Alaves sorprende a Barcelona en Mendizorrotza
En el viejo Estadio Mendizorrotza, esta vez no se trataba de una gesta por escribir, sino de una ya consumada. El 1-0 de Alaves sobre Barcelona, en la jornada 36 de La Liga 2025, reescribe silenciosamente la narrativa de ambos: el aspirante a la salvación que se hace fuerte en casa y el líder que, aun dominando el campeonato, descubre grietas en su armadura lejos del Camp Nou.
I. El gran marco: jerarquías cruzadas en Vitoria-Gasteiz
Siguiendo esta victoria, el contexto de la tabla es elocuente. Alaves se mueve en la parte baja, 16.º con 40 puntos y una diferencia de goles total de -12, producto de 42 tantos a favor y 54 en contra. Es un equipo de supervivencia, no de brillo: en total esta campaña ha ganado 10 partidos, empatado 10 y perdido 16, con medias goleadoras modestas (1.2 goles a favor por partido y 1.5 en contra).
Barcelona, en cambio, llega como campeón en potencia: 1.º con 91 puntos, una diferencia de goles de +59 (91 a favor, 32 en contra) y una hoja de servicio casi impecable. En total esta campaña suma 30 victorias, 1 empate y solo 5 derrotas, con un ataque de 2.5 goles por encuentro y una defensa que concede 0.9.
Pero el choque en Mendizorrotza no se entiende solo por el rango en la tabla, sino por el ADN de local y visitante. Alaves, en casa, ha jugado 18 partidos: 7 victorias, 6 empates y solo 5 derrotas, con 24 goles marcados y 23 encajados. Es decir, en Mendizorrotza el equipo de Quique Sanchez Flores se acerca a un equilibrio férreo: 1.3 goles a favor y 1.3 en contra. Barcelona, lejos de casa, también domina, pero no con la misma tiranía que en su estadio: en sus 18 salidas, 12 victorias, 1 empate y 5 derrotas, con 37 goles anotados (2.1 de media) y 23 recibidos (1.3).
El 1-0 final encaja en esa zona gris donde el líder, aunque superior en casi todos los parámetros, se expone a un partido incómodo ante un bloque que sabe sufrir y gestionar márgenes mínimos.
II. Vacíos tácticos: ausencias que redibujan el tablero
Las ausencias ayudaron a explicar el guion. Alaves no pudo contar con L. Boye, su segundo máximo goleador liguero con 11 tantos, fuera por lesión muscular, ni con F. Garces, sancionado. Perder a Boye obligó a Quique Sanchez Flores a volcar el peso ofensivo sobre Toni Martínez, autor de 12 goles esta temporada, y a reforzar aún más el plan de partido sin balón.
De ahí el 5-3-2 de partida: A. Sivera bajo palos; línea de cinco con A. Rebbach y A. Perez como carrileros bajos flanqueando a N. Tenaglia, V. Koski y V. Parada; un centro del campo de trabajo con J. Guridi, Antonio Blanco y D. Suarez; y arriba, la dupla T. Martinez – I. Diabate. Es un dibujo que prioriza densidad interior, ayudas constantes en banda y la posibilidad de salir rápido con dos puntas que estiran a la defensa rival.
Barcelona, por su parte, llegó mermado en talento diferencial por fuera. Lamine Yamal, uno de los hombres del campeonato con 16 goles y 11 asistencias, quedó fuera por lesión en el muslo; Raphinha se perdió el duelo por acumulación de amarillas; y F. de Jong y otro jugador (decisión técnica) tampoco entraron en la convocatoria. Hansi Flick apostó por su estructura dominante, el 4-2-3-1, pero sin dos de sus mejores desequilibrantes exteriores.
El once culé dibujó una salida de balón limpia: W. Szczesny en portería; línea de cuatro con J. Kounde, P. Cubarsi, A. Cortes y A. Balde; doble pivote joven con M. Casado y M. Bernal; tres mediapuntas de talento —R. Bardghji, Dani Olmo y M. Rashford— por detrás de R. Lewandowski como referencia.
En términos disciplinarios, el partido encajó con la identidad de ambos. Alaves es un equipo que vive al filo: en total esta campaña ha visto muchas amarillas, con un pico tardío entre el 76’ y el 90’, donde acumula el 21.74% de sus tarjetas, y un tramo final (91’-105’) aún más tenso, con el 16.30%. Barcelona, por su parte, concentra el 28.33% de sus amarillas entre el 46’ y el 60’, reflejo de su agresividad tras el descanso para recuperar la posesión alta, y otro 21.67% en el tramo 76’-90’, cuando aprieta la remontada o protege ventajas.
III. Duelo clave: cazadores y escudos
La batalla central se jugó en dos ejes: el área de Szczesny y el corazón del mediocampo.
En el frente “cazador vs escudo”, Toni Martínez asumió el rol de referencia ofensiva de Alaves. Sus 12 goles ligueros y su volumen de duelos (483 en total, 250 ganados) hablan de un delantero que no solo finaliza, sino que fija, pelea y da oxígeno. Su reto era atacar una defensa de Barcelona que, en total esta campaña, solo ha concedido 32 goles, y que fuera de casa encaja 1.3 por partido. La estructura de cinco atrás permitió a Alaves sostener más hombres por detrás del balón y reservar a Martínez para atacar los espacios a la espalda de P. Cubarsi y A. Cortes, especialmente cuando A. Balde y J. Kounde se proyectaban.
En el lado azulgrana, el “cazador” era múltiple. R. Lewandowski, con 13 goles, sigue siendo la referencia en el área, pero su temporada está marcada por cierta irregularidad y por dos penaltis fallados (1 marcado, 2 errados). Sin Lamine Yamal y Raphinha, el peso creativo se desplazó hacia Dani Olmo y M. Rashford. Olmo llega con 7 goles y 8 asistencias, 47 pases clave y un impacto constante entre líneas; Rashford suma 8 goles y 7 asistencias, con 42 pases clave y 83 regates intentados. Ambos tenían la misión de atacar los intervalos entre los tres centrales de Alaves y castigar cualquier salida tardía de los carrileros.
El “motor” del partido, sin embargo, se situó un escalón más atrás. Antonio Blanco, dueño del pivote en Alaves, es el prototipo de mediocentro de supervivencia: 2936 minutos, 91 entradas, 10 bloqueos, 52 intercepciones y 67 faltas cometidas. Su duelo con la doble base Casado–Bernal era la clave para que los locales no se hundieran definitivamente en su área. Blanco, con 9 amarillas en total esta campaña, vive permanentemente en el límite, y su capacidad para cortar líneas de pase hacia Olmo y Lewandowski fue fundamental para que el bloque de cinco no se viera desbordado.
Del lado culé, el equilibrio se repartió entre M. Casado y M. Bernal, dos perfiles jóvenes encargados de sostener la circulación y la presión tras pérdida. Sin un organizador clásico como F. de Jong, Barcelona dependió más del juego entre líneas de Pedri desde el banquillo y de la creatividad de Olmo y Rashford, lo que, ante un bloque tan bajo, terminó generando volumen pero no claridad en los metros finales.
IV. Pronóstico estadístico y lectura táctica del 1-0
Si este partido se jugara cien veces, las métricas de la temporada sugerirían un guion muy diferente. Heading into this game, Barcelona promediaba 2.1 goles a favor por partido en sus desplazamientos y solo 1.3 en contra; Alaves, en casa, se movía en un 1.3 a favor y 1.3 en contra. El modelo de expectativas —sin xG explícito en los datos, pero leyendo tendencias— apuntaría a un escenario de 1-2 o incluso 1-3, con Barcelona generando más ocasiones claras a través de su batería creativa (Olmo, Rashford, Pedri, R. Bardghji) y su capacidad de castigar defensas que sufren en tramos finales.
Sin embargo, el 1-0 encaja en una lógica alternativa: la del partido de supervivencia perfecta de Alaves. El 5-3-2 permitió a Quique Sanchez Flores comprimir el carril central, obligar a Barcelona a vivir por fuera sin sus mejores extremos disponibles y proteger a Sivera de situaciones de mano a mano. La densidad interior, sumada al trabajo oscuro de Blanco y Guridi, redujo el impacto de Lewandowski en el área y obligó al líder a abusar de centros y disparos lejanos.
Por su parte, Barcelona, pese a su dominio estructural en la temporada —30 victorias, 91 goles, 15 porterías a cero—, mostró una de sus pocas vulnerabilidades: cuando le faltan desequilibrantes puros, su ataque se vuelve más previsible, y el rival puede sobrevivir si mantiene la concentración en los tramos donde los culés suelen apretar más. No es casual que los azulgranas acumulen el 28.33% de sus amarillas entre el 46’ y el 60’: es el momento en que suben la intensidad para romper partidos cerrados. Alaves resistió ese arreón, mantuvo la estructura y castigó en el momento justo.
En términos de prognosis global, la derrota no altera la condición de Barcelona como equipo más sólido del campeonato, pero sí deja una advertencia para futuros desplazamientos: sin Lamine Yamal y Raphinha, el margen de error se reduce drásticamente. Para Alaves, en cambio, este 1-0 es la confirmación de su identidad: un equipo que, en casa, vive cómodo en el alambre, que acepta partidos de pocos goles y que, con un plan defensivo bien ejecutado, puede tumbar incluso al gigante que domina La Liga.





