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La desilusión de los aficionados al fútbol en la nueva temporada

La afición al fútbol se parece un poco a la mañana de Navidad. Meses haciendo la lista de deseos, imaginando que esta vez sí, que esta temporada va a ser distinta, que al abrir el regalo aparecerá, por fin, un equipo a la altura de los sueños.

Luego llega el primer partido. Y el papel de regalo se convierte en papelera.

Manchester United: otra ilusión que se desinfla

Tras un tercer puesto con Michael Carrick, muchos seguidores del Manchester United se habían permitido algo que en Old Trafford casi se considera un lujo: ser optimistas.

“Por primera vez en años, estoy impresionado no solo con el once del United, sino también con el banquillo”, escribió Danny, aficionado del club, en la página en directo de BBC Sport antes del viaje a Hull City. Nueva temporada, nuevos fichajes —Youri Tielemans, Andrey Santos—, calendario amable con dos recién ascendidos en las primeras jornadas. El escenario perfecto para mandar un mensaje.

El mensaje acabó siendo otro: 2-0 para Hull City, ascendido vía play-off, pero con empaque de equipo grande frente a un gigante de 13 títulos que se sigue mirando al espejo sin reconocerse.

Alec, seguidor del United desde hace 38 años, lo resumió con crudeza: “Si los últimos 15 años me han enseñado algo es a no ser optimista. Me reí cuando leí lo fuerte que decían que era nuestra profundidad de plantilla. Es tan profunda como la piscina de un niño pequeño. Otra temporada larga por delante”.

El golpe no terminó con el pitido final. Mientras el equipo caía ante los Tigers, en el propio estadio se anunciaba la cancelación de dos trenes de vuelta a Manchester para los 2.400 aficionados visitantes. La grada local olió sangre y se burló con un cántico que dolió casi tanto como el resultado: “You should have come in a taxi”.

La sensación era clara: no estaban solos en el sufrimiento. Pero eso no consuela cuando el déjà vu se instala en agosto.

Tottenham: millones gastados, misma pesadilla

En el norte de Londres, el verano había traído algo parecido a la esperanza. Dos temporadas seguidas terminando en el puesto 17 habían dejado cicatrices, pero también una reacción: inversión masiva, discurso ambicioso, la idea de que lo peor ya había pasado.

Tottenham se lanzó al mercado. Llegó el central Jan Paul van Hecke, se incorporaron Sandro Tonali y Mateus Fernandes al centro del campo. El gasto: 237 millones de libras y subiendo. Sobre el papel, un equipo para dejar atrás las angustias.

La realidad se encargó de apagar la música.

Brentford, el vecino menos glamuroso, destrozó a los Spurs con un 3-0 demoledor. En el césped estaban los nuevos: Andy Robertson, Marcos Senesi, Van Hecke y un Tonali de 100 millones. En la grada, la sensación de haber visto esta película demasiadas veces.

“Seamos sinceros: los Spurs han vivido tantas falsas alboradas en la era Premier League que la única diferencia esta vez es la cantidad absurda de dinero que se han gastado en verano”, apuntó Mark, aficionado del club.

Richard fue aún más directo: “Que el United perdiera en Hull fue una sorpresa, pero ¿Spurs? Para nada. ¡Dos temporadas seguidas en el puesto 17! Mucho dinero gastado en jugadores del montón, 85 millones en un jugador que ha descendido dos veces en las dos últimas temporadas. Nada sorprendente”.

El mensaje desde la grada es inequívoco: el dinero ha cambiado los nombres, no las dudas.

West Ham: del sueño del ascenso al miedo temprano

En el este de Londres, la herida es más reciente. El descenso del West Ham, tras 14 años en la Premier League, dejó un vacío enorme. Pero también un objetivo inmediato: volver cuanto antes.

El plan no sonaba mal. Con Nuno Espírito Santo al mando, el club rompió el récord de gasto en el Championship para fichar a Arne Engels y sumó a Manor Solomon, Joel Piroe y Divine Mukasa. Plantilla para competir por el título, decían muchos.

Dos partidos han bastado para cambiar el tono.

Un punto de seis posibles. Primero, un 2-0 desperdiciado en Burnley para acabar empatando. Después, derrota 2-1 en casa ante Charlton. Las conversaciones sobre el ascenso se han convertido en debates sobre el banquillo.

“¿Alguien puede acabar con la miseria de Nuno?”, lanzó Les, aficionado de los Hammers. “Se equivocó con los planteamientos la temporada pasada y está haciendo lo mismo otra vez. Debería haberse ido al final del curso jugando así. No merecemos nada”.

Desde Corfú, Mike compartía la misma resignación: “Sentado aquí, como muchos aficionados del West Ham, nada sorprendido por nuestro inicio de temporada. No no Nuno. Has tenido 33 partidos. Si eras el tipo adecuado para Forest y Wolves, bien. Pero no lo eres para nosotros. Ya basta”.

El verano había prometido un West Ham protagonista en el Championship. El arranque huele más a continuación del trauma que a nuevo comienzo.

Rangers: ruido, fichajes y una paciencia al límite

Ni siquiera cruzando la frontera se encuentra demasiada calma. En la Scottish Premiership, los seguidores de Rangers también habían alimentado grandes expectativas.

El club de Ibrox volvió a gastar fuerte: 11 fichajes en verano. Nuevo entrenador, Derek McInnes, llegado desde Hearts tras una campaña notable, y con él su capitán, Lawrence Shankland. El mensaje era claro: reconstrucción seria para volver a mandar.

El guion se torció casi de inmediato. Eliminación en la fase previa de la Europa League ante Jagiellonia Bialystok, silbidos de la grada propia y dudas abiertas sobre el futuro de McInnes con la temporada apenas en pañales.

En liga, el panorama no mejora demasiado: solo un punto en los duelos ante Dundee United y Hibernian. El veredicto de parte de la afición es demoledor.

“¡Rangers no va a ninguna parte! ¿Qué ha estado entrenando McInnes con estos jugadores?”, ironizó Bill. Graeme, con más de seis décadas siguiendo al club, fue todavía más duro: “Llevo más de 60 años viendo a Rangers y este es el peor equipo que he visto nunca”.

La comparación con el curso pasado es inevitable. Entonces, el equipo ya había empezado a trompicones con Russell Martin y nunca logró enderezar el rumbo. El despido llegó a principios de octubre, demasiado tarde para salvar la temporada.

Hoy, con agosto aún en el calendario, la paciencia vuelve a tensarse en Ibrox. Y no solo allí.

Porque la nueva temporada apenas ha echado a andar y, sin embargo, en Manchester, Londres y Glasgow muchos hinchas sienten que el regalo ya venía roto. La pregunta, tan temprana como incómoda, es si sus clubes sabrán repararlo antes de que la ilusión se pierda para siempre.