tribunadegol full logo

Unai Emery y su obsesión por la Supercopa

Unai Emery domina la Europa League como nadie. Cinco títulos, el último en mayo con Aston Villa, rompieron una sequía de 30 años sin trofeos para el club de Birmingham. Pero hay una copa que se le sigue resistiendo. Una que le escuece de verdad: la Supercopa.

En Salzburgo, en el Red Bull Arena, el técnico vasco afronta su cuarto intento. Esta vez con un Villa transformado, frente al gigante que hoy gobierna Europa: Paris Saint-Germain, vigente bicampeón de la Champions League.

La espina clavada de la Supercopa

El currículum de Emery en esta competición está lleno de cicatrices. Cayó ante Real Madrid, sucumbió frente a Barcelona y perdió por penaltis contra Chelsea con Villarreal en 2021, en Dublín. Derrotas que marcan.

En 2014, el Real de Cristiano Ronaldo le arrebató el título con un doblete del portugués. Un año después, un 5-4 en la prórroga frente a un Barcelona iluminado por Lionel Messi dejó a Sevilla sin premio. En 2016, ya lejos del club hispalense y rumbo a PSG, vio desde la distancia cómo su exequipo volvía a caer ante el conjunto blanco.

La Supercopa se le ha escapado siempre. Y no es un detalle menor para alguien tan obsesivo con el detalle como Emery. Le ocurrió algo parecido con la Premier League: la temporada pasada dejó claro que su objetivo era acabar tercero. Terminó cuarto. Un éxito para casi todos. No para él.

Ahora, con unos 6.000 aficionados de Villa desplazados a Austria y con PSG al otro lado, la oportunidad vuelve a presentarse. Otra final, otra herida que puede cerrar.

“Es una oportunidad. Un trofeo es algo que puede darnos un momento especial. Jugar por trofeos es, como profesional, nuestro objetivo”, subrayó Emery, señalando a su capitán, John McGinn, que días antes le había recordado aquella derrota ante Chelsea.

No rehúye el reto: “PSG es el favorito, pero tengo muchas ganas de ver cómo podemos medirnos a ellos con nuestra capacidad. Como entrenador, como jugador, como club, es un trofeo. Es algo que nos hace sentir orgullosos de cómo somos y de cómo hemos llegado hasta aquí”.

¿Partido de verdad o amistoso de lujo?

La Supercopa siempre arrastra el mismo debate. ¿Es un título real o un amistoso glamuroso con medalla? La comparación con el Community Shield entre Arsenal y Manchester City surge casi sola.

En París, sin embargo, no quieren oír hablar de relajación. Vitinha, cuatro veces campeón de Ligue 1, dejó claro que el hambre sigue intacta, aunque reconoció que “la pretemporada fue un poco corta”. El mensaje es otro: el vestuario quiere más.

“Seguimos hambrientos de victorias, de trofeos. Es muy difícil mantener esos niveles, pero seguimos con hambre”, insistió el centrocampista portugués.

Marquinhos, voz autorizada en el vestuario, fue en la misma línea. Para el capitán, la Supercopa importa porque mantiene viva la inercia ganadora de un equipo que no se conforma.

“Solo porque hayamos ganado cosas en las últimas temporadas no significa que sea fácil. Sabemos que habrá muchos obstáculos”, advirtió el defensa. “Personalmente, quiero más, y cada jugador de la plantilla es así. Todos hemos trabajado para llegar aquí, para estar en las mejores condiciones”.

Hasta en los detalles se percibe el nivel de exigencia. PSG mostró su descontento con el tamaño del vestuario asignado en el Red Bull Arena, y la UEFA tuvo que habilitar uno adicional. Nada se deja al azar.

Recuerdo reciente: el susto de Villa en Europa

El duelo del miércoles tiene memoria propia. Es la reedición de los cuartos de final de la Champions 2024-25, una eliminatoria que cambió la percepción de Aston Villa en el continente.

Entonces, el equipo inglés llegó al partido de vuelta en Birmingham con un 3-1 en contra del Parc des Princes. La noche pintó aún peor cuando PSG se puso 2-0 y abrió un 5-1 en el global. Parecía sentencia.

Pero Villa reaccionó. Rugió. Remontó hasta el 3-2 en el partido, se quedó a un gol de forzar la prórroga y cayó 5-4 en el global. No hubo milagro, pero sí una declaración de intenciones: el equipo de Emery podía mirar a los ojos a los mejores de Europa.

Ese recuerdo sigue vivo en París. Vitinha lo dejó claro: “Fue una prueba muy difícil, sobre todo en la segunda parte. Estaremos preparados, pero somos conscientes de lo difícil que va a ser”.

Un Aston Villa casi irreconocible

Han pasado apenas 484 días desde aquella batalla europea y el once de Villa en Austria tendrá poco que ver con el de entonces. El cambio es profundo.

Morgan Rogers, Lucas Digne y Youri Tielemans ya no están: el club los ha traspasado. Amadou Onana no volverá hasta el próximo año por lesión. Boubacar Kamara sí entra en la convocatoria, pero llega justo, tras una grave lesión de rodilla sufrida en enero.

Y faltan tres pilares absolutos: Emi Martínez, Ezri Konsa y Ollie Watkins no han viajado. Emery les ha concedido un mes de descanso tras disputar el Mundial, una decisión que altera de raíz la estructura del equipo.

El resultado es llamativo: solo cuatro de los titulares que se midieron a PSG hace 18 meses podrían repetir en Salzburgo. Cinco de los suplentes de aquella noche ya ni siquiera forman parte del club. Para un equipo que se ha distinguido por su estabilidad desde la llegada de Emery, el giro es mayúsculo.

McGinn, uno de los supervivientes, lo resume desde la experiencia de ocho años en Villa: “Han cambiado muchas cosas en los ocho años que llevo aquí. Cuando estás fichando al mejor talento joven inglés y los jugadores rinden al máximo nivel, habrá interés”.

El escocés, sin embargo, no ve un club en descomposición, sino un proyecto sólido: “Tenemos una estructura, unos estándares y unas normas que nos han hecho tener éxito. Estoy muy ilusionado con el nuevo Aston Villa”.

Lo esencial, insiste, permanece intacto: “Mantenemos nuestro núcleo principal, el mismo entrenador, los mismos métodos y el mismo deseo de lograr más. Mucha gente pensó que habíamos tocado techo hace un par de temporadas y les demostramos que se equivocaban”.

En Salzburgo, contra el campeón de Europa y con una vieja cuenta pendiente sobre la mesa, Emery tiene otra ocasión para demostrarlo. La Supercopa nunca fue tan personal.