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El enfado de Haaland y el final del reinado del City

El Manchester City se quedó sin margen de error en el lugar más incómodo posible. En una noche tensa en el Vitality Stadium, el 1-1 ante el Bournemouth certificó matemáticamente el título de la Premier League para el Arsenal, con una jornada aún por disputarse, y condenó al equipo de Pep Guardiola al papel de subcampeón.

El empate tuvo algo de cruel para los de Manchester. Erling Haaland, cómo no, apareció tarde, cuando el reloj ya quemaba, para firmar el gol que mantenía viva una esperanza casi utópica. El noruego encendió por un instante el viejo guion de las remontadas imposibles. Pero esta vez no hubo giro final. El City empujó, cercó el área rival, buscó el tanto que alargara el pulso por el título. No lo encontró.

El pitido final no solo cerró el partido. Cerró también una era concreta: dos temporadas consecutivas sin levantar la Premier para un club que se ha acostumbrado a medir su grandeza, sobre todo, en esa competición.

“Debemos estar enfadados”

Haaland no maquilló nada tras el encuentro. Ni en el gesto ni en las palabras. El delantero asumió el golpe y lo convirtió en mensaje interno.

«Al final, cada partido en la Premier League es difícil. Lo intentamos. No fue suficiente», declaró a City Studios, aún con la adrenalina del desenlace.

El matiz llegó después, cargado de intención: «Todo el club debería usar esto como motivación ahora. Deberíamos estar enfadados, deberíamos sentir un fuego dentro del estómago porque no es suficiente. Han pasado ya dos años, se siente como una eternidad. Vamos a hacer todo lo que podamos, todos los que estemos aquí la próxima temporada, para ganar la liga».

No es una frase al aire. Para un vestuario que ha normalizado la excelencia, el segundo puesto se vive casi como una anomalía. El propio Haaland lo subrayó: para un club del tamaño del City, el subcampeonato no puede convertirse en consuelo.

El peaje de Wembley

El contexto del tropiezo también cuenta. El City llegó a la costa sur con la resaca emocional de una final. Días antes había derrotado al Chelsea en Wembley para conquistar la FA Cup, un título que se suma a la Carabao Cup y dibuja un curso con dos trofeos… pero sin la corona que más obsesiona al grupo.

Haaland no se escondió tras el calendario, pero sí admitió el desgaste: «Nunca es fácil venir aquí, especialmente después de una final contra un equipo realmente bueno», reconoció. «Las finales siempre son más emocionales, siempre son más difíciles porque automáticamente das más. El calendario es duro. No hay excusas. Pero no es fácil venir a Bournemouth después de jugar en Wembley la final de la FA Cup».

La explicación no pretende justificar el resultado, pero sí dibuja el paisaje de un City que ha peleado en todos los frentes y que, aun así, siente que dejó algo sobre la mesa en la liga.

Dos trofeos… y una espina

El balance de la temporada, en boca del propio Haaland, suena a mezcla de orgullo y frustración. «Todo es relativo; fue mejor que la pasada», admitió. El noruego, sin embargo, dejó claro que la sensación es agridulce: «Sentí que aún podíamos apretar un poco más en la liga, pero se ha acabado. Ganamos dos trofeos, lo cual es importante, pero también queremos la Premier».

La frase resume el estándar competitivo del City actual. Ganar la FA Cup y la Carabao Cup sería un éxito rotundo para la mayoría de clubes. Para el equipo de Guardiola, el relato cambia cuando el trofeo de la Premier se marcha a otro lado por segunda campaña seguida.

El propio vestuario, con su delantero estrella a la cabeza, parece decidido a usar esa incomodidad como combustible. La idea de “dos años sin la liga” pesa más que cualquier celebración reciente.

El botín personal de Haaland

En medio del desencanto colectivo, el noruego se mantiene en la pelea por un premio individual que refuerza su impacto. Con 27 goles en esta Premier League, Haaland domina con autoridad la carrera por la Bota de Oro del campeonato, camino de lograrla por tercera vez en cuatro temporadas.

Su perseguidor más cercano es Igor Thiago. El delantero del Brentford suma 22 tantos, ocho de ellos desde el punto de penalti. Con solo un partido por disputarse, la distancia parece casi insalvable. Todo apunta a que el ‘9’ del City cerrará el curso como máximo goleador de la liga una vez más, incluso en un año en el que la narrativa se ha centrado más en el título colectivo que se escapaba que en sus cifras.

El contraste es nítido: Haaland levanta trofeos, colecciona goles, encabeza rankings. Y, aun así, habla de enfado, de fuego interno, de una Premier que “se siente lejana” después de dos temporadas sin tocarla.

Esa es, precisamente, la señal más clara de lo que viene: un City herido, pero no abatido, con un delantero que ya ha puesto fecha y objetivo a su próxima obsesión. La próxima campaña, la liga no será solo un reto. Será una deuda que el vestuario ha decidido cobrarse.

El enfado de Haaland y el final del reinado del City