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La maldición del playoff persigue a Millwall: Hull avanza a Wembley

La historia se repite para Millwall. Otra vez en semifinales, otra vez a un paso de la Premier League, otra vez al suelo. Ya van cuatro golpes en esta ronda: 1991, 1994, 2002 y ahora este, quizá el más cruel de todos. El equipo de Alex Neil había terminado 10 puntos por encima de Hull en la liga y se quedó a un suspiro del ascenso directo en la última jornada. En casa, favorito, con The Den encendido. Y, sin embargo, fue Hull quien celebró.

El verdugo tuvo nombre y acento argelino: Mohamed Belloumi. Entró desde el banquillo, agitó el partido desde la banda izquierda y lo rompió con un golazo. Después, Joe Gelhardt remató la noche con el segundo. Dos suplentes, dos puñaladas, un estadio enmudecido.

Otra noche amarga en The Den

Neil conoce el camino del playoff. Subió con Norwich en 2015, relanzó a Sunderland en 2022. Había pedido a la grada una noche para el recuerdo y el mensaje caló. Antes del inicio, el rugido de “No one likes us, we don’t care” retumbó por todo el estadio, cargado de desafío y de esperanza.

El contexto venía caliente. En la ida, el gol anulado a Ryan Leonard había encendido a Millwall y el final del encuentro dejó tensión y altercados entre aficiones, separados por la policía. Esta vez, los seguidores de Hull que se atrevieron a viajar al sureste de Londres llegaron con un detalle especial: camisetas regaladas por el presidente Acun Ilicali como agradecimiento por su apoyo. Un gesto pequeño antes de una noche enorme.

En el banquillo visitante, Sergej Jakirovic volvió a desafiar los pronósticos. Llegó el verano pasado, con un presupuesto modesto y pocas miradas puestas en su equipo. Cambió el guion sin avisar: línea de cinco atrás, un ajuste que descolocó a Millwall desde el inicio.

Hull, que ya había ganado 3-1 en este mismo escenario en diciembre, arrancó mejor. En el minuto 10, Charlie Hughes obligó a Anthony Patterson a intervenir por primera vez con un potente lanzamiento de falta. Aviso serio. Millwall, desconectado, tardó en entrar.

Cuando lo hizo, The Den se encendió. Thierno Ballo apareció en el área para cabecear un balón que Kyle Joseph sacó sobre la línea, casi desde dentro de la portería. Poco después, Ivor Pandur voló a su primer palo para repeler un disparo seco de Femi Azeez. El extremo, que se ha ganado el sitio tras escalar desde Northwood en la octava categoría del fútbol inglés, volvió a ser el más peligroso de los locales. Cada vez que encaraba, el murmullo se convertía en expectación.

Hull aguantó el chaparrón y volvió a morder. John Egan rozó el gol con un cabezazo a balón parado y Oli McBurnie obligó a Patterson a lucirse tras un centro envenenado de Ryan Giles. A cinco minutos del descanso, Millwall reclamó penalti: un centro de Casper De Norre impactó en el brazo de Hughes. El defensa tenía el brazo pegado al cuerpo y Sam Barrott, muy cerca de la jugada, desestimó las protestas de inmediato.

Para Hull llegó entonces el primer golpe duro: Joseph se marchó cojeando con una fea lesión de tobillo. La reacción de la grada local fue implacable, con abucheos mientras el delantero abandonaba el campo ayudado por el fisioterapeuta.

Belloumi cambia el destino

Tras el descanso, Hull volvió a salir más despierto. Regan Slater encontró a McBurnie y el remate del delantero superó a Patterson, pero Tristan Crama apareció bajo palos para sacar el balón sobre la línea. Otra señal de que Millwall caminaba por el alambre.

El conjunto de Neil empujaba, corría, metía centros, pero no encontraba claridad. Mucho esfuerzo, poca precisión. El técnico decidió romper el plan: dio entrada a Mihailo Ivanovic, pasó a un 4-4-2 y, poco después, recurrió a la experiencia de Alfie Doughty y Barry Bannon. Era el todo o nada.

Y entonces apareció Belloumi, el sustituto de Joseph. Llevaba rato castigando por la izquierda, encarando, buscando el hueco. Lo encontró en el borde del área. Control, recorte y un disparo enroscado que besó el poste lejano antes de entrar. Patterson se estiró, pero no llegó. El sector visitante estalló en un estallido de júbilo. Ese sonido que duele tanto en campo propio.

Millwall intentó reaccionar a contrarreloj. Bannon, recién entrado, casi regala el segundo con un pase blando que dejó a Slater en posición de castigar. No lo aprovechó. Al otro lado, Ivanovic cabeceó por encima del larguero una de las pocas ocasiones claras de los locales en la recta final.

El golpe definitivo llegó sin aviso. Nuevo latigazo de Belloumi por la izquierda, centro tenso al área y aparición de Gelhardt. Primer toque, remate aparentemente sencillo, pero suficiente para que el balón se le escapara a Patterson entre las manos y cruzara la línea lentamente, como una tortura para la grada local. Con ese balón arrastrándose hacia la red se esfumó cualquier esperanza.

Hull mira a Wembley; Millwall mira al espejo

Cuando Barrott señaló el final, la sensación en The Den fue de déjà vu y vacío. Millwall vuelve a quedarse en la puerta de la Premier League, con otra semifinal que se suma a una lista que empieza a pesar demasiado.

El único consuelo para sus aficionados es que todo apunta a que la próxima temporada traerá de vuelta un viejo duelo con West Ham, un clásico que no se vive desde 2012. No es la “tierra prometida”, pero sí una batalla que en este rincón de Londres siempre significa algo.

Hull, en cambio, se gana un billete histórico. Es el primer equipo que, acabando sexto, alcanza la final del playoff desde el Derby de Frank Lampard en 2019. Sin el foco, con menos recursos, pero con un plan claro y un técnico que no se arruga ante los escenarios grandes.

En Wembley les esperará la última montaña. Visto lo de The Den, nadie se atreverá ya a descartarlos.

La maldición del playoff persigue a Millwall: Hull avanza a Wembley