Johan Manzambi: El nuevo niño de oro de Suiza
Johan Manzambi salió del césped con los ojos aún abiertos de par en par, como si lo que acababa de hacer no terminara de encajar en su propia cabeza. No era para menos: se había convertido en el suizo más joven en firmar un doblete en un Mundial desde 1950. Medio siglo largo de historia derribado en 90 minutos.
El joven de Freiburg no ocultó nada. Ni la alegría desbordada ni la incredulidad. “Honestamente, es increíble – es el primer doblete de mi carrera, y encima en el Mundial. Marcar dos goles delante de los aficionados y de mi familia, eso es muy, muy bonito”, confesó a FIFA, todavía con la adrenalina a flor de piel.
No era solo un partido grande. Era el partido en el que su sueño personal se alineaba con la gran cita del fútbol. “No creo que pueda dormir esta noche”, admitió. Y sonó más a promesa que a queja.
De ancla en Freiburg a puñal de la Nati
El ascenso de Manzambi no es un trueno aislado. Llega tras una campaña doméstica excepcional, en la que sostuvo el centro del campo de Freiburg durante su histórica carrera hasta la final de la UEFA Europa League. Ahí, en el día a día, se forjó el jugador que hoy deslumbra a escala global: un mediocentro capaz de mandar, morder y acelerar cuando el partido lo pide.
El cuerpo técnico de Suiza lo ha entendido rápido. Ven en él algo más que un interior aplicado. Valoran su elasticidad táctica, esa capacidad para cambiar de piel sin perder esencia. Cuando las defensas se rompen por el cansancio, entra su arma favorita: la velocidad de Manzambi, un látigo perfecto para castigar estructuras agotadas.
Murat Yakin lo definió con una frase que lo explica todo: “Johan es un chico feliz con unas habilidades futbolísticas increíbles. Podemos usarlo de forma flexible, más defensivo, en el centro del campo, pero también en la banda como delantero”. No es un jugador encasillado; es una navaja suiza en carne y hueso.
El seleccionador fue un paso más allá: “Es un futbolista de calle, de los que necesitan libertad. Ofensivamente, tiene libertad total. Lo visteis hoy: puede presionar, tiene buen regate y puede definir”. Esa palabra, libertad, es la llave de todo. Manzambi no juega encorsetado. Se suelta, se gira, encara, se inventa líneas de pase donde otros solo ven piernas rivales.
Un objetivo cumplido… y una amenaza para los rivales
El propio jugador había llegado al torneo con una meta clara en la cabeza. Nada de tópicos. Nada de “partido a partido”. “Mi objetivo era marcar dos goles en el Mundial – ¡y ahora ya tengo dos!”, soltó entre risas. El detalle que incomoda a los defensas viene justo después: “Pero espero que haya más”.
No son palabras vacías. El contexto lo respalda. Su explosión internacional no es una sorpresa para quienes lo han seguido en la Bundesliga y en Europa. Allí ya demostró que puede dominar el ritmo de un encuentro y, cuando el guion lo permite, romperlo en mil pedazos con una arrancada.
En la selección, esa doble cara lo convierte en un recurso de lujo. Puede empezar como ancla, bajar a recibir, girar el juego, y unos minutos después aparecer en el área como si fuera un nueve puro. El doblete en el Mundial no solo engorda estadísticas; envía un mensaje claro al vestuario y al resto del torneo: Suiza tiene un arma nueva, y no piensa esconderla.
Canadá espera: duelo por el mando del grupo
El calendario no deja tiempo para la nostalgia. Lo que acaba de hacer Manzambi entra ya en los libros, pero Suiza mira al frente. El miércoles 24 de junio se cruza con la selección anfitriona, Canada, en un choque que lo tiene todo: ambiente, tensión y un premio gigantesco.
No hay margen para especular. Es un duelo de “todo o nada” por la cima del Grupo B. El ganador se asegura el primer puesto absoluto y, con él, un camino teóricamente más amable hacia las rondas de eliminación directa. Para una Nati que ha demostrado colmillo arriba, la misión es clara: mantener la química ofensiva que la ha traído hasta aquí.
Ahí, de nuevo, aparece el nombre de Manzambi. Si Suiza quiere imponerse en ese pulso por el liderazgo, necesitará exactamente lo que el joven ya ha mostrado: descaro, ritmo y esa capacidad de aparecer en el momento en que el partido se rompe.
Ya ha cumplido su primer sueño. El siguiente se juega contra Canada, con un grupo en juego y un torneo entero por delante. La pregunta ahora no es qué ha hecho Johan Manzambi, sino hasta dónde puede llevar a esta Suiza desatada.





