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Joachim Klement y su modelo de predicción del Mundial

En 2010, el mundo se rindió ante Paul, el pulpo que adivinó todos los resultados de Alemania en el Mundial. Un animal convertido en oráculo. Una historia perfecta para titulares fáciles.

Catorce años después, el papel de vidente ya no lo ocupa un cefalópodo, sino un economista alemán con hojas de cálculo en lugar de tentáculos: Joachim Klement. Y su registro es todavía más inquietante. Desde 2014 ha acertado, con un modelo estadístico propio, el campeón de cada Copa del Mundo. Tres de tres.

Ahora, su pronóstico señala a Países Bajos. Si la Oranje levanta el trofeo en julio, se convertirá en el cuarto campeón consecutivo en cumplir la profecía de Klement.

Un modelo que siempre da en la diana

El punto de partida fue casi una broma. Klement, que se define a sí mismo como “pesimista” y lleva una década viviendo en Reino Unido, diseñó el modelo para ridiculizar la arrogancia de los economistas que creen poder anticiparlo todo.

“Esto empezó como un ejercicio para mostrar la arrogancia de los economistas que piensan que pueden pronosticar cosas de las que en realidad no tienen ni idea”, explica. Lo que iba a ser una demostración de límites se ha convertido en una racha que roza lo inverosímil.

En 2014, su país, Alemania, apareció como campeón en sus cálculos. Acertó. En 2018, volvió a pasar los datos por el modelo. Salió Francia. De nuevo, pleno. En 2022, la simulación señaló a Argentina. Otra vez, correcto.

“Como acerté tres veces seguidas, la gente ahora piensa que este modelo es imbatible y que obviamente también tendré que acertar la próxima vez”, admite, entre resignado y divertido.

Países Bajos, Inglaterra, Japón y un tropiezo escocés

La nueva edición de su estudio no solo apunta al campeón. Dibuja todo el recorrido del torneo de 48 selecciones: quién cae, quién sorprende, quién se estrella.

Según sus números, Países Bajos termina coronándose. Inglaterra se cuela hasta semifinales, pero se cruza con un viejo fantasma: Portugal. Dos décadas después de aquel adiós en 2006, el equipo luso volvería a dejar fuera a los ingleses, esta vez sin que el modelo se atreva a escribir la palabra que todo aficionado tiene en la cabeza: penaltis.

Hay más giros de guion. Japón firma una de las grandes sorpresas eliminando a Brasil en octavos de final. Escocia, en cambio, se queda en la fase de grupos, sin billete para las rondas de eliminación.

Nada de esto, insiste Klement, está pensado para proteger corazones o engordar cuentas de apuestas. Es, sobre todo, un experimento sobre la obsesión de predecirlo todo en un deporte que se alimenta del caos.

Entre la ciencia y el azar

El modelo se apoya en factores “sistémicos” que sí tienen un peso real en el éxito de una selección: población del país, riqueza, clima, clasificación en el ranking de la FIFA. Variables que explican una parte del tablero, los cimientos sobre los que se construyen las grandes potencias futbolísticas.

Klement, sin embargo, se niega a vestirlo de infalibilidad. Pide a quienes leen su informe cuatrienal —cada vez más popular tras cada acierto— que lo tomen con cautela. Para él, esos factores solo cuentan media historia.

“La otra mitad es suerte”, subraya. Y ahí entra todo lo que ningún algoritmo puede atrapar: “Cada partido —sobre todo cuando juegan equipos de altísima calidad, muy parecidos en nivel— depende de la forma del día, de una decisión del árbitro, de un golpe de suerte en forma de balón al poste o balón dentro”.

Ese margen de imprevisibilidad, recuerda, es absoluto. “Cosas así son completamente impredecibles”. Y, sin embargo, su modelo sigue encajando campeones como si el fútbol fuera una ecuación cerrada.

Un refugio en medio de las crisis

Klement trabaja como estratega en el banco de inversión Panmure Liberum. Su día a día está hecho de gráficos de mercados, tensiones geopolíticas y titulares sombríos. Por eso, cada vez que se acerca un Mundial, la actualización del modelo se convierte en una especie de escapatoria personal.

“En particular en 2026, cuando hay tantas crisis, guerras y cosas pasando, es algo que me hace sentir bien y que, espero, también hace sentir bien a los lectores, dándoles un pequeño respiro de todo lo malo que ocurre en el mundo”, explica.

Ese respiro, sin embargo, ya no es solo suyo. Con cada acierto, la expectación se dispara. Y con ella, la presión.

La Oranje y el riesgo de ir a la oficina

En los pasillos del banco, los compañeros ya no le preguntan solo por tipos de interés o previsiones económicas. Quieren saber qué pasa si Xavi Simons, centrocampista del Tottenham y pieza clave de la selección neerlandesa, se rompe el ligamento cruzado anterior. Cómo afecta eso al modelo. Si cambia algo. Si deben mover sus apuestas.

Klement responde, matiza, advierte una y otra vez de los límites de la predicción. Pero sabe que muchos han decidido creer. Y actuar en consecuencia.

“Varios colegas han apostado dinero a Países Bajos después de que publicara la nota”, reconoce. Medio en broma, medio en serio, ya tiene pensado su plan de contingencia.

“Si Países Bajos queda eliminada del Mundial, creo que al día siguiente tendré que trabajar desde casa”.

La próxima Copa del Mundo dirá si el economista mantiene su aura de gurú involuntario o vuelve a ser, simplemente, un hombre demostrando que en el fútbol, por muy sofisticado que sea el modelo, la suerte siempre se reserva el último disparo.

Joachim Klement y su modelo de predicción del Mundial