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Will Keane: De promesa a búsqueda de oportunidades en el fútbol

En mayo de 2012, en un campo cualquiera de fútbol base europeo, el futuro parecía claro. De los dos delanteros de Inglaterra sub-19 que se jugaban la clasificación para el Europeo ante Suiza, el que apuntaba a Mundial y grandes noches era Will Keane, no Harry Kane.

Keane era el elegido. O eso marcaba el guion.

“Hasta ese momento nunca había tenido ningún contratiempo”, recuerda en una charla con BBC Sport.

“Cuando eres joven, no tienes miedo. Toda la trayectoria de mi carrera iba hacia arriba. Debuté con el primer equipo del Manchester United. Ganamos la Youth Cup. Me iba bien con Inglaterra. Todo estaba despegando”.

Entonces, el giro cruel. Una lesión grave de rodilla casi al final de aquel partido. Dieciséis meses fuera.

Mientras Keane aprendía el significado real de la palabra paciencia, Kane encadenaba cesiones en Norwich y Leicester, ganaba oficio y se abría paso en el Tottenham. Dos caminos que parecían paralelos y acabaron separándose sin aviso.

“Es cuestión de timing”, asume Keane. “Hay chicos que pasan toda su carrera con algún problemilla físico, pero nada que les descarrile de verdad.

“Aquella primera lesión llegó en un momento crucial. Ya tenía el pie dentro. La sensación era que probablemente iba a estar alrededor del primer equipo.

“Si me hubiera pasado un par de años más tarde, quizá ya era un jugador asentado en la plantilla. Pero me tocó entonces y me perdí 16 meses en una parte clave del salto de reservas a seniors”.

Mientras Kane se prepara esta semana para medirse a Argentina en una semifinal de Copa del Mundo, Keane está en un escenario muy distinto: Champneys Springs, en Leicestershire, uno de los 45 futbolistas que participan en el campus de pretemporada de 12 semanas organizado por la PFA para jugadores sin contrato.

Un mundo alejado de los focos, pero igual de competitivo.

Un delantero en busca de club… y de más internacionalidades

A sus 33 años, Keane siente que aún tiene “unos cuantos años” de fútbol en las piernas. No renuncia siquiera a aumentar sus cinco internacionalidades con la República de Irlanda, después de ese curioso viaje identitario que le llevó a jugar en categorías inferiores con Inglaterra y en la absoluta con el país donde nació su padre.

“Un par de chicos que conozco hicieron el campus la temporada pasada y hablaron muy bien”, explica.

“Casi siento que formo parte de una plantilla, como si estuviéramos fuera en pretemporada. Hay muchísimos empleados: médicos, entrenadores, administrativos, medios.

“Es bastante competitivo y tenemos siete u ocho partidos, así que los clubes pueden verte jugar. Hay una app a la que los clubes se pueden apuntar. Es como una lista de traspasos de la PFA: todos nuestros datos de entrenamiento van ahí. Los clubes pueden contactar directamente con nosotros, así que, si sale algo, puedes llegar y entrar directo”.

Keane transmite calma. Ya vivió esta incertidumbre en 2020, cuando el Covid golpeó y el Ipswich decidió no activar la opción de un año extra por la incertidumbre económica.

Acabó regresando al Wigan, uno de los ocho clubes por los que ha pasado en una carrera que suma, hasta ahora, 335 partidos profesionales y 85 goles. Fue también el periodo en el que decidió cambiar su manera de entender el juego. Y la vida.

Lesiones, Rashford y una puerta que se cierra en Old Trafford

La primera rotura del ligamento cruzado anterior habría bastado para tumbar a cualquiera. Pero no fue la única. En febrero de 2016, en un Shrewsbury–United de FA Cup, Keane “se destrozó la ingle”.

Tres días más tarde, en la Europa League ante Midtjylland, el plan era que él estuviera en el banquillo. La lesión de Anthony Martial en el calentamiento abrió un hueco. Lo ocupó un chico de 17 años: Marcus Rashford.

Louis van Gaal le dio la oportunidad. Rashford marcó dos goles esa noche. Tres días después, otros dos al Arsenal en Premier League.

“Me fui a Estados Unidos para operarme, aterricé en Philadelphia, encendí el móvil y vi que había marcado otros dos”, cuenta Keane.

Tenía 23 años. Aquel día entendió que se había acabado su etapa en el United. El club de su infancia, el que apoyaba toda su familia, donde parecía escrito que acabaría consolidado en el primer equipo.

Y todavía faltaba otro golpe.

“Fue duro de aceptar, pero tenía que seguir adelante. Conseguí un buen traspaso al Hull, que acababa de ascender a la Premier League”, recuerda.

En su sexto partido con el Hull, otra vez el ligamento cruzado. Catorce meses fuera. “Fue devastador. Me perdí toda la temporada y descendimos. Muchos de los jóvenes consiguieron buenos movimientos: Harry Maguire se fue al Leicester, Andy Robertson al Liverpool, Sam Clucas al Swansea”.

Para Keane, aquello fue el inicio de un viaje mental que no terminó de encarar hasta llegar al Wigan.

Un giro mental: de la psicología deportiva a lo espiritual

“Había trabajado con psicólogos deportivos antes y siempre intentaba ser positivo y optimista, pero empecé a trabajar con alguien en Wigan que no había estado en el fútbol”, explica.

“Es más un psicólogo espiritual. Nos centramos en las intenciones positivas, manifestar, visualización.

“Ya había probado todo lo convencional y seguía rompiéndome, así que quería hacer algo distinto.

“Ojalá hubiera tenido eso cuando era más joven, sobre todo con los golpes que sufrí al principio. Quizá me habría ayudado a volver a la mentalidad adecuada.

“Para cualquier jugador, si no crees en ti mismo y te falta confianza, no vas a rendir como puedes.

“Yo estaba cerca del primer equipo en el United, luego llegó la lesión, tuve varias cesiones en Championship donde no me fue muy bien y empecé a dudar de mí. Wigan me catapultó.

“Antes de eso debería haber confiado más en mí. Jugué con muchos de esos chicos desde siempre y hacia ahí apuntaba mi carrera.

“Si me hubiera centrado en la parte mental antes, quizá el desenlace habría sido distinto.

“Incluso en momentos en los que me lesionaba, quizá tenía algo de duda interna que acababa llevando a que algo saliera mal. Si hubiera estado en el estado mental correcto, a lo mejor alguna de esas lesiones graves ni siquiera habría ocurrido”.

Kane, el que nunca dudó

Mientras Keane repasa sus batallas interiores, el contraste con su antiguo socio en la delantera es inevitable. Harry Kane transmite otra cosa: certeza.

“Recuerdo que, cuando éramos jóvenes, la gente decía que no era móvil, pero técnicamente… el tiempo que dedicaba a definir, su obsesión por ser el mejor en el disparo, se ve, ¿no?”, señala Keane.

“Está tan seguro de sí mismo porque ha hecho el trabajo. Sabe que es un delantero completo.

“Obviamente tiene esa fe en sí mismo. Puede fallar una, pero no se va a esconder. Si no tuviera esa certeza en su cabeza, no sería tan prolífico.

“No es arrogante, solo tiene esa confianza que separa a los jugadores top del resto”.

Mientras Kane persigue títulos y récords, Keane busca simplemente el próximo vestuario al que llamar casa. Terminó la pasada temporada cedido en el Reading y salió del Preston al expirar su contrato.

No suena a despedida. Suena a pausa.

“Ha habido algunas charlas. Estoy seguro de que saben quién soy. Quizá estén buscando objetivos A, B y C, pero cuando empiece la temporada, si un club no arranca bien, entra un poco de pánico y a lo mejor se abren puertas”.

Entre dos camisetas y un mismo orgullo

Keane mira también hacia la selección con una mezcla de orgullo y matiz.

“Es complicado, porque jugué con Inglaterra hasta la sub-21 y luego con la absoluta de la República de Irlanda, así que tengo un pie en cada lado.

“Estoy orgulloso de representar a Irlanda. Mi padre nació allí y se mudó a Inglaterra. Pero yo también he nacido y crecido en Inglaterra y mi familia es inglesa”.

Entre dos países, entre lo que pudo ser y lo que todavía puede ser, Will Keane sigue corriendo. Quizá ya no hacia las semifinales de un Mundial, pero sí hacia algo igual de valioso para un futbolista de 33 años: un último contrato, un último gol, una última oportunidad de demostrar que aquel chico que deslumbraba en 2012 nunca se fue del todo.

Will Keane: De promesa a búsqueda de oportunidades en el fútbol