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UEFA mantiene el boicot y rompe la confianza en Infantino

La guerra fría entre UEFA y FIFA ya no es fría. Es abierta, frontal y con fecha marcada en el calendario: 5 de septiembre, cuando Polonia debe albergar la FIFA Women’s Under-20 World Cup. A día de hoy, las 55 asociaciones europeas siguen firmes en el boicot y no tienen intención de dar marcha atrás.

El mensaje de UEFA es claro: la retirada del polémico plan de venta de participaciones minoritarias en los Mundiales y otros torneos no basta. Gianni Infantino rectificó, sí. Abandonó la idea tras una oleada de críticas y obtuvo el respaldo de la cúpula de FIFA en una reunión en Marruecos. Pero para Europa, eso solo era el primer punto de una lista más larga.

Condiciones claras, confianza rota

En su comunicado, UEFA recordó que sus asociaciones habían vinculado su no participación en competiciones FIFA a dos condiciones muy concretas. La primera, ya cumplida: retirar los proyectos para “vender” los grandes torneos. La segunda, mucho más política y de fondo: garantías firmes de que no se volverá a intentar “desfigurar el juego” de esa manera.

Ahí está el choque. “Estas condiciones no se han cumplido”, insiste el organismo europeo. Y, a partir de ahí, todo lo demás se derrumba.

Ni las disculpas de FIFA a su propio consejo y a sus asociaciones miembro, ni la promesa de que “no volverá a ocurrir”, han calmado a Nyon. UEFA percibe un cierre de filas en torno a Infantino que no responde a un consenso real, sino a una estructura de poder.

Lo dejó escrito sin rodeos: el sábado ya había avisado de que había perdido la confianza en la presidencia de Gianni Infantino. “Esa posición se mantiene”, remachó en el comunicado del jueves. Y fue más allá al subrayar que el apoyo mostrado al presidente por “personas empleadas por el Presidente de FIFA (y cuyas carreras dependen de su favor)” no cambia nada.

Es un dardo directo al corazón del sistema de gobierno de FIFA.

Frente jurídico y batalla de relato

El pulso no es solo político. Es también legal. UEFA confirmó que ha enviado a FIFA una “document preservation letter”, un paso formal para asegurar que no se destruye ni borra posible evidencia relevante de cara a acciones legales en curso o futuras. Es una señal inequívoca: Europa se prepara para un conflicto largo, no solo para una maniobra de presión puntual.

Mientras tanto, desde Zúrich se intenta proyectar unidad. Tras la cumbre en Marruecos, FIFA presentó a Infantino como un presidente respaldado plenamente por su liderazgo. Reconocimiento interno, disculpas públicas, promesas de enmienda. Un guion clásico de gestión de crisis.

Pero el relato europeo va por otra vía. Para UEFA, la cuestión ya no es solo un plan fallido de venta de derechos. Es quién debe dirigir el fútbol mundial y con qué filosofía.

El futuro de FIFA, en el centro del debate

Laura McAllister, vicepresidenta de UEFA, lo expresó con crudeza en declaraciones a Deutsche Welle. El próximo presidente de FIFA, dijo, debe ser un “custodio del deporte”, una figura capaz de unir al fútbol mundial, no solo a Europa. La palabra “custodio” no es casual. Evoca protección, legado, responsabilidad más allá del negocio.

McAllister apuntó al ruido político que rodea todo este proceso y a la urgencia de encontrar un perfil que pueda reconciliar sensibilidades en todos los continentes. No se trata solo de reemplazar a un dirigente, sino de redefinir el papel de la institución que gobierna el juego.

Un primer examen en septiembre

El primer test real de este boicot llegará pronto. El 5 de septiembre, Polonia debe acoger la FIFA Women’s Under-20 World Cup. Sobre el papel, es un torneo de desarrollo, lejos de los focos del Mundial absoluto. En la práctica, puede convertirse en el escenario donde el conflicto entre UEFA y FIFA pase de los comunicados a las alineaciones… o a las ausencias.

Si Europa mantiene su postura, el torneo se verá directamente afectado y el mensaje será demoledor: sin un cambio profundo en la forma de gobernar el fútbol mundial, ni siquiera las categorías formativas estarán al margen de la batalla.

En un deporte acostumbrado a resolver sus tensiones en los despachos antes de que estallen en los estadios, la pregunta es inevitable: ¿cuánto tiempo puede resistir el fútbol global con sus dos grandes polos de poder tirando en direcciones opuestas?