran, sobre todo, mexicanos, esperando el partido posterior.
Durante décadas, Estados Unidos había dominado a Panamá. Hasta mediados de 2021, el historial marcaba 17-4-2. Pero algo había cambiado. Ese día, los panameños firmaron su cuarta victoria en los últimos seis enfrentamientos directos, sumando al recuerdo la semifinal de la Gold Cup 2023 y el duelo de fase de grupos de la Copa América 2024. Bastó un despiste, un lapsus mental, para que Panamá golpeara con su tercer disparo a puerta y se colara en su primera final de Nations League.
Para Pochettino, fue un “buen choque”. Una sacudida necesaria. Detrás del resultado, vio algo más preocupante: una selección cómoda, instalada en la inercia de los títulos recientes.
Sacudir la cultura: “todos dentro o desde casa”
El diagnóstico del técnico fue duro. El problema no era solo táctico. Era cultural. Demasiado confort, demasiadas concesiones. El mensaje cambió.
Cuando Christian Pulisic pidió saltarse la Gold Cup pero participar en los amistosos previos ante Turquía y Suiza, Pochettino le cerró la puerta. Quería un grupo único, compacto, desde el primer día de concentración hasta el final del torneo. El mismo principio que aplicaría después al Mundial.
Esa decisión abrió un tira y afloja entre la gran estrella del programa y el entrenador. Y los malos resultados en los amistosos previos al torneo no ayudaron. Las derrotas alimentaron la presión externa. Pero el argentino había trazado una línea: o se está al cien por cien, o se ve el torneo por televisión.
La Gold Cup, pese al desenlace amargo, le dio algo mucho más valioso que un trofeo: piezas nuevas para su columna vertebral. Malik Tillman asumió por fin el rol de gran generador de juego. Matt Freese se adueñó del arco y aguantó un mano a mano de nervios ante Keylor Navas en una tanda de penaltis. Alex Freeman se convirtió en un lateral joven imposible de sacar del once. Sebastian Berhalter se ganó un lugar real en la rotación del mediocampo.
Pochettino también cambió. Los torneos internacionales, con su convivencia diaria y sus partidos cada pocos días, se parecen mucho más a la vida de club que a las ventanas de amistosos. Durante más de un mes, tuvo un grupo fijo, disponible cada mañana. Refinó automatismos, pulió mecanismos, ajustó detalles.
Perdió la final, sí. Luchó contra las lágrimas en el césped y en el vestuario. Pero no se movió un centímetro de su idea.
“Seguid mejorando, pero por favor no cambiéis”, les pidió, todavía con el ruido de Houston en la cabeza.
“Why not us?”: del college football al nuevo estilo
La epifanía no llegó en un campo de fútbol, sino en otro deporte. En Columbus, Pochettino se sentó en la grada para ver un Ohio State–Texas de college football, el 30 de agosto de 2025. Setenta mil personas. Ruido ensordecedor. Una comunión total entre grada y equipo.
La pregunta le salió sola: ¿por qué no aquí? ¿Por qué no con el soccer? Si esa pasión se volcaba con ellos, con su selección, el impacto sobre los jugadores sería “masivo”, “poderosísimo”.
De ahí nació un lema sencillo, casi infantil, pero contundente: “Why not us?”. ¿Por qué no nosotros?
Con el regreso de Pulisic y otros pesos pesados en septiembre, el entrenador presentó la que acabaría siendo la estructura base del equipo: un dibujo flexible, mutante, que cambia de forma sin balón, que desordena a los rivales con movimientos constantes y cambios rápidos de orientación, que ataca sin miedo cuando detecta un resquicio. Un equipo que, por momentos, parece más un espectáculo que un conjunto conservador de selección. Showtime.
Los resultados llegaron rápido. 2-0 a Japón en septiembre. Empate con Ecuador y triunfo sobre Australia en octubre. En noviembre, victoria ante Paraguay y una exhibición de 5-1 contra Uruguay para cerrar 2025 en la cresta de la ola.
Y entonces, otro frenazo.
Marzo negro: Bélgica, Portugal y la duda
La tercera lección llegó en marzo, con la crudeza de un marcador acumulado de 7-2 en contra. Más allá de los números, preocupó la forma. El equipo dudó. La defensa quedó desbordada. En el intento de corregir, el cuerpo técnico incluso regresó por momentos a una estructura anterior, más frágil, frente a Bélgica.
Pulisic, sumido en la peor sequía goleadora de su carrera, fue probado como delantero centro ante Portugal. Apenas dejó huella.
Chris Richards, uno de los líderes silenciosos de la zaga, rescató lo positivo: el grupo siguió creyendo, convencido de haber medido fuerzas de verdad con dos potencias europeas. Pochettino, fiel a su estilo frontal, fue igual de claro al analizar la brecha: Bélgica y Portugal tienen varios futbolistas entre los cien mejores del mundo. Estados Unidos, por ahora, ninguno.
La confianza interna se mantuvo. Afuera, no tanto. Volvió el runrún de siempre. El viejo relato de una selección capaz de firmar grandes noches aisladas, pero condenada a tropezar con la misma piedra, ya fuera ante gigantes o ante equipos teóricamente inferiores. Muchos se preguntaron si no había sido un error programar amistosos pre-Mundial ante rivales tan duros como Senegal y Alemania.
Pochettino no titubeó: esos partidos, dijo, servirían para medir el verdadero nivel del equipo.
El despegue hacia 2026
La cancha le dio la razón. 3-2 a Senegal. 2-1, derrota ajustada ante Alemania, pero con sensación de equipo en crecimiento, afinando detalles justo a tiempo.
A partir de ahí, la historia ya es conocida. 4-1 arrollador a Paraguay. 2-0 sólido, maduro, ante Australia. Y este jueves, un duelo sin presión ante Turquía, ya eliminada, con Estados Unidos habiendo asegurado el primer puesto del Grupo D tras dos jornadas.
Solo cuatro selecciones ganaron su grupo del Mundial con dos victorias en los dos primeros partidos. Argentina y Alemania, gigantes históricos. México, con su hinchada volcánica y su costumbre de jugar en ambientes adversos y en altura. Y, ahora, el Estados Unidos de Pochettino.
Los estadios, esta vez, rugen a favor. Los jugadores hablan de un impulso real desde la grada. El entrenador, que hace un año lloraba en un mar de camisetas rivales, siente por fin ese respaldo que había visto en otros deportes. El punto más alto de su etapa, sin discusión.
Mark McKenzie lo resumió con calma: esto no se arregla en una noche, ni en una concentración, ni quizá en seis o doce meses. Es un proceso. Lo están demostrando.
La pregunta ya no es si Estados Unidos puede competir. Es otra, mucho más incómoda para el resto del mundo: ¿hasta dónde puede llegar este equipo cuando el “Why not us?” deje de ser un lema y se convierta en una amenaza real?





