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Mathys Tel: De héroe a villano en el empate del Tottenham

Tottenham salió de Londres con un punto, pero también con la sensación amarga de haber dejado escapar dos. Y en el centro de todo, un nombre: Mathys Tel.

El joven delantero firmó un golazo, regaló un penalti absurdo y dejó a su equipo atrapado en una batalla por la permanencia que ya roza lo agónico tras el 1-1 ante Leeds.

Un impulso previo… y un arranque tembloroso

El triunfo polémico de Arsenal en el campo del West Ham, ante un rival directo en la zona baja, había dado aire a Tottenham y Leeds antes de que el balón echara a rodar. Para los de Roberto De Zerbi, la ecuación era sencilla: ganar para ponerse cuatro puntos por encima del descenso.

Pero el ambiente eléctrico en las gradas no se trasladó al césped en los primeros minutos. El equipo salió agarrotado, impreciso, con una tensión que se notó pronto en Tel, protagonista de un pase bombeado innecesario, cruzando su propia área, que encendió las alarmas.

Leeds olió el miedo. A los 21 minutos, Brenden Aaronson encontró en el área a Joe Rodon, ex del conjunto local, cuyo cabezazo parecía gol cantado. Antonin Kinsky, sin embargo, reaccionó con reflejos felinos sobre la línea y sostuvo a los suyos cuando más dudas acumulaban.

Ese aviso despertó a Tottenham. Desde la banda, De Zerbi no paraba de gesticular, de corregir, de exigir. El equipo respondió.

Tel se coló entre dos defensores y su disparo, desviado a córner, fue la primera señal seria de vida. Richarlison probó después los guantes de Karl Darlow. El portero de Leeds fue incluso sancionado por retener demasiado el balón, pero ni Pedro Porro ni Conor Gallagher acertaron a puerta tras la acción a balón parado.

Joao Palhinha mandó alto, Rodrigo Bentancur cabeceó desviado. Cuando Tottenham parecía asentarse, Leeds volvió a golpear en la moral: Ao Tanaka rozó el gol con un disparo cruzado y, justo antes del descanso, los locales respiraron aliviados cuando una posible pena máxima por un choque entre Destiny Udogie y Dominic Calvert-Lewin quedó anulada por fuera de juego del delantero.

El golazo que cambiaba todo

De ese susto nació la reacción. Tottenham salió del vestuario con otra cara y, a los cinco minutos de la reanudación, Tel firmó la jugada que parecía cambiar su temporada.

Un córner botado por Porro fue despejado hacia la frontal. El balón cayó a los pies de Tel, que lo acomodó con calma y dibujó un disparo enroscado, precioso, directo a la escuadra. Cuarto gol de la campaña, estallido de alivio en la grada y la sensación de que, por fin, el partido se inclinaba del lado local.

El golpe anímico fue evidente. Poco después, Randal Kolo Muani rompió la línea defensiva, levantó la cabeza y se la puso a Richarlison en bandeja. El brasileño, solo, sin oposición, mandó la pelota por encima del larguero. Una ocasión de 2-0 que pesaría como una losa.

Daniel Farke no esperó más. Movió el banquillo, dio entrada a Lukas Nmecha y Wilfried Gnonto, y el duelo cambió de tono. Leeds empezó a adelantar líneas, a apretar. Tottenham, a recular.

La acrobacia que lo estropeó todo

Y entonces llegó la jugada que persiguió a Tel hasta el pitido final.

Con 21 minutos por jugarse, tras un balón colgado al área que la zaga local parecía haber resuelto, Tel se lanzó a una chilena para despejar. No midió. Su bota impactó de lleno en el rostro del capitán de Leeds, Ethan Ampadu.

Jarred Gillett, el árbitro, dejó seguir en primera instancia. Pero el VAR llamó. Revisión larga, monitor a pie de campo y, al final, decisión inevitable: penalti.

Regalo envenenado para un Leeds que ya se veía condenado a remar sin premio. Oportunidad de oro para Calvert-Lewin, que no perdonó. Disparo seco, ajustado abajo, imposible para Kinsky. Gol número 14 de una temporada sobresaliente para el delantero y, de golpe, Tottenham volvía a mirar de reojo la zona roja.

El estadio se heló. El héroe del 1-0 se convertía en el villano del 1-1.

Maddison vuelve, Kinsky sostiene

Con el partido roto y los nervios a flor de piel, De Zerbi miró al banquillo y tomó una decisión simbólica y arriesgada: James Maddison, doce meses después de su grave lesión de rodilla, saltaba al césped.

El mediapunta necesitó poco para entrar en contacto con el balón y reclamar protagonismo. Tottenham se volcó, Leeds amenazó a la contra. El duelo se convirtió en un intercambio de golpes desordenado, marcado por el miedo a perder y la urgencia por ganar.

En el tiempo añadido, Leeds rozó el asalto definitivo. Sean Longstaff conectó un disparo potente, seco, que buscaba la red. Kinsky, otra vez, se hizo gigante. Mano firme, reflejos intactos y una parada que vale algo más que un punto: vale mantener la cabeza fuera del agua, aunque sea por poco.

Quedaba una última sacudida. Maddison cayó en el área tras un contacto con Nmecha. El estadio pidió penalti con furia, pero Gillett, firme, negó la pena máxima. Sin revisión que cambiara el criterio, el juego siguió y el reloj se consumió.

Un punto que sabe a poco

El pitido final dejó una imagen clara: jugadores de Tottenham cabizbajos, conscientes de que la oportunidad era mayúscula, y un Leeds que celebró el empate como lo que es para ellos a estas alturas: un refuerzo más para una permanencia ya asegurada.

Para Tottenham, en cambio, el 1-1 es una mezcla incómoda de alivio y frustración. Sigue dos puntos por encima del descenso, sí, pero el margen es mínimo y las sensaciones, frágiles.

Tel se marcha del partido con un gol de bandera y un error infantil que reabre la herida de la inseguridad. Kinsky se erige en salvavidas. Maddison vuelve y deja un destello de esperanza.

La pregunta es otra ahora: ¿será suficiente todo eso para que Tottenham sobreviva a esta temporada?