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Valverde regresa a Vallecas como centrocampista clave

Federico Valverde regresa este sábado a medirse al Rayo Vallecano, el rival que marcó el último capítulo de una etapa incómoda: su ciclo como lateral derecho en el Real Madrid. Aquella noche cerró una crisis que explotó en pleno mandato de Xabi Alonso y que cambió para siempre la trayectoria del uruguayo en el club blanco.

Hoy vuelve como lo que siempre quiso ser: centrocampista. Y como una pieza central en los planes de José Mourinho, tal y como recordó el diario “Marca”.

El origen de la crisis

Todo arrancó con una plaga de lesiones. Sin Dani Carvajal ni Trent Alexander-Arnold, Alonso tiró de Valverde para tapar el agujero en el lateral derecho. No era un parche puntual, fue una solución de urgencia que se alargó demasiado.

Valverde aceptó desde el primer día, pero a contracorriente. Aguantó semanas, meses, hasta que la paciencia se agotó justo antes de un partido de Champions contra el Kairat Almaty. Ahí decidió hablar claro.

En rueda de prensa dejó una frase que retumbó en Valdebebas: «No nací para jugar de lateral y no crecí aprendiendo a jugar en esa posición. Por una emergencia me encontré jugando ahí». Sin rodeos.

La respuesta de Alonso fue inmediata. En el siguiente encuentro, Valverde empezó en el banquillo y Marco Asensio ocupó el lateral. El mensaje era evidente: el debate ya no era solo táctico, también jerárquico.

La noche fría de Kazajistán

A partir de ahí, todo giró alrededor del uruguayo. En Kazajistán, antes de enfrentarse al Kairat, todas las miradas se clavaron en él durante el calentamiento.

Rostro serio, manos a la espalda, sin una sola sonrisa. Y sin minutos. Ni siquiera entró como suplente. Fue el único partido de Champions de toda la temporada en el que no participó.

Un borrón aislado en un curso en el que jugó absolutamente todo lo demás, incluido aquel duelo en el que firmó un hat-trick ante el Manchester City. La paradoja era evidente: un futbolista imprescindible, pero desubicado.

El último día como lateral

El giro llegó en enero, con Álvaro Arbeloa tomando el relevo en el banquillo. Poco a poco, el técnico fue reduciendo la dependencia de Valverde como lateral hasta que, frente al Rayo, se cerró el ciclo.

Ese encuentro quedó registrado como su último partido en el costado derecho. En total, 16 apariciones en una posición que nunca sintió como propia, aunque la asumió por compromiso con la camiseta del Real Madrid.

El desgaste no desapareció de un día para otro. La experiencia dejó huella. Pero también dejó claro algo que Valverde nunca escondió: donde se siente realmente futbolista es en el centro del campo.

Mourinho cambia el guion

Con Mourinho, el paisaje se transformó por completo.

Valverde volvió a su hábitat natural en la medular y se convirtió en uno de los pilares del proyecto del técnico portugués. Ha sido titular en todos los partidos de la temporada, un dato que resume el nivel de confianza que le ha otorgado el entrenador.

No se trató solo de devolverlo a su posición. Mourinho le dio galones. Lo señaló como una de las piedras angulares del nuevo sistema y el uruguayo respondió con una versión mucho más dominante, muy lejos de aquel jugador que corría la banda a disgusto.

También apareció con fuerza en campo rival. Marcó ante el Inter y reforzó su peso en un centro del campo que sostiene buena parte del plan de Mourinho.

Paz con Tchouaméni y un vestuario alineado

Quedaba un último asunto pendiente: su relación con Aurélien Tchouaméni, después del choque que ambos protagonizaron la pasada temporada. Mourinho quiso cerrar el tema de raíz en su última comparecencia ante los medios.

«Ellos son los que hicieron todo, yo no hice nada. Si hubiera llegado al vestuario sin saber nada, habría pensado que eran muy amigos», explicó el portugués.

Y añadió: «Cuando llegué, y Tchouaméni volvió del Mundial, estaba atento para saber si tenía que intervenir y hacer de ministro de paz, pero no hice nada. El mérito es todo de los jugadores».

Valverde llega así a Vallecas reconciliado con su posición, con su compañero de zona y con su propio rol dentro del equipo. Vuelve al escenario donde se cerró una etapa incómoda, pero lo hace convertido en símbolo del nuevo Madrid de Mourinho. La pregunta ya no es si debe jugar de lateral o de centrocampista, sino hasta dónde puede llevar al equipo desde el lugar que siempre sintió como suyo.