Cremonese cae 1-4 ante Como en la jornada 38 de Serie A
En el atardecer denso de Cremona, el Stadio Giovanni Zini asistió a una despedida cruel. En la jornada 38 de Serie A 2025, con la temporada ya escrita en la tabla, Cremonese cayó 1-4 ante Como, un resultado que retrata con crudeza el ADN de ambos equipos: los locales, 18.º con 34 puntos y un goal difference total de -25 (32 goles a favor y 57 en contra); los visitantes, 4.º con 71 puntos y un goal difference total de +36 (65 a favor, 29 en contra), rumbo a la Champions League.
La foto inicial ya anunciaba el choque de ideas. Cremonese, fiel a su libreto más repetido (26 partidos con este dibujo en la temporada), se ordenó en un 3-5-2 bajo la batuta de Marco Giampaolo. E. Audero bajo palos, una línea de tres con F. Terracciano, M. Bianchetti y S. Luperto, carriles largos para A. Zerbin y G. Pezzella, y un centro del campo de trabajo con M. Thorsby, A. Grassi y Y. Maleh. Arriba, la pareja F. Bonazzoli – J. Vardy como último intento de cambiar un destino ya casi sellado.
Al otro lado, el 4-2-3-1 de Cesc Fabregas en Como, sistema que ha utilizado en 34 ocasiones esta campaña, apareció con la seguridad de un equipo que sabe lo que es. J. Butez en portería; línea de cuatro con I. Smolcic, Jacobo Ramon, M. O. Kempf y A. Moreno; doble pivote de control con L. Da Cunha y M. Perrone; una línea de tres creativa con A. Diao, M. Baturina y Jesús Rodríguez; y en punta, T. Douvikas, autor de 14 goles totales en la temporada, como referencia ofensiva.
Las ausencias pesaron de forma asimétrica. Cremonese llegaba sin un buen puñado de piezas: F. Baschirotto (lesión en el muslo), W. Bondo (lesión muscular), M. Faye (enfermedad), F. Moumbagna (lesión muscular), M. Payero (enfermedad) y A. Sanabria (lesión muscular). Es decir, se recortaban alternativas para reforzar la zaga, el doble pivote y el frente de ataque, justo en un equipo que, en total esta campaña, solo ha marcado 32 goles con un promedio total de 0.8 por partido y ha encajado 57, a razón de 1.5 tantos totales por encuentro.
Como también tenía bajas –J. Addai (tendón de Aquiles) y A. Valle (lesión en el muslo)–, pero su estructura estaba intacta. Su solidez defensiva (29 goles encajados en total, 0.8 de media total) y su equilibrio entre casa y fuera –30 goles a favor away, con una media away de 1.6, y solo 14 en contra away (0.7 de media away)– se trasladaron con naturalidad al césped.
En términos disciplinarios, el guion de la temporada ya sugería tensiones. Cremonese es un equipo que se descompone tarde: el 26.03% de sus tarjetas amarillas llegan entre el 76’ y el 90’, un síntoma de cansancio y persecución del partido a contracorriente. Además, ha visto 3 rojas totales, con un 33.33% entre el 91’ y el 105’, lo que habla de frustración en tramos finales. En ese contexto, perfiles como G. Pezzella –8 amarillas y 1 roja en la temporada– y A. Grassi –también expulsado una vez– son termómetros de un mediocampo obligado a correr demasiado hacia atrás.
En Como, la agresividad está más controlada, pero no ausente. Jacobo Ramon, con 11 amarillas y 1 roja, y M. Perrone, con 8 amarillas, simbolizan una defensa y un doble pivote que no rehúyen el choque. El dato colectivo lo confirma: el equipo reparte sus amarillas de forma bastante uniforme, pero concentra todas sus rojas entre el 76’ y el 90’ (100.00% en ese tramo), un aviso de que, cuando el partido se rompe, también se endurece.
El duelo clave, el “cazador contra el escudo”, enfrentaba a T. Douvikas con una defensa local que, en casa, encaja 29 goles (media home de 1.5) y solo ha dejado su portería a cero en 6 ocasiones totales. El griego llega tras 38 apariciones, 14 goles y 49 tiros totales, 30 de ellos a puerta: un finalizador con volumen, que además ha ganado 100 duelos de 239. Ante una línea de tres en la que Bianchetti y Luperto tienen que defender mucho espacio a la espalda de los carrileros, la amenaza de ruptura y remate era evidente. El 1-4 final no hace sino confirmar que la estructura de Cremonese no pudo contener las llegadas interiores ni las combinaciones sobre el área.
En el “motor del partido”, la batalla se libraba entre la sala de máquinas creativa de Como y el bloque de contención de Cremonese. N. Paz, aunque arrancó desde el banquillo, es el cerebro estadístico del curso: 12 goles, 6 asistencias, 51 pases clave y 1.394 pases totales con un 82% de acierto, además de 91 entradas y 28 intercepciones. Su temporada está marcada por una doble cara: influencia enorme y, a la vez, una relación tensa con el punto de penalti, donde ha fallado 2 penas máximas (0 goles y 2 penaltis fallados). A su alrededor, Jesús Rodríguez (9 asistencias totales, 36 pases clave) y M. Caqueret (6 asistencias, 26 pases clave, 88% de acierto en 906 pases) convierten el 4-2-3-1 en una máquina de encontrar al hombre libre entre líneas.
Cremonese, por contra, confía su chispa ofensiva a F. Bonazzoli: 10 goles totales, 1 asistencia, 57 tiros (32 a puerta) y 80 faltas recibidas, además de 3 penaltis marcados sin fallo. Su capacidad para fijar centrales y forzar contactos era la única vía real para compensar un ataque que, en casa, solo ha producido 18 goles con media home de 0.9 y ha terminado 7 veces sin marcar en su estadio. El 3-5-2 buscaba precisamente eso: cargar juego sobre Bonazzoli y Vardy, con Zerbin y Pezzella ensanchando el campo, pero la superioridad estructural de Como en la salida y en la presión tras pérdida fue inclinando el campo.
Si imaginamos la capa de xG sobre este partido, la previsión estadística favorecía claramente a Como: un equipo que, en total, promedia 1.7 goles a favor por encuentro y solo 0.8 en contra, frente a un rival que vive en el margen mínimo, con 0.8 goles a favor y 1.5 en contra totales. La combinación de una defensa visitante que solo ha fallado en 9 partidos totales sin marcar y ha dejado 19 veces su portería a cero, con la fragilidad estructural de Cremonese, hacía probable un escenario de dominio territorial y de ocasiones claras para los de Fabregas.
Siguiendo este resultado, el 1-4 no es un accidente, sino la culminación lógica de dos trayectorias opuestas: la de un Como maduro, compacto y clínico, y la de una Cremonese que, pese a los destellos de Bonazzoli y el sacrificio de su mediocampo, nunca logró corregir sus grietas defensivas ni su anemia ofensiva a lo largo de la campaña.





