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Escocia se impone 6-0 a Israel pero sufre la lesión de Erin Cuthbert

En el Bozsik Arena de Budapest no había ruido de grada, pero el silencio dolió más que cualquier pitido. Cuando Erin Cuthbert cayó al césped agarrándose la pierna derecha, el eco de sus gritos atravesó un estadio casi vacío y heló a todo el que estaba dentro.

Solo un puñado de amigos y familiares había podido entrar en el recinto de 8.000 asientos para ver lo que, sobre el papel, era un partido en casa de Escocia ante Israel, desplazado a Hungría. Vieron seis goles, una exhibición colectiva y, al mismo tiempo, una escena que puede marcar el rumbo de la clasificación.

Porque Escocia estaba cumpliendo el guion perfecto. Goleada necesaria, dominio absoluto y una diferencia de goles que había que cuidar como oro para seguir por delante de Bélgica en el Grupo B4 europeo. 6-0, misión cumplida. Hasta que la noche cambió de tono.

El grito que rompió la fiesta

Cuthbert, chispa creativa y motor ofensivo, estiraba el marcador en una de las últimas embestidas, buscando exprimir cada tanto posible. La entrada fue inocua, de esas que se ven decenas de veces en un partido. La reacción, no.

Cayó como si le hubieran cortado la luz. Al instante se vio que el impacto al aterrizar había sido otra cosa. No hizo falta repetición para entenderlo: gesto de dolor, manos a la pierna, compañeras paralizadas. Y, poco después, la camilla.

La centrocampista del Chelsea abandonó el campo entre muecas de agonía, dejando tras de sí un vacío emocional evidente. La goleada seguía en el marcador, pero el ambiente se desplomó.

Melissa Andreatta, seleccionadora de Escocia, se negó a aventurar diagnósticos mientras Cuthbert era trasladada al hospital. “Veremos cómo evoluciona”, se limitó a señalar, sin alimentar conjeturas. Kirsty Hanson, autora del sexto gol, apenas se atrevió a añadir: “La están cuidando bien, esperemos que haya buenas noticias”.

Las caras delataban otra cosa. El júbilo por un 6-0 clave se quedó a medias. Escocia conoce demasiado bien ese patrón: cada gran noche parece venir con una factura.

Goleada… y cálculo fino

Mientras el cuerpo técnico aguardaba noticias de Cuthbert, desde Bélgica llegaba un pequeño alivio. En el Den Dreef Stadion, la selección belga cumplió ante Luxemburgo, pero “solo” ganó 6-0.

En circunstancias normales sería un marcador contundente. En este grupo, no tanto. Escocia ya había triturado a Luxemburgo 7-0 en Hampden. La selección de Andreatta arrancó la jornada con cuatro goles de ventaja en la diferencia general respecto a Bélgica. La noche terminó exactamente igual: misma brecha, mismo equilibrio de poder antes de la última fecha del martes.

Bélgica partirá como clara favorita para volver a castigar a Luxemburgo, esta vez a domicilio. Escocia, por su parte, repetirá escenario y rival: “fuera de casa” ante Israel, otra vez en el Bozsik Arena, por decisión de la UEFA de llevar todos los partidos de la selección israelí a sedes neutrales por motivos de seguridad.

Andreatta lo tiene claro: el marcador abultado no basta. “Seguiremos afinando nuestras acciones en el último tercio”, subrayó en declaraciones a BBC Scotland. Sabe que cada disparo cuenta en una carrera decidida por matices.

“La actuación fue lo que buscábamos”, explicó. “El partido empezó muy rápido. Moldeamos el juego y dominamos. Eso es lo que queremos mantener: cómo seguir siendo dominantes en el segundo partido”.

La entrenadora destacó la variedad ofensiva, un detalle que no pasa desapercibido en este tipo de grupos cerrados. “Es muy satisfactorio ver las variantes, ya sea en juego abierto o en segundas jugadas a balón parado. Eso hace muy difícil para cualquier rival saber cómo pararte”.

El Bozsik Arena, al que definió como “un estadio precioso” y con “un buen césped”, la espera de nuevo el martes. Probablemente sin una de sus piezas más determinantes.

El peso de Weir y el vacío de Cuthbert

Cuthbert formaba la mitad de un centro del campo de nivel mundial que descosió a Israel. Marcó el primer gol de Escocia y repartió dos asistencias. Una actuación total, cortada en seco.

Su ausencia, si se confirma, empujará todavía más responsabilidad sobre Caroline Weir. Como si no llevara ya bastante.

La capitana, que apunta a salir de Real Madrid este verano, firmó un hat-trick y rozó incluso algún tanto más. Mandó en el ritmo, en los espacios, en los tiempos. Y, sobre todo, en los momentos que definen una clasificación.

“Lidera desde delante aunque juegue en el centro del campo. Es una persona elegante y una jugadora elegante y, en las situaciones que realmente importan, da un paso al frente”, destacó Andreatta. “Eso es lo que necesitábamos esta noche”.

Hanson también se rindió ante la influencia de la centrocampista de 30 años. “Es un referente para todas, la miramos y aprendemos de ella. Marca los estándares y, si ella juega bien, todas jugamos bien”, apuntó.

No hubo grandes celebraciones. Sí una satisfacción contenida por “marcar muchos goles”, como admitió Hanson, y una rápida mirada al calendario: “Tenemos otro partido y ya pensamos en el siguiente”.

Un martes que puede cambiar un ciclo

Lo que está en juego el martes va mucho más allá del orden en la tabla. El duelo ante Israel no solo decidirá si Escocia termina primera y asciende a la League A de la Nations League. También marcará el nivel del obstáculo en el camino hacia el Mundial de 2027 en Brasil.

Solo las ganadoras de grupo de League A obtienen el billete directo europeo. En el caso de Escocia, el objetivo inmediato es asegurarse un buen lugar en el laberinto de los play-offs. Tres selecciones del Grupo B4 estarán en esa repesca, pero no todas llegarán igual posicionadas.

Las campeonas de grupo serán cabezas de serie junto a las cuartas clasificadas de League A, y se medirán a segundas y terceras de League B. La diferencia entre llegar arriba o llegar desde atrás puede definir un ciclo entero.

Por eso cada gol ante Israel cuenta. Cada decisión en campo contrario. Cada detalle en un Bozsik Arena silencioso, donde Escocia ya ha aprendido que una gran victoria puede esconder una mala noticia.

Con o sin Cuthbert, el martes no se trata solo de ganar. Se trata de cuánto, de cómo y de hasta dónde está dispuesta esta selección a empujar sus propios límites para acercarse al Mundial.